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Historias morbosas

Luis Ricardo Guerrero Romero

Sólo estábamos juntos por diversión, el gusto excéntrico por la moda gringa era una de nuestras afinidades que junto con esos cuatro años compartiendo: baño, cocina, sofá; enfados, gustos, baño, sofá; fiestas nocturnas, almuerzos, enfermedades, sofá, nos unieron como pareja. Y es que dogmáticamente la sala era el lugar en donde se llevaba a cabo aquel ritual que llegamos a considerar roomie sanctasanctórum, hasta el día de hoy, desconozco porque le añadió a la sala roomie ese nombre que me recuerda a las películas de terror o cosas arcaicas, pero acepté llamar así al sofá porque era divertido ese nombre, a mí, únicamente me atraía de él la capacidad de seguirme la fiesta aun y cuando en su facultad de humanidades fueran exigentes al pedir lecturas, extensos ensayos críticos, demandantes investigaciones, y un sinfín de trabajos y estudios que en mi facu de derecho sólo eran una de las tantas leyendas que se oía en los pasillos. A decir verdad, en mi carrera nos gustaba la grilla y la demagogia (asignaturas básicas), pero no es culpa de los estudiantes, el gobierno es el culpable, puesto que, la forma de tener control sobre el pueblo es la misma que lleva a cabo la Iglesia: el miedo y la adulación. Pero el tema aquí no son los sistemas contaminados que imperan en San Luis Potosí, el tema es el sofá, en donde ocurrieron las más interesantes conversaciones y divagaciones antes escuchadas, y donde cierta tarde al llegar de la facu, cansado de tanto fumar, encontré a mi roomie extenuado y acompañado sobre el sanctasanctórum. Nunca pensé que él fuera capaz de engañar a su pareja actual, su ética inmarcesible que acosaba diariamente a mi conciencia había quedado desmoronada, y así fue que, del más vil de mis sentimientos saqué valor para comenzar a grabar por medio de un snapchat tal deshonra, el morbo y la calumnia fueron mis mentores, la traición y la enfermedad, mis tutores, los celos y las drogas, mi motivo. Pues yo desde que lo conocí, le había sido fiel y conservaba la distancia para no afectar a su relación sentimental, cada día que acababa, con morbo acudía al sofá donde él dormía y yo soñaba.

Donde habitan un par o un grupo de roomies, todo puede suceder, estos aprenden a hacer familia, a ser confidentes, a ser tolerantes al mismo tiempo que muestran su verdadero yo, quizá es buen ejercicio sociológico que cada estudiante o no, viva un tiempo en modo roomie para que sepa de responsabilidades y su contrario, de tolerancia y su revés. Para que sepa el alcance de sus deseos morbosos, y de los más gráciles sentimientos. Para entender tal acción antes relatada, habremos de aclarar el sentido de una de las palabras que estructuran este texto: morbo. Tal sustantivo –para variar masculino–, es empleado casi de modo habitual en situaciones o contextos sexuales (entiéndase actividades propias del placer concupiscible) quizá no aptas para algún rango de edad o régimen moral. Sin embargo, acotar el uso de tal sustantivo a ese aspecto de vida, resulta morboso, es decir que, quien utiliza morbo (del latín: morbosus> >morbosu >morboso: enfermo) con la connotación sexual, ese, es el morboso, ya que, el significado original designa al sujeto malsano, a un enfermo (y no exclusivamente sexual). Más aún, el sustantivo en cuestión, es un sinónimo de contagiado por un mal, quizá lo más probable es un enfermo mental, de allí que, a las personas que sin finalidad académica o de instrucción científica, andan buscando decapitados, accidentes fatales, y demás calamidades de la humanidad se les designe morbosos, y esos sí, con toda certeza lo son. Asimismo, hay una clase de morbosos viales que abundan mucho en San Luis Potosí, a estos le fascina entorpecer el tránsito cuando hay accidentes, y aunque el choque o altercado haya sido en otro carril, disminuyen su velocidad para ver y alimentar su mente enferma, su morbosa existencia estólida. Hasta el día de hoy, jamás he mirado que alguno de esos morboviales, se detenga para ayudar, únicamente ve la incidencia y sigue de paso, porque así piensa la mente enferma.