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Ignorancia adinerada

Ignacio Betancourt

Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos; este proverbio (construido con la pura historia vecinal) no se inventó luego de la llegada de Trump al gobierno norteamericano, desde finales del siglo XIX se enunciaba tal adagio en relación con la desventurada circunstancia fronteriza. Así que a los mexicanos de hoy nos llueve sobre mojado; no salimos de una bronca cuando ya tenemos otra encima. Incluso podría afirmarse que el verdadero enemigo de los mexicanos contemporáneos es el mismísimo gobierno mexicano.

Cuando el odio de un ignorante causa tanto perjuicio (puede pensarse en cualquier gobernante) algo muy grave ocurre en el planeta. Resulta que el señor Trump, un individuo mitómano y pleno de racismo, ahora en funciones de presidente del país más militarizado del mundo, no entiende nada de nada y simplemente se deja llevar por su visceral desprecio hacia todo lo mexicano (muy parecido a los altos funcionarios gubernamentales de nuestro país). Resulta que el multicitado Tratado de Libre Comercio entre Canadá, EU y México, siendo un instrumento diseñado para mantener los privilegios del vecino país (no los de México), ahora quiere ser abolido por Trump y su ignorancia adinerada.

Nada más por no dejar van algunos datos sobre el famoso TLC instituido desde el primero de enero de 1994, el mismo que hace posible que en 2013, por ejemplo, 14 por ciento de las exportaciones estadunidenses sean con México, mucho mayores que lo enviado por EU a Brasil, Rusia, India o China. Puede agregarse que México compra más productos del norteño vecino que todos los países de Latinoamérica juntos y muchos más que Francia, Alemania, Inglaterra o los Países Bajos. Unos seis millones de empleos en EU dependen del comercio con México y otros ocho millones del comercio con Canadá. Pero ahí no acaba todo. Con 116 millones de consumidores mexicanos que compran productos norteamericanos (más de un billón de dólares), nuestro país es una gran oportunidad de mercado para todo tipo de empresas de EU. Los mexicanos compramos cerca de once por ciento de las exportaciones de empresas pequeñas y medianas “que representan más de la mitad de la creación de empleos en EU”. Para acabar pronto, de cada dólar que México gana por sus exportaciones, invierte la mitad de esa “ganancia” en productos estadunidenses. Dice Michael Wilson (secretario de Comercio de Canadá en los inicios del TLC): “En 1993, el comercio en América del Norte ascendía a unos 290 mil millones de dólares; en 2012 se había disparado a más de 1.1 billones de dólares”. Lo increíble de las torpezas de Trump es que tal señor ignora todos estos datos, y a los cuatro vientos proclama que México abusa del pueblo norteamericano y eso no lo va a permitir por más tiempo (generalmente los más ignorantes son los más bravucones). Sin embargo, el problema de México con EU no sólo es de índole económica, es una nueva realidad mundial (inducida, entre otras cosas, por las torpezas de Trump) en donde los grupos más criminales de muchos países se sienten renovados en sus beatíficas luchas y los kucluxclanes y los neonazis y los supremacistas blancos y las derechas más recalcitrantes comienzan a manifestarse con renovados bríos, empezando por el propio gobierno norteamericano actual, que por cierto no es un grupo de políticos sino de banqueros y empresarios millonarios que confunden el mundo como una oportunidad para medrar y aumentar día a día sus inmensas ganancias económicas, como los políticos mexicanos (con la única diferencia de que a los norteamericanos el propio Dios judeo-cristiano los protege, en cambio acá la virgencita de Guadalupe es la que propicia todas sus honorables ganancias). Pero olvidémonos de las forzadas comparaciones entre Hitler y Trump, a don Adolfo el pueblo alemán lo idolatraba (y cuidado con que alguien no lo hiciera), en cambio a Donald muchos millones lo repudian. Hitler imponía una utopía, en cambio Trump ofrece todo lo contrario (pero él no lo sabe). En lo que sí ambos coinciden es en imponer una visión del mundo construida desde sus más personales desvaríos, y más vale que todo mundo se someta a tan generoso ofrecimiento pues se hace en nombre de la Patria. Y quien así no lo entienda, por salud social debe ser aniquilado. Junto a ese par bien se puede incluir a Burro Nieto (así lo llama Ula) quien cojea del mismo pie que sus compadres alemanes y gringos. En defensa de la sociedad resulta válido, incluso, el empleo de la energía atómica (como México no tiene bombas atómicas, se considera que con militarizar el país es suficiente).

A propósito de la militarización del país, nada ocioso resulta volver a citar lo que ya en 1812 el llamado padre del federalismo mexicano, don Miguel Ramos Arizpe, decía a propósito de los soldados como policía de México: ”Siendo todo comandante, militar, necesariamente ha sido educado desde su niñez, y formándose en su carrera bajo la disciplina militar, de que es consiguiente el no saber por lo regular,  las leyes civiles y políticas, y al tener una habitual repugnancia a los trámites que éstas previenen para el gobierno político y civil. He aquí el error fundamental de este sistema de gobierno; el jefe, por su educación y carácter, quiere naturalmente obrar según las leyes que sabe y está acostumbrado a hacer ejecutar, y exigiendo, a veces sin pensarlo, del pacífico labrador, del tranquilo ganadero, del artesano industrioso, etcétera, aquella obediencia ciega, aquella ejecución sin réplica que está impuesto a pedir a sus soldados”. Y mejor no mencionar el contexto de corrupción en donde muchas de las víctimas (por equivocación o abuso) del Ejército en las calles son señalados como delincuentes aunque no lo sean; todo por la buena marcha del país. Que el señor nos coja confesados si el Congreso mexicano decide sumarse a la embestida gubernamental, cuya obsesión no es el resolver los graves problemas del país, sino mantenerse impunes violando toda normatividad jurídica, y por supuesto sin considerar para nada los más elementales derechos humanos.

Del poeta argentino  Oliverio Girondo (1891-1967) tres fragmentos de su poema Testimonial: (…) Nos sedujo lo infecto,/ la opinión clamorosa de las cloacas,/ los vibrantes eructos de onda corta,/ el pasional engrudo/ las circuncisas lenguas de cemento,/ los poetas de moco enternecido,/ los vocablos,/ las sombras sin remedio.// Y aquí estamos:/ exangües,/ más pálidos que nunca;/ como tibios pescados corrompidos / (…) Desolados engendros del azar y el hastío,/ con la carne exprimida/ por los Bancos de estuco y tripas de oro,/ por los dedos cubiertos de insaciables ventosas,/ por caducos gargajos de cuello almidonado,/ por cuantos mingitorios con trato de excelencia/ explotan las tinieblas,/ ordeñan las cascadas,/ la edulcorada caña (…) que los llevan al hambre,/ a empeñar la esperanza,/ a vender los ovarios,/ a cortar a pedazos sus adoradas madres,/ a ingerir los infundios que pregonan las lámparas,/ los hilos tartamudos,/ los sapos babosos que tienen la palabra,/ y hablan,/ hablan,/ hablan, (…)