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Hazle como quieras

Luis Ricardo Guerrero Romero

Casi estábamos por llegar a su casa y ella nos solicitó hacer una parada en la tienda de conveniencia, dijo: –por favor, quiero que te detengas, necesito comprar un café–. Al regresar a la camioneta, nos encontró divagando sobre el tema de esos productos poco entendibles a primera impresión, o sea que, hablamos sobre: café descafeinado, huevo light, leche deslactosada, shampoo de aguacate (y de más alimentos), también hablamos del antiquísimo queso de puerco –que no es lácteo sino producto de la cabeza del cerdo–, y desde luego discutimos a salud de la cerveza sin alcohol. Como parecía un tema interminable después de haber bebido tanto, ella nos invitó a entrar a su casa para seguir la conversación poco usual en un estado de sobriedad, y era de esperarse que nos mostrara sus fotografías, o amenizara la velada con un poco de música, sin embargo, nada de eso sucedió, sólo se sentó a escucharnos hablar de esas tonterías y otras más que poco a poco se nos iban ocurriendo, éramos, cómo explicar, un par de amigos experimentando stand-up, para una mujer 15 años mayor, la cual no necesitaba nada más que su sonrisa y figura para tenernos juntos, no buscábamos dinero, ni beneficios políticos, pues era camarera de un hotel y anarquista, no sé, nos sentíamos bien estando junto a ella, ninguno de los dos pensaba en sexo o placeres eróticos (cada quien tenía su pareja para eso), sólo sabíamos que algún sentimiento raro se despertaba en nuestro interior y que éste daría paso a otras acciones propias de la edad, pero nos quedaba la duda, si ella a sus 31 años pretendía querernos.

Querer, es evidentemente un tema trillado, pero no está agotado, y menos está dicho todo cuando recapitulamos sobre los verbos en español y caemos en cuenta que, querer no siempre ha sido un verbo. Comencemos por exponer algunos ejemplos tan comunes, como raros, sin que esto sea una divagación de productos poco entendibles a primera impresión. Por ejemplo, la oración: quiere llover, no es ciertamente que la condensación se ponga sentimental y nos precipite con su amor; quiero comer, es una forma de desear algo, y casi puede asemejarse a la idea de sentimiento, pero la expresión, te quiero matar, quiebra a simple vista con la idea de que el querer es naturalmente sano; y lo mismo sucede con: te quiero fuera de mi vida. No obstante, a expresiones donde es funcional la conjugación del querer, cae en ambigüedades al ser revisada bajo diferentes circunstancias, lo que queremos decir (o sea que), con estos ejemplos es solamente que, el querer no es originalmente un sentimiento, sino un adverbio, y ya sabemos que estos –los adverbios–, expresan circunstancias, de modo, lugar, tiempo, cantidad, afirmación, duda; dando respuesta a preguntas como ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿de qué manera?, entre otras. Al decir: quiere llover, se expone una duda o bien una afirmación, y al expresar: yo te quiero, se distingue un cómo, un para qué, un cuándo y por qué no, un dónde te quiero. Tal adverbio originalmente latino: qua: por cuánto, por qué modo; se une a otro más: quamlibet: todo lo que se quiera, cuanto se quiera. La forma latina más cercana de querer es quaerere, pero esta palabra es fruto de un proceso hispanoparlante, una evolución morfo-fonológica y responde a ideas semánticas, tanto como culturales. En otros lugares también hispanohablantes o de la familia romance, se usa estimar, amar, apreciar, en lugar del querer. Sin embargo, el idioma es tan noble que: uno habla como quiere; uno, habla como quiere; uno habla, como quiere.