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Hacer lo que nos toca

Ignacio Betancourt

“Todos debemos hacer lo que nos toca”, dice la propaganda de los más abusivos, pero tal enunciado no significa lo mismo cuando lo dice uno que cuando lo dice otro. Para los ojetes “hacer lo que nos toca” significa abusar del prójimo, aplastarlo “legalmente” cada vez que pueden echar a funcionar su aparato de destrucción ciudadana; para las víctimas corresponde la insubordinación (cada hombre y cada mujer son mucho más de lo que imaginan los gandallas institucionalizados). Todos debemos hacer lo que nos toca, por ejemplo no votar por el PRI o el PAN (ni por sus paleros). De eso se trata: ningún voto para quienes prefieren la continuidad de un par de partidos que han tenido a la población hundida en la más deplorable de las realidades (mientras ellos se llenan los bolsillos con sus raterías). Todos debemos hacer lo que nos toca, sí, por ejemplo defender cualquiera de nuestros derechos como ciudadanos: desde la propia seguridad, la que el estado tiene la obligación de propiciar (pues para eso se le paga), hasta el respeto al voto o a la más amplia libertad de expresión.

“Todos debemos hacer lo  que nos toca” pero falta decir a favor de qué o de quién, nunca a favor de los que nos tienen en la peor de las realidades. ¿Cómo votar a favor de quienes nos aplastan con la más inhumana de las intenciones? ¿Cómo apoyar a quienes nos tienen padeciendo todo lo que nos hunde en la peor de las depredaciones? ¿Seremos tan autodestructivos votando por quienes nos engañan y perjudican tan explícitamente?

Cuando el poder gubernamental y sus beneficiarios se empeña en destruir cualquier esperanza ciudadana y aniquilar todo esfuerzo por protegernos de los abusos legalizados por la peor de las impunidades, cuando el autoritarismo ha rebasado la capacidad de habitar con un mínimo de dignidad para millones de hombres y mujeres de todas las edades y condiciones sociales, es la hora de todo tipo de insurrecciones, desde lo invisible hasta lo espectacular, desde lo más discreto hasta lo más abierto, no debemos olvidar que se nace para disfrutar (o por lo menos debíamos intentarlo) no para padecer (aunque algunos cobardes así lo piensen). Se es ciudadano para buscar la plenitud de toda potencialidad, nunca para habitar como esbirros.

No importa estar a favor de algún partido, importa negarse a la continuidad de los peores, resulta una obligación ciudadana y moral en lo genérico, se trata de impedir la continuidad de quienes guardan las espaldas de los depredadores de la mayoría de los mexicanos. No se aspira a mucho, simplemente se trata de neutralizar a los cómplices de quienes desean permanecer medrando indefinidamente. No se espera demasiado, se trata simplemente de avanzar en lo posible (que es muchísimo). Tal vez en algún próximo tiempo pueda el ciudadano cambiar más cosas de las que hoy está cambiando sin recurrir a la violencia (pese a que lo más violento sea el autoritarismo y su consecuente impunidad). En verdad, basta de soportar tanta opresión ¿o no resulta indispensable algo de valentía? No es ficción: los muertos resucitan y mucho más las ideas. Somos algo más de lo que imaginamos. Diría la fallecida premio novel polaca Wislawa Szymborska: “Debo mucho/ a quienes no amo”.