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Un grito vestido de negro en las calles de San Luis

Moramay Micalco

Un grito se ha alzado en el orbe, resuena en las calles, es un grito hecho cuerpo vestido de negro con veladoras en las manos de miles de mujeres en el mundo caminando en muchas ciudades, San Luis y muchas otras (Buenos Aires, México, Lima, Austin, Madrid, Barcelona, Puebla, etcétera). Mujeres sororarias unidas en una sola voz. La sororidad alude al pacto entre mujeres, es un espacio simbólico que nos lleva a la acción, espacio construido para tendernos la mano en la cercanía y en la distancia en los momentos difíciles. Si tocan a una respondemos todas. Caminando recordamos a las que ya no están, porque fueron asesinadas o desaparecidas, a las que nos hacen falta a nuestro lado. Recordamos a las que pueden seguir faltando si no es atendida nuestra voz pidiendo seriedad en las investigaciones de parte de quienes tienen la responsabilidad de indagar lo que ha pasado con cada mujer que desapareció en una avenida o en un camino vecinal o en un autobús urbano, como ocurrió con la maestra Cinthia Paola Castro Rodríguez y Zoé Zuleica. Las mujeres no desaparecemos, nos desaparecen.

Encontrar a quienes llevan a cabo tales atropellos es urgente. Las heridas han quedado grabadas en los corazones y las mentes de quienes seguimos vivas. Vivas nos queremos, no es sólo una consigna, es el reclamo que desde dentro sale al pensar en cada una de las mujeres que habitamos este planeta. Vivas nos queremos es el espacio sororario que hemos construido para decir nuestra palabra desde nuestros cuerpos. Negros vestidos nos cubren como símbolo del luto que nos viste por dentro, no para apagarnos, sí para movilizarnos juntas, en un grito callado llevando la luz que en nuestras manos brota cuando decimos que no queremos otra mujer más desaparecida. Nos queremos vivas realizando nuestros compromisos cotidianos.

No somos un problema familiar como pretenden hacerlo ver las autoridades encargadas de llevar a cabo investigaciones, las mujeres asesinadas y desaparecidas en el estado evidencian un problema social. Exigimos investigaciones serias que den respuesta a la desaparición de niñas y jóvenes mujeres. Se requieren respuestas contundentes en cada caso y castigo a los ejecutores de las desapariciones y feminicidios. El problema es social, no familiar. Sin el advenimiento de la justicia, la violencia se multiplica al quedar impunes los asesinos, violadores, acosadores, secuestradores y vejadores de tantas mujeres. Somos un grito callado vestido de negro,  con nuestro cuerpo exigimos un alto a la desaparición, violación y muerte de nosotras las mujeres. Las autoridades son responsables de dar respuesta a este grito, ni una más, ni una menos caminando por las calles cumpliendo nuestros compromisos cotidianos con libertad. Ni una menos desaparecida o asesinada en este estado. Hace falta que el señor gobernador del estado de San Luis Potosí haga un llamado para poner alto a las desapariciones en nuestro estado, que recoja nuestra voz y la haga suya, como cientos de padres de familia que se han manifestado en las últimas semanas, que tome cartas en el asunto en el territorio que le compete.

Los rasgos de patriarcado vigentes en las instituciones y sociedad, indican que hay un problema de fondo sin resolver. En las aulas de la capital potosina también se manifiestan situaciones de violencia. Las aulas se han convertido en un reflejo más de la violencia que ocurre afuera de la escuela. Niños y niñas se atropellan unos a otras violentando sus cuerpos. ¿Acaso el recién creado Instituto de Capacitación de Docentes en el estado el pasado martes está contemplando atender este grave problema? O ¿será un espacio más para atender a los requerimientos internacionales que sólo se centran en el conocimiento disciplinar y no en las personas que aprenden un conocimiento disciplinar en un contexto y una cultura determinada? La violencia que hoy denunciamos en las calles con nuestros gritos callados vestidos de negro y con nuestras veladoras llenas de luz, son también una exigencia a la atención de la violencia desde sus orígenes.

La actual administración está distraída en cumplir con estándares internacionales, mirando la educación de México con ojos extranjeros. Los lentes que tendría que usar son los de género, para identificar y atender con toda la importancia que merecen los casos de violencia suscitados en las aulas entre niñas y niños. Se están multiplicando. La educación es una acción integral que requiere el apoyo de todos los actores involucrados. Estamos delante de un círculo vicioso, la violencia en las calles es reflejada en las aulas, la falta de atención seria de la violencia en las aulas genera violencia en las calles entre otros factores. ¿Hasta cuándo romperemos este círculo vicioso? ¿Hasta cuándo las autoridades educativas dejarán de estar distraídas por cumplir con estándares internacionales y atenderán los problemas concretos de nuestro país?

La impartición de justicia con investigaciones serias y comprometidas en los casos de las mujeres que están desaparecidas contribuiría a disminuir la violencia social que se reproduce en las aulas. Exigimos un fuerte pronunciamiento de parte de las autoridades de la mano de investigaciones serias sobre cada uno de los casos denunciados. Nuestros cuerpos vestidos de negro son un grito callado que se escucha en todo el orbe. ¡Ni una menos! Vivas nos queremos todas las mujeres en una sociedad libre de violencia contra nosotras.