Instituciones para la impunidad
31 marzo, 2017
Justicia
31 marzo, 2017

Imágenes insoportables

Ignacio Betancourt

Un país en donde decir la verdad en los medios masivos lleva a la muerte de quien se atreve a señalarla, es un lugar carcomido por el autoritarismo más salvaje. Un país en donde predomina un único punto de vista, muestra de manera espectacular la corrupción impune. Un país en donde su presidente, rodeado de la más evidente de las crisis, se atreve a decir que la crisis sólo está en la mente de quienes critican, es la expresión impecable de la antidemocracia y la violencia institucionalizada. Un país en donde se propicia el deterioro de la seguridad encomendada a los civiles (el paulatino abandono de las policías municipales y estatales) para poder justificar la militarización, es un lugar en donde predomina un abierto desacato de los derechos humanos.

Obviamente me refiero a México, un extraordinario país agredido por políticos y grandes empresarios cuyo único interés es la depredación desmesurada. Basta con mirar la televisión o escuchar la radio para sentirnos abrumados por la repetición hasta el infinito de las declaraciones oficiales, proferidas de las más diversas maneras por multitud de funcionarios. A toda hora y en todo lugar no falta nunca un hombre o una mujer repitiendo hasta el hartazgo que vivimos en el mejor lugar del mundo y que quienes gobiernan son ejemplos trascendentes de honradez e intachable moralidad, y mejor creerse tan florido manojo de mentiras o de inmediato seremos tachados como ciudadanos indeseables. Qué importa que haya gobernadores prófugos porque robaron miles de millones de pesos, y desapariciones, y secuestros, y delitos que nunca son castigados.

Qué importan doscientos mil muertos y 36 mil desaparecidos o medio millón de desplazados por la violencia impune en los lugares en donde vivían; qué importa que Petróleos Mexicanos entregue pozos y demás infraestructura (plantas, petroquímicas, etcétera) a empresas extranjeras, en implícita donación de bienes públicos sin pago alguno o contraprestaciones de por medio. De esta manera, muy patrióticamente, el gobierno desmantela lo que era la principal industria nacional y se deshace de capital humano con todas las de la ley. Poco importa que el gobierno lleve a cabo concesiones prohibidas, si los negocios son redondos para las trasnacionales.

Si a lo anterior sumamos los atentados a la memoria histórica de la población (sustituyendo fechas simbólicas o festivas anulándolas con pretextos turísticos), podemos tener una visión más o menos amplia del sostenido proceso de desmantelamiento de una sociedad, pues otra cosa no es la autoritaria anulación de significativas fechas patrias como el 20 de noviembre o el 21 de marzo; ese desmantelamiento de celebraciones iniciado por Vicente Fox y mantenido e incrementado por Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no es una ocurrencia gratuita, un pueblo sin celebraciones cívicas va debilitando su memoria hasta quedarse sin historia, especialmente ese pasado que significó avances populares que deben ser olvidados (pues no dejan de ser un mal ejemplo para la ciudadanía agobiada por los abusos y el aplastamiento más espectacular); todo a nombre de un futuro concebido únicamente por las élites económicas y políticas más voraces.

La tragedia del México actual es su gobierno, un gobierno mexicano incapaz de resolver los problemas cotidianos del país (educación, salud, empleo, seguridad, justicia) apostándolo todo a la represión, que sólo es la señal más evidente del fracaso político y social de cualquier gobierno, dígase democrático o como prefiera autonombrarse. Encabezados por el primer corrupto del país (el más sonriente, el más bien peinado), sostenidos en gran medida por la evidente ignorancia de la historia nacional los actuales gobernantes mexicanos sólo imaginan sentirse seguros rodeados de tanques y soldados. Caro habrá de costarle a los partidos políticos las desmedidas alabanzas del señor Peña al Ejército, quien imaginando que por el poder de su personal demagogia hará posible la cordial militarización de la República (única alternativa suponen) para su personal seguridad y su adicción a lo impune. El anterior presidente de Uruguay iba a correr por las mañanas sin escoltas (y a veces trotaba en solitario). Qué funcionario de medio pelo para arriba se atreverá a salir a las calles del país sin camionetas blindadas y guardias armados hasta los dientes. Bien dice el populacho que “el miedo no anda en burro”. Quién podría creerle al mentiroso número uno cuando señala que: “Son inadmisibles e inaceptables las expresiones que, algunos de manera simple, no sé si por ignorancia o con dolo, descalifican la labor de los integrantes de nuestras fuerzas armadas”. En qué planeta se imaginará viviendo el priísta número uno de la agobiada patria mexicana cuando sin rubor alguno afirma: “quienes denigran la labor de nuestras fuerzas armadas denigran a México; quienes las lastiman, lastiman a México; quienes desacreditan su trabajo desacreditan a México”. Peña apapachando a los generales y el sargento Nuño rodeado de niños que tocan el piano, son la imagen insoportable de la simulación más autoritaria y siniestra. Cuando la totalidad de un gobierno recurre al sentimentalismo pedestre, o ha perdido totalmente la brújula o sólo acata las asesorías del canal de las estrellas. Para completar el cuadro, por estos días en el puerto de Acapulco, gobierno y banqueros se desgañitan contra el nuevo enemigo de la Patria: el populismo; y mientras se abrazan e intercambian grotescos arrumacos declara el titular de las finanzas públicas del país: “vivimos tiempos de incertidumbre”.

Ahora que comienza la primavera resultan oportunos los versos escritos por un poeta huasteco del siglo XIX, don Marcelino Sánchez (1836-1905) nacido en Coscatlán. Del poema titulado La primavera publicado en 1892 en el libro Poesías líricas van cuatro octavas endecasílabas: La época del año más grandiosa/ reflejo de una dicha ya perdida,/ en que todo renace a nueva vida,/ es la bella estación primaveral./ La aurora es aun más esplendorosa/ más linda la mañana, fresca y pura;/ todo sitio a que alcanza esa ventura/ representa una dicha sin igual.// En las selvas se escucha un gran concierto/ de las aves que en plácido gorjeo/ están de la alegría en su apogeo./ Llegó de sus amores la estación./ Siempre saben con tino y grande acierto/ y su instinto fundado en la pericia,/ la época del año más propicia/ y para ellas de más ocupación.// (…) La selva vegetal que empobrecida/ estaba a consecuencia del invierno,/ nuevo impulso recibe en su gobierno/ por el astro benigno y bienhechor./ Nuestra vida, a sí mismo, engrandecida/ miramos cuando está en su adolescencia/ mostrando en su vigor la gran potencia,/ inherente a esa vida en el albor.// Los cafetos de un verde tan subido/ de sus flores ostentan la blancura,/ y brotando del monte en la espesura/ mil abejas se ven revolotear./ Formando, sin cesar, un gran zumbido/ los cálices registran de las flores/ y extrayendo su almíbar, los honores/ van a hacerlos, bien puesto el colmenar.// (…)