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Gobierno, incapaz de acertar en algo

Ignacio Betancourt

D esde semanas antes del 26 de septiembre, día en que se cumplirá un año de la desaparición forzada de los mundialmente conocidos 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa sin que se haya detenido a los autores intelectuales (el Estado) de tan artero crimen, el gobierno de Peña Nieto inició una ofensiva mediática encaminada a que en la reunión de ayer (debió haberse efectuado el 24) con los padres de los normalistas desaparecidos aparezca el llamado presidente de la República como preocupado (después de un año) por la desmesurada agresión. En realidad será un inútil intento más por convencer a la población de que les preocupa castigar a los culpables (ellos mismos).

Señales inequívocas de que la criminalización de los justos reclamos es una estrategia implementada como política pública resulta la manifiesta pulsión autoritaria en todos los niveles gubernamentales, la cual “termina por inhibir, regular y criminalizar”. Es evidente que en los recientes meses se han venido presentando y aprobando iniciativas legislativas federales, estatales y municipales que coartan el derecho a la libertad de expresión, a la protesta social y especialmente para criminalizar los reclamos más elementales; imaginan los oficiales agresores que legalizando la represión podrán impedir las crecientes denuncias de grandes núcleos ciudadanos, cada vez más empujados a la autodefensa y a la indignación.

La expedición de leyes atentatorias de los derechos humanos de la mayoría de la población se incrementa y agrava la vulnerabilidad social, jurisprudencias como la llamada Ley Antilavado que según sus promotores buscaba prevenir el lavado de dinero en la compra de arte, juegos y apuestas, compraventa de inmuebles y vehículos, según expertos en el tema, contrario a lo que buscaba prevenir, sólo ha servido para fomentar las operaciones clandestinas en esos sectores, es decir, de manera reiterada resulta peor el remedio que la enfermedad; o pensemos en los millones de pantallas de plasma para sustituir millones de televisores analógicos que ahora no saben en dónde tirar, o en las llamadas reformas educativas que sin resolver los problemas de la educación sólo generan un cada vez mayor repudio magisterial. Incapaz de acertar en algo, el actual gobierno se va quedando únicamente con la represión, por tal razón urge la reconstrucción ciudadana del tejido social y para ello, como un primer paso, es indispensable que todo mundo salga a las calles, a los parques, a los jardines, a las plazas, a jugar, a pasear, a conversar, a protestar, a caminar, a comerse un elote, a comprar el periódico, a mirar a los grupos artísticos, a apropiarse de todo espacio público suceptible de ser ocupado por la delincuencia (la organizada y la gubernamental). Encerrarse en casa además de resultar inútil como protección, no contribuye a la fortaleza popular en los espacios públicos que deben ser recuperados de inmediato por los habitantes de cada población.

El documento presentado en días anteriores (en el DF) por el Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social, instancia integrada por más de una docena de organizaciones civiles, denuncia que de 2014 a la fecha han registrado 17 actos de represión o criminalización en Puebla, Quintana Roo, Guerrero, Oaxaca, DF, Hidalgo, Chihuahua y Baja California. Resulta obvio que la solución a los graves problemas del país no es la represión (ni la legalizada) pues ésta únicamente los agrava y los multiplica. La ilusión gubernamental-empresarial de que el autoritarismo es la solución a la rapiña y a todo género de impunes agresiones cada día pierde eficacia ¿Cuándo podrán entenderlo quienes se han apropiado del país?

Mientras la deuda neta total del sector público se ha elevado 33 por ciento en lo que va del sexenio peñanietista, en la Suave patria, vendedora de chía (López Velarde dixit) se desangran (literal y simbólicamente) miles de ciudadanos injustamente presos o de plano asesinados o desaparecidos, además entre 2006 y 2013 al menos 700 mil personas han tenido que desplazarse debido a la inseguridad (esa que el Estado está obligado a atenuar). El desplazamiento interno forzado ha ido creciendo, sobre todo de 2010 a 2012, periodo en que según el Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) éste se disparó “por diversas razones ligadas a las actividades del crimen organizado”.

Cuando el capo Manlio Fabio Beltrones grotescamente llama a los priístas a “ser autocríticos”, si alguien pudiera creer en lo que dice tal especimen en realidad debería entender que está convocando al suicidio colectivo de sus copartidarios. Dime de qué alardeas para saber de qué careces, piensa el espejo frente al rostro del voluntarismo. La autocrítica sólo brota en la honestidad, pero esa es virtud inaccesible al priísmo empoderado gracias a la represión ¿Cómo creerle al ladrón que grita agarren al ladrón? El problema es que ya nadie le cree nada a los funcionarios (ni ellos a sí mismos); las maneras de construir credibilidad pasan por el cambio de gobierno.

Del libro Crónicas de Agua Señora: la intimidad de un despojo (270 páginas), publicado por Editorial Trébol, Frente Huachichil y Colectivo “Es hora de hacernos Agua”, escrito por seis habitantes de la comunidad de Agua Señora, población arrasada por una enorme carretera construida de la manera más autoritaria sobre la población hace algunos meses. Un ejemplo brutal de eso llamado acumulación por desposesión, proyectos de la modernidad que ya han expulsado de sus tierras “a más tres millones de los más pobres del mundo”, va el fragmento de uno de los textos escrito por Ramona Pérez García, una de las participantes en el libro: Escribo estas palabras de lo que está pasando en mi comunidad, están haciendo una carretera de cuotas llamada Libramiento Poniente. Para esta carretera cortaron árboles de pirul y nopal y maguey y mezquite y planta de taponas, y en la tierra ahí los enterraron. También les digo que los de la carretera traen unos carros mineros que acarrean piedras y las vaciaron en el río en donde van a hacer un puente grande y aunque ahí está pasando el agua no les importaba nada, ahí había pescaditos, había ranitas y sapitos, y sin ninguna consideración de ellos murieron.

Hoy en nuestra comunidad hay mucho ruido de carros y de las máquinas con que agujeran nuestra tierra de nuestra comunidad. Nos quitaron nuestra comunidad. La máquina que trajeron para trabajar en nuestra comunidad es muy grande, cuando está trabajando se escucha como rompe la piedra que está en el fondo del río y se escucha el rechinido muy fuerte.