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Gallardo, un riesgo social

Óscar G. Chávez

¡ Vas, tú eres el bueno! Le comunicó la voz del otro lado del auricular. Se encontraba en el hotel Aristos de la Ciudad de México; la noticia disolvió la ligera tensión generada esa mañana durante la entrevista con el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles. Vamos a ver, vamos a ver licenciado, hay que platicarlo con el presidente, había señalado el funcionario en un tono que no admitió réplica.

La llamada constituía en cierta forma un anticipo al breve corolario en la carrera del abogado potosino; luego de haber declinado a una senaduría ofrecida por el gobernador de su estado, ocupaba la secretaría de gobierno del siguiente mandatario local. Eran los años del viejo PRI, la común nominación por dedazo favoreció en esa ocasión a Juan Antonio Ledesma Zavala, quien sería el siguiente alcalde de su ciudad.

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La aparente apertura democrática en la selección interna de los partidos durante la selección de algún aspirante a un cargo de elección popular, ha derivado en más de una vez en confrontaciones internas y públicas entre los candidatos electos y sus correligionarios no favorecidos.

En el caso concreto de San Luis Potosí, estado y capital, el actual proceso electoral puso en evidencia una serie de fracturas internas en diversos partidos políticos durante los procesos internos en los que se postularía al contendiente para la gubernatura. En las dos fuerzas políticas más importantes del estado, Acción Nacional y el Revolucionario Institucional, se hicieron públicas y notorias las divergencias entre los no favorecidos con la nominación y los triunfadores.

Así, mientras el senador Octavio Pedroza Gaitán y Alejandro Zapata Perogordo impugnaban la selección de –la senadora con licencia– Sonia Mendoza, para contender por la gubernatura; en el Revolucionario Institucional, el diputado local con licencia y operador político de Fernando Toranzo en el Congreso, Fernando Pérez Espinosa, protagonizó una patética tragicomedia al romper con su partido político y aceptar la nominación para representar al de la Revolución Democrática en el mencionado proceso.

Es indiscutible que la tradicional disciplina asumida por los militantes del PRI en este tipo de ocasiones, fue superada por la megalomanía y ambición de Pérez Espinosa, quien seguro estaba de ser seleccionado por su partido; máxime si se considera que la mayoría de las propuestas presentadas por interés del ejecutivo, habían sido votadas de manera favorable, luego de los oscuros amarres logrados por el empresario y legislador.

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En el caso de la alcaldía capitalina los resultados de los procesos de selección fueron muy distintos; los candidatos del PAN y el PRI fueron electos en procesos de armonía que no generaron mayores confrontaciones con los no favorecidos. En el caso del PRD, sin embargo, se dio la selección más que obvia del personaje que previsiblemente sería el nominado natural para contender por el cargo, Ricardo Gallardo Juárez.

Gallardo, ex alcalde del municipio conurbado de Soledad de Graciano Sánchez, logró establecer en su entorno, una compleja red de operadores políticos que paulatinamente posibilitaron su apoderamiento del partido amarillo. Las estrategias ideadas por Gallardo, permitieron que su hijo del mismo nombre le sucediera en el cargo municipal; incluso, en algún momento se dejó ver la posibilidad que la esposa de aquel y madre de éste, fuera la elegida para sucederlos en la alcaldía soledense. Rumor que no pasó a mayores.

Las redes de poder sobre las que descansaba el poder de los Gallardo, de corte caciquil y fascistoide, se especula generaron una serie de vínculos no comprobados con organizaciones de tipo criminal, y la posterior encarcelación del joven alcalde.

De manera paralela el Gallardo, padre, había asumido el empoderamiento en el partido, logrando perfeccionar e incorporar dentro de las cúpulas partidistas a sus principales allegados. La situación legal del hijo, constituyó, cara a algunos sectores sociales, un aliciente para continuar incrementando su carrera política. Hoy se observa que la mayoría de los candidatos que aparecen en las planillas del PRD, son personajes vinculados familiar o políticamente con el clan Gallardo.

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En algunas columnas anteriores me atreví a señalar la necesidad de detener el avance de este grupo familiar, estableciendo cierta similitud con Abarca, el ex alcalde perredista de Iguala quien al margen de haberse constituido en verdugo de los jóvenes estudiantes de la normal de Ayotzinapa, resultó poseedor de una inmensa fortuna de muy cuestionable origen.

En el caso concreto de los Gallardo, las últimas semanas han aparecido en periódicos de circulación nacional, algunos artículos firmados por el periodista Ciro Gómez Leyva, en los que se ocupa de hacer públicas las irregularidades ocurridas en torno a los Gallardo. La fuente de Gómez Leyva, igual de cuestionable en lo referente a calidad moral, es el contendiente panista a la alcaldía del municipo de Soledad, de quien recientemente fueron exhibidas las vomitivas conversaciones telefónicas sostenidas con el ex director de la policía estatal de San Luis Potosí, y que se encontraban cercanas a actos de terrorismo electoral.

Sin discutir la referida calidad del informante de Gómez Leyva, es evidente que la información periodística vertida y que cada vez cobra mayor impulso en contra de Gallardo, deriva de su muy posible triunfo electoral y encumbramiento en la alcaldía capitalina.

En el mismo ámbito, es evidente la preocupación manifiesta que ocupa a sus dos principales rivales, entre los que el candidato de Acción Nacional ha destacado por la virulencia de sus señalamientos en contra de Gallardo.

De ocurrir esta situación, es muy probable que de manera paulatina pero no superior a tres años, se diera un desfase de las ancestrales fuerzas políticas que controlan la capital y que se encuentran vinculadas a los principales intereses económicos de ella.

Sin embargo, es más que evidentes que también constituiría un peligro general para la sociedad potosina, en la medida que los oscuros vínculos políticos de Gallardo, comenzarían a sentar sus reales en la capital y posiblemente establecerían vínculos clientelares con los capitales económicos referidos.

El triunfo del PRD en el entorno potosino, no resultaría del todo negativo ni preocupante ya que haría evidente la inconformidad social frente a los caducos y corruptos grupos partidistas que se han repartido la capital; no obstante en materia de salud social sí podría representar un daño terrible para el tradicional y conservador habitante de la capital.

No es en todo caso una situación que ataña al ámbito político en totalidad, es una señal de alarma que hace evidente la forma en que capitales económicos de cuestionable origen se apropian de partidos políticos que, como el PRD, no tienen mayor recato en ejercer la prostitución electoral.