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Indolencia municipal y redes sociales

Óscar G. Chávez

El caso del llamado cadillac de la muerte, conducido imprudentemente por un irresponsable junior, de los ahora llamados mirreyes, fue el que encendió los focos rojos sobre el manejo de cierto tipo de información privada mediante las redes sociales.

Gracias a que la información sobre el vehículo circuló rápidamente, y al menos en San Luis Potosí se convirtió en viral, se pudo ubicar, aunque no detener, el domicilio y algunos generales del mirrey asesino. También mediante las redes, se informó puntual y de una forma bastante conmovedora la forma en que ocurrió el accidente y la situación primero de atención y apoyo en el sitio del accidente, luego el estado clínico del mismo.

Fueron los lentos actuares de los cuerpos de seguridad pública municipal y estatal los que generaron que se desatara una encarnizada difusión y persecución virtual, contra el junior asesino y cobarde, que para evitar ser condenado por homicidio provocado por el consumo de alcohol, huyó del lugar. Luego la parsimonia de la procuraduría, desde procurador hasta ministerio público encargado del caso, contribuyó al enardecimiento social. Finalmente el adinerado homicida luego de pagar una fianza, porque supongo que la pagó, y de que sus padres se comprometieron a solventar los gastos generados por su querubín, pudo retirarse a casa.

Desafortunadamente, y es éste un motivo de alarma, pareciera preocuparnos más la forma en que fue expuesta, compartida y difundida, la información confidencial del imprudente joven, que la muerte y los daños por él causados. En este sentido debemos entender que es más importante proteger la confidencialidad de un sujeto, que al parecer alcoholizado generó un percance donde el alto costo fue una vida humana. Es claro y más que evidente que fue su actuar lo que disparó la indignación; no creo que antes de ese episodio los datos de su vehículo y su rostro circularan desenfrenadamente en redes sociales.

Sin embargo, para la instancia garante de la información, los datos que se hicieron públicos debieron mantenerse en la secrecía por sobre todo y todos. La comisionada de ese organismo a los pocos días pontificaba sotto voce, que se buscaría al responsable de la fuga de información, y se le sancionaría conforme a la gravedad del caso. Veleidades propias de una burocracia de aparador, que pretende mostrar a la ciudadanía que atiende eficazmente la función para la que fue contratada.

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El pasado fin de semana de nuevo el exceso de velocidad, la imprudencia, la impericia y no sé si el alcohol, generaron un episodio que acabó en muerte para una persona, y mantiene en un estado de gravedad a otra. Una conductora que salía de algún centro nocturno o restaurante de la zona, arrolló a una pareja.

Al igual que en el anterior episodio la causante se dio a la fuga. Quizá desde luego existan diferencias, incluso atenuantes, pero fue gracias a las redes sociales, que de nueva cuenta difundieron una imagen de un automóvil con las características del implicado en el incidente, que se logró la detención de la conductora. Habrá que esperar el desenlace.

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Mientras por un lado la ciudadanía se agudiza en materia de crítica, cuestionamiento y opinión, no sólo en lo referente a los sectores vinculados a la administración pública, sino también a favor o en contra de personajes de primer orden y medios de comunicación, los cuales utilizan, dicho sea de paso, en la medida de sus intereses o necesidades. Por el otro estamos frente a un aparato burocrático, que pareciera que aún no alcanza a comprender la importancia de las redes sociales, que cualquiera puede llevar al alcance de la mano, y recibir en cualquier lugar la información por ellas vertidas casi al instante; o bien, es un estado que ha logrado inocularse ya contra cualquier forma de expresión que le sea adversa.

No obstante las instancias gubernamentales echan mano de esas mismas redes sociales, pareciera que sólo las utilizan en su beneficio, dejando de lado y sin respuesta, cualquier comentario que les pueda resultar adverso o molesto. Si bien, en algunas ocasiones utilizan lo ahí manifestado para su servicio y en beneficio de la ciudadanía, son contadas estas situaciones.

Ejemplo concreto lo representan las cuentas de redes sociales dependientes del Ayuntamiento de la capital, aclaro, no es cosa nueva, ya desde la administración anterior, la comunicación mediante estos canales, parecía un diálogo terco y sordo con los espíritus: nunca había respuesta. Si bien, la arrogancia de los comunicadores –porque supongo eso son quienes manejan estas cuentas–, es casi equiparable a la imbecilidad o inteligencia de quienes sirven, o a la irresponsabilidad y abulia con que las atienden, resulta que no fue de uso exclusivo de los operadores de Mario García, sino que se ha trasladado de manera eficiente y cabal, al menos en esos niveles, a la de Ricardo Gallardo.

Cuentas concretas que no han sabido manejar la información que reciben, ya que ni dan respuesta, ni solución a lo que ahí se les expone, son la propia cuenta del Ayuntamiento y la de la Dirección de Seguridad Pública Municipal. La primera que ignoro quién la maneje, pareciera que se empeña en demostrar que Gallardo no atiende en el momento, cuando el proclama que así es; la segunda, pareciera que la maneja en algún momento, alguna persona tan petulante y déspota, como lo es la directora de tránsito.

Los anteriores señalamientos, tanto por uso de redes, como de incapacidad de respuesta para atender a la ciudadanía, deriva de la culpabilidad compartida que carga el Ayuntamiento, luego de no haber atendido la alarma encendida la noche del accidente del cadillac. Ha tenido que esperar a que ocurra otro accidente de alcances mortales, para pensar en poner en funcionamiento operativos viales sobre la zona. Esto debió darse desde hace bastante tiempo, incluso antes del primer accidente; quizá desde el momento en que se dispuso despejar la zona de autos estacionados por todos lados y sin control alguno.

El señalar que estamos frente a una autoridad municipal indolente e incluso incapaz, ocurre de acuerdo a las percepciones que de ella tenemos, y al menos lo que proyectan mediante las redes sociales es eso: incapacidad e indolencia. Sería conveniente que el director de comunicación social de Ricardo Gallardo, vea a qué santo le reza para lograr que funcionen adecuadamente sus enlaces de comunicación, y no se ocupe sólo de proyectar la imagen de un alcalde que practica el desmedido culto a su persona. De no hacer su trabajo adecuadamente y con la celeridad que amerita, creo que las redes sociales se ocuparán de exhibirlos y dar a conocer la calidad de gobernante y colaboradores.