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Incrementos universitarios

Jaime Nava Noriega

D e dos mil 800 millones de pesos es el presupuesto que, en diciembre pasado, aprobó la Universidad Autónoma de San Luis Potosí para ejercer sus funciones durante 2015. Hasta aquí todo bien si consideramos que cuatro años antes, en 2011, la UASLP tuvo un presupuesto anual de dos mil 160 millones de pesos y, a este ritmo, posiblemente la Universidad tendrá recursos cercanos a los tres mil millones de pesos el próximo año. La cifra presupuestal no debe tomarse a la ligera, y menos si consideramos que el ayuntamiento de San Luis Potosí cuenta con recursos por debajo de los presupuestos universitarios. Sólo en 2015, la capital deberá realizar todas sus funciones con aproximadamente dos mil 38 millones de pesos.

La UASLP, a pesar de su buena salud financiera, incrementa cada semestre o cada año, según corresponda, las cuotas de inscripción a los estudiantes de San Luis Potosí. En la actualidad existen licenciaturas y posgrados que cobran cuotas por encima de los diez mil pesos. Esta situación es inadmisible.

Según datos proporcionados por la misma Universidad el presupuesto utilizado para pagar la nómina del año 2013 fue de mil 641 millones, cantidad que representa 75 por ciento respecto del total, y durante ese mismo año se destinaron para desarrollo de obra e infraestructura universitaria únicamente 48 millones, equivalentes al tres por ciento del presupuesto total.

Siguiendo el ejemplo de Hacienda, que utiliza los bolsillos de los ciudadanos para recaudar de manera fácil los tributos, la Universidad explota la necesidad de miles de familias que ven a la educación como un medio de emancipación que promete una vida mejor para mantener el status quo a través del incremento en las cuotas, siempre y cuando puedan pagarlas. Gracias a los continuos incrementos, quienes aspiran a estudiar una licenciatura ya no eligen con base en su perfil u orientación vocacional, ahora, deben considerar si su solvencia económica es suficiente para cubrir los costos de inscripción, transporte y los materiales necesarios de acuerdo con cada licenciatura. Y si con dificultad una familia es capaz de pagar una licenciatura, de estudiar un posgrado mejor ni hablamos.

En algún momento las finanzas universitarias no van a ser capaces de resistir la presión de la nómina y, aunque lo intenten, tampoco habrá ciudadanía que permanezca tolerante y pasiva mientras convierten la educación pública en artículo de lujo. Todo apunta a que la Universidad Autónoma de San Luis Potosí está bajo un proceso de mercantilización y, para quienes duden, sobre este proceso el académico Toni Verger apunta: “la mercantilización se identifica a menudo con cambios muy visibles: carnés estudiantiles gestionados por entidades financieras, grandes empresas que esponsorizan aulas de informática, los precios de los cursos que se liberalizan y/o se encarecen, etc.”

Desde hace años las credenciales universitarias las emite el banco Santander con su cuenta personal de ahorro integrada y voluntaria. ¡Vaya usted a saber quién fue el beneficiado! Esto pone en riesgo la autonomía pues, mientras el encarecimiento representa exclusión y pérdida de autonomía frente a la lógica del capital, la lucha en defensa de la autonomía significa, principalmente, alcanzar la potencialidad liberadora que tiene el conocimiento al alcance de los excluidos.

Y hasta que la educación no esté al alcance de todos por encima de los intereses particulares salariales o políticos de unos cuantos seguiré diciendo:

¡Que la UASLP baje los costos de posgrados y licenciaturas! #EducaciónParaTodos

 @JaimeNavaN

Jaime Nava N.
Jaime Nava N.
Estudiante de maestría en Derechos Humanos por la UASLP. Activista en Amnistía Internacional.