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Las torcidas consecuencias de practicar principios iliberales en democracia

capital

En las últimas dos décadas tanto en México como San Luis Potosí los avances democráticos han sido procedimentales. Esto se consiguió a raíz de largas y tensas luchas políticas donde la sociedad civil reclamaba reglas electorales del juego efectivas y confiables. Como producto de esto se consiguieron órganos electorales independientes de la intervención del gobierno con capacidades autónomas de decisión. Además los partidos diferentes al PRI gracias a estos avances en los procesos electorales, consiguieron ser competitivos y ganar espacios de poder institucional, lo cual equilibró el terreno del juego político hasta antes de esto dominado por la hegemonía casi indisputable del PRI.

Ahora bien, lo anterior muestra que en estas últimas dos décadas tanto a nivel nacional como en el nivel local la democracia electoral se institucionalizó de manera efectiva y su pluralidad y competencia es hoy común para los ciudadanos y para la clase política. Pues a pesar de episodios que no han estado exentos de tensiones e incertidumbres postelectorales, como 2006 a nivel nacional o SLP en 2009 en el nivel local, el método para llegar al gobierno y a los demás espacios de representación popular siguen siendo las elecciones. Es decir, sean estas cuestionadas o no, el mecanismo electoral sigue vigente y aceptado por todos los ciudadanos, actores políticos y sus respectivos partidos.

Sin embargo, los hechos demuestran que si la democracia solo se entiende de forma mínima como la forma de elegir mediante el voto periódico a los políticos profesionales que compiten entre sí por los cargos, es entonces una comprensión muy limitada de la misma. Pues esta además de los principios de equidad en la competencia e imparcialidad en los que organizan elecciones, requiere de otros principios que van más allá del mero procedimiento electoral.

Es por esto mismo que ahora se hable sobre la calidad de la democracia. Pues si tener elecciones más o menos confiables y aceptadas por los ciudadanos y los actores políticos cuenta, no es suficiente para hablar de una democracia sana o de alta calidad. Ya que como señala el politólogo canadiense Maxwell Cameron (2016), para que una democracia sea saludable entonces requiere un conjunto esencial de derechos y libertades concomitantes; como la libertad de expresión, la autonomía de asociación, medios de comunicación alternativos y profesionales, entre otras libertades y derechos. Y aunado a esto como otro cimiento esencial de la salud democrática no debe haber supremacía de ningún poder de facto, sea público o privado, que altere o influya en las decisiones públicas y las aproveche para su beneficio personal.

Es decir, en una democracia inclusiva y saludable no hay cabida y no se puede tolerar ningún enclave autoritario; no pueden existir las limitaciones arbitrarias a los mandatos políticos, y en suma no se admiten “canchas del juego” inclinadas que sesguen a favor de algún actor político o privado en particular el acceso a los medios de comunicación, el acceso a la justicia y a demás recursos estatales (Cameron, 2016).

El problema a nivel local y nacional es claro si lo vemos a la luz que brinda el enfoque de la calidad de la democracia. Pues si bien vivimos una democracia electoral con procesos estables hasta cierto punto. No vivimos con plena solvencia los demás requisitos liberales que demanda todo desempeño democrático aceptable. Pues está claro que en muchos espacios locales existen enclaves autoritarios que aprovechan los recursos estatales en favor del dominio político de ciertos actores. Además la prensa es perseguida, intimidada, acosada y en casos terribles e inadmisibles silenciada si estos medios se atreven a  investigar si los gobernantes evaden rendir cuentas o realizan actos de corrupción.

Para muestra de lo que se escribe, está el acoso, intimidación y acciones arbitrarias de la autoridad municipal que viven los periodistas de SLP que han revelado casos de corrupción todavía sin consecuencias ni políticas ni judiciales para las autoridades municipales involucradas. (http://articulo19.org/agreden-a-periodistas-en-san-luis-potosi-por-investigar-actos-de-corrupcion/).

En síntesis, las consecuencias de tener una clase política que practica principios iliberales y autoritarios en el espacio público, son muy perjudiciales para consolidar nuestra democracia o construirla en algo más inclusivo que solo organizar y respetar procesos electorales. Nos entregan un País que a lo mucho puede ser considerado como una democracia electoral, pero cuando revisamos este tipo de episodios, la evidencia señala que estamos en serios problemas para dar el pleno paso hacia una democracia liberal con una sociedad informada y con el derecho garantizado de exigir cuentas a sus gobernantes.

Así lo atestiguan organismos observadores de la salud política y democrática a nivel global como Freedom House. Que a raíz del serio deterioro local y nacional de las condiciones democráticas y el incremento de la violencia y corrupción gubernamental, nos cataloga en 2016 como un país parcialmente libre (http://www.economiahoy.mx/nacional-eAm-mx/noticias/7312768/01/16/Mexico-es-un-pais-parcialmente-libre-segun-Freedom-House.html).

La salvaguarda ante este tipo de estancamientos autoritarios en nuestras democracias, siguen siendo las prácticas políticas liberales de los ciudadanos. De aquellos que hacen valer sus derechos y luchan por que el terreno del juego se nivele y no permita privilegios especiales a unos cuantos. Las tecnologías de difusión masiva están en nuestro favor para ello, y a pesar de que tengamos una clase política que no entiende que está obligada a rendir cuentas, y se siente ofendida en lo personal si se les reclama tal obligación, la exhibición de sus conductas autoritarias y corruptas puede ser un primer paso para que tales prácticas se inhiban y no se reproduzcan en otros actores políticos que pretendan gobernar, pues ahora el escrutinio social hace una importante función de marcaje personal sobre los que toman decisiones colectivas.

Vale la pena grabar en nuestras cabezas como ciudadanos, la frase que Theodor Seuss Geisel mejor conocido como Dr. Seuss, escribió alguna vez en su cuento “El Lorax” (1971): “A menos que alguien como tú se interese de verdad nada va a mejorar. Jamás”

Mi solidaridad con los periodistas hostigados por el poder y vulnerados de forma arbitraria.