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Gobierno y policía, sin confianza alguna

Carlos López Torres

A unque el candidato de la triple alianza Juan Manuel Carreras intente minimizar la desaparición del activista de PAN en el municipio de Matlapa, declarando que no percibe un clima enrarecido en el proceso comicial, pareciera que el Departamento de Estado del imperio vecino tiene más claridad sobre la peligrosidad que representan los crímenes en aumento, y sobre todo, por la desconfianza hacia la policía en nuestro estado, según la advertencia hecha a los ciudadanos de su país que viajan o piensan hacerlo por el territorio de las tunas y el horror carretero.

Y cómo no va a crecer la desconfianza en los policías, cuando 11 de 38 mandos de las corporaciones estatales y municipales no aprobaron los exámenes de control y confianza, aplicados por la Procuraduría General de la República y la Policía Federal, respectivamente, aunque eso sí, se mantienen en sus respectivos cargos.

Cómo negar la presencia en aumento de la delincuencia organizada, cuando casi no hay día en que no se encuentren osamentas o ejecutados por los cuatro puntos cardinales del estado, desde Cedral hasta Tamuín pasando por la zona Media, donde al decir de los propios policías existe un “corredor rojo” integrado por los municipios de Ciudad del Maíz, Alaquines y Cárdenas, aunque, como dice el dicho, también en Rioverde y Ciudad Fernández hace aire.

Como si lo anterior no fuera suficiente para convencernos que vivimos en medio de un clima social enrarecido, con un evidente impacto electoral, el jefe policiaco José Luis Urban Ocampo, el mismo que hace días dio mucho qué decir a propósito de la casona de 2 millones que adquirió, acabó por hacer escaso el ambiente electoral al convertirse en consejero del panismo, al que encuerdó con la sugerencia hecha al candidato azulino a la presidencia municipal de Soledad, para que arremetiera contra el posicionado neoperredismo que gobierna esa demarcación, acusándolos de amenazas y hostigamiento de parte de las autoridades municipales.

A lo anterior, y esto es acaso lo más grave, Urban Ocampo prácticamente ordena al candidato panista Juan Carlos Velázquez Pérez, en un segundo audio dado a conocer por Pulso, que denuncien aparte que tienen cuatro bandidos que levantaron a un pobre muchacho y lo mataron. A lo que Juan Carlos Velazquez contesta afirmando así es.

Continuando con el audio, el jefe policiaco y de campaña sin nombramiento de los azulinos, agrega: que se los entregan al crimen organizado. Y yo no lo digo. Ahí está, agrega Urban, para enseguida afirmar: lo que están haciendo los policías levantan a inocentes y se los entregan a un cártel.

Grave, muy grave, resulta que un funcionario a quien se le ha confiado el mando policiaco más alto en la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, tenga conocimiento de los manejos de los policías de Soledad y no los denuncie a la autoridad competente, sino los use de manera política precisamente en momentos electorales. ¿Qué harán los omisos gobernantes que pretenden mantenerse en el gobierno, frente a tales actitudes?

El caso debe ser investigado a fondo, no bastaría con despachar a Urban a descansar a la mansión que adquirió, aunque alegue que anda “bien ahorcado”. ¿Hasta dónde está metido el crimen organizado en San Luis Potosí? Esa es la pregunta que la clase política potosina debía responder.