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Guiño de Grupo Monterrey a AMLO

  • Salazar Lomelín al CCE
  • PRI busca dirigente nacional
  • ¿Alito u Osorio Chong?

Julio Hernández López

Sonrisas, abrazos, aplausos y promesas. El presidente Andrés Manuel López Obrador tomó protesta a Carlos Salazar Lomelín como nuevo dirigente del Consejo Coordinador Empresarial que, con esta carta regiomontana, aspira a mejorar sus relaciones con Palacio Nacional.

Dos veces dijo cerrar trato el tabasqueño con el nuevo representante de los grandes capitales nacionales. En cuanto a más inversión y combate a la pobreza, en dos ocasiones habló de “trato hecho”. En la apariencia, en lo inmediato, un intento de reposición de la luna de miel que Alfonso Romo, jefe de la oficina de la Presidencia de la República y ahora concertador de inversiones, creyó irrompible hasta que llegó la crisis de la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto internacional.

Salazar Lomelín es una pieza del Grupo Monterrey, también llamado Grupo de los Diez. Específicamente, de Fomento Económico Mexicano, FEMSA, cuyo presidente del consejo de administración es José Antonio Fernández Carbajal. En ese consorcio, Salazar fue  director general de la Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma y de la División Coca-Cola Femsa.

Con este movimiento, el sector empresarial busca prolongar una tregua de conveniencia con el presidente de la República. El nuevo “líder” se comprometió a ayudar al gobierno federal en la lucha contra la corrupción y la pobreza: “»En la difícil tarea de transformar al País, usted y sus colaboradores no están solos, estamos los empresarios como mexicanos. Me interesa decir que en esta misión no buscamos ningún privilegio, queremos acompañarlo y estamos preparados y capacitados para ayudar».

Desproveído de sus atractivos históricos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) considera realizar en agosto próximo una desangelada elección de su nuevo dirigente nacional. Claudia Ruiz Massieu Salinas de Gortari, quien semanas atrás paseó por Madrid con su polémico tío que fue presidente de la República, al fin dejará un cargo que nunca pudo ejercer a plenitud y se concentrará en sus tareas como senadora.

Durante décadas, el proceso para designar a un nuevo encargado de la conducción del partido de tres colores concentró reflectores mediáticos y generó peleas intestinas que finalmente se posponían cuando el único dedo elector, con sede en Los Pinos, se posaba sobre el aspirante seleccionado. Llamado el “partidazo” y concebido como “aplanadora” electoral, el Revolucionario Institucional ejercía un alto presupuesto recibido por vías legales pero también mediante flujos oscuros, generalmente relacionados con las tesorerías gubernamentales. Además, el grupo que recibía la administración electoral  del PRI-Gobierno podía influir, sin excesos, en la postulación de candidatos a todos los puestos de elección popular.

Ahora, el PRI está en la lona. Pero no sólo ha sido derrotado sino que lo ha sido de manera casi grotesca. Tenía con Enrique Peña Nieto la presidencia de la República, luego de doce años de desierto a causa de la llegada de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón a Los Pinos, y perdió hasta la camisa (aunque Peña Nieto y su pandilla se llevaron los ajuares completos), siendo superado como principal fuerza opositora por Acción Nacional y llegando a niveles tan bajos de votación en las cámaras legislativas federales que quedó en las tallas mínimas denominadas “la chiquillada”.

Para suplir a Ruiz Massieu se han mencionado extraoficialmente seis aspirantes, los cuales pueden ser ubicados en tres grupos: el primero lo forman tres exgobernadores que se colocan en la mesa de juego a sabiendas de que no ganarán, pero deseosos de alcanzar algún premio de consolación: la yucateca Ivonne Ortega (especializada en estos regateos), el oaxaqueño Ulises Ruiz Ortiz (siempre recordado por la sangrienta represión al movimiento social encabezado por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) y el duranguense Ismael Hernández Deras (de historias sombrías, como casi de manera natural lo han sido los mandatarios de aquella densa entidad norteña); en un extraño apartado aspiracional está el exsecretario de salud y exrector de la UNAM, José Narro, quien de alguna manera intenta dar continuidad a su reciente carrera como priista) y, en un tercer grupo, los aspirantes reales: el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, llamado Alito, asociado al grupo de los Murat y acusado de pactos con dirigentes de Morena o de la 4T para hacerse del timón tricolor y propiciar más alianzas con el nuevo partido en el poder, y el ahora senador y antes secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien acaba de mostrar, en el proceso de negociaciones de la Guardia Nacional en el Senado, una menor disposición que Alito para alinearse a los planes y deseos de Palacio Nacional.

La elección será organizada por el Instituto Nacional Electoral, pero la clave estará en el método a aplicar: puede ser en una elección directa (lo cual exhibiría la anemia de su padrón real de militantes) o a través de métodos indirectos (por delegados, por miembros del Consejo Nacional o por representantes distritales) que son susceptibles de control desde las élites directivas.

En apariencia, el pastel político de tres colores parece pequeño y sin mayor atractivo. Pero su fuerza y ganancia puede consistir en convertirse en un partido que desde su minoría aplastante pueda fungir a lo largo del sexenio obradorista como aliado estratégico en momentos críticos para Morena y, en general, en una especie de fiel acompañante en las accidentadas rutas del poder, para que la “izquierda” no necesite negociar con la “malvada” derecha representada por Acción Nacional.

Astillas: Clara Torres, quien fue directora de estancias infantiles (en una situación administrativa irregular, pues ejercía el cargo pero no tenía nombramiento formal), ha señalado que la corrupción estaba en funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol, ahora secretaría del Bienestar, SeBien) y no en el ámbito directivo de dichas estancias… ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.