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Hay cólera

Luis Ricardo Guerrero Romero

H ay cólera como hay muchas otras emociones, y muchas otras enfermedades, sin embargo esta palabra enferma que por décadas tuvo alarmada a muchas poblaciones, también es la descripción de un temperamento humano. Si hablamos de la idea la cólera como una emoción, primero habremos de notar que es casi un arcaísmo junto con la furia, ira y furor, que han dejado de habitar en el aliento del hombre, es decir, no se usan, nos limitamos a emplear palabras como molesto, enojado, disgustado y en ocasiones enfadado para describir o calificar la emoción que tantas veces devotamente el gobierno nos hace pasar cuando nuestros coches caen por un sinnúmero de baches en cualquiera de las calles de nuestra vergonzosa ciudad, pero entonces, esa y otras situaciones ¿nos molestan o nos encolerizan? Cada quien lo sabrá según su temperamento.

La cólera como emoción y/o temperamento fue descrita por Hipócrates antes que nadie, quien a la vez señaló otros tres temperamentos del hombre: el sanguíneo, el flemático y el melancólico que tienen su origen en el mismo ser humano. Por ahora que nos baste saber sobre la palabra que nos ocupa, cólera, la cual al ser descrita por el heleno Hipócrates es de obviarse su origen χολος (colos), bilis, hiel; rencor que invade. Hipócrates como ya se señaló realizó una descripción de cada temperamento adjudicando al colérico el ser autoritario, definido, con una vida intensa y un líder arbitrario, pero también actuar con crueldad sin miramientos a las lágrimas. Por esa razón es que este temperamento no es utilizado con frecuencia para calificar algún estado de ánimo, pues antes de ser tal, el estado colérico es parte de la personalidad de algunos ejemplares humanos, que no es lo mismo que humanos ejemplares. Lo anterior no quiere decir que quienes sean coléricos estén determinados a actuar siempre de tal forma, pues el ejercicio de la modulación del temperamento es indudablemente un quehacer humano.

Asimismo, el quehacer humano se da a la tarea de emplear métodos lingüísticos para entender la conformación de nuestra lengua, por eso a partir de la palabra griega ya citada y luego de la mezcla con el latín se suscitó entre nuestras voces romances la palabra: khole> kolerae> cólera. La cual se concluyó sumando el sufijo: era, lugar de, en el lugar de, o sea, lo que está en el lugar de la bilis o la hiel.

Sobran los ejemplos en los cuales es posible ilustrar que a consecuencia de un mal rato con alguien o por algo, la irá causó una visita con el gastroenterólogo. Estar encolerizado es peligroso para nuestra salud, y estar colerizado es fatal, pues esto indicará que hemos sido infectados no por la cólera,  sino del cólera, que según la OMS (Organización Mundial de la Salud) “el cólera es una enfermedad diarreica aguda que, si no se trata, puede causar la muerte en cuestión de horas”. Como era de esperar el bacilo que genera tal infección hace gala de su nombre: Vibrio cholerae. Aunque la semejanza de la cólera y el cólera tienen su origen en distintas situaciones, de manera extensiva podemos decir que ambas son producto del descuido del hombre, la primera por no controlar el temperamento y la segunda por no controlar la higiene en la alimentación.

La cólera induce a la venganza, la cual no puede ser tan dulce porque estresaría más el sistema gástrico.