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Injusto trato al reportaje novelado de Maritza

Rogelio Hernández López

T omo una apreciación del escritor y dramaturgo José Ramón Enríquez para reiterar que, cuando el tema del asesinato de León Trotsky parecía agotado en el mundo, una periodista mexicana aporta nuevos datos, al reconstruir las militancias y el papel que ocuparon tres mujeres en este homicidio: la cónyuge del político ruso, más la madre y la falsa esposa del ejecutor Ramón Mercader.

Los cercanos a la autora, Maritza Macín Lara, saben que este trabajo lo inició en 1996 cuando le mostraron actas de ministerio público del homicidio, que en 2003 intensificó la acumulación de datos, que inició la redacción en 2007 y, que la calidad del reportaje novelado le conquistó el Premio Bellas Artes Juan Rulfo 2011 a la primera novela. La falsa esposa debiera estar entre los libros más vendidos y comentados por todo tipo de lectores.

Pero con azoro me entero que Maritza debió buscar la edición en libro; que sólo le imprimieron mil ejemplares y, hasta 2015; que la editorial Praxis no lo promueve; que además ésta se declaró incapaz de distribuirlo y, el colmo, en lugar de regalías le entregó ejemplares para que ella los venda. Eso es injusto para cualquier autor, pero resalta más en este caso.

El trabajo vale mucho por los alcances documentales y la trama, pero también por su prosa. El producto final reúne las características de reconstrucción histórica precisa, con descripciones fluidas y claras. Alcanzó el estilo de reportaje novelado que apuntalaron Truman Capote con A sangre fría y García Márquez en Noticia de un secuestro, pero escrito en primera persona y con el toque a reflexiones femeninas intimistas que sólo puede dar una mujer.

La reconstrucción histórica

El trabajo de Maritza es más que creación literaria, es una investigación dentro de una larga línea del tiempo, mayor a los 70 años; su intención fue ubicar en ella a tres mujeres. Había que revivir y reconstruir fragmentos de su realidad.

Me consta que Maritza Macín persiguió, como sabueso, cuanto dato parecía encajar. Tengo una estampa. A principios de 2006 yo publiqué en Milenio diario una investigación de Fritz Otto Schussler, uno de los secretarios de Lev Davidovich Bronstein, hasta que éste fue asesinado en Coyoacán. Fritz Otto se quedó a vivir en México, se casó con la mexicana Susana Ogazón Sánchez, murió aquí en 1980 y dejó 15 libretas que contenían dos libros inéditos que, según su viuda, probarían que las traiciones de José Stalín contra Trotski fueron compartidas por autoridades mexicanas. Cuando Maritza supo de este trabajo se abalanzó a saber si tenía datos útiles. Hace 9 años de ello.

Es que Maritza –egresada de la Carlos Septién– sabe que en periodismo y literatura las historias tienen que ser verosímiles, apoyadas en hechos. La falsa esposa refleja escenas históricas incontrovertibles de la revolución rusa, de la II Guerra Mundial, del arribo del franquismo en España, de la III Internacional comunista, la construcción de la IV internacional que promovió Davidovich, de la persecución extra fronteras de Veria y Stalin contra los bolcheviques disidentes, del periodo de Lázaro Cárdenas, de los errores del Partido Comunista Mexicano en tiempos de Dionicio Encina y David Alfaro Siqueiros; de la permanencia y el personal operativo del líder ruso. Todo, para ubicar a las tres mujeres de su historia. La investigación debió implicar un trabajo monumental.

Y, para unir literariamente los datos duros con escenas, pensamientos y acciones de las mujeres y el mismo Ramón Mercader, Maritza Macín debió revivir padecimientos propios de sus intensas experiencias de vida y como activista del Partido Comunista Mexicano; aparte debió saber mucho –creo– de al menos tres de los nueve círculos del infierno de la Divina Comedia de Dante: del segundo a donde van los errantes y las personas que pecan por amor; del octavo para los seductores, aduladores y cortesanos; y del noveno destinado a los traidores. Maritza sabe de la condición humana, de intrigas, confabulaciones y de tiempos sombríos. Eso también se transpira en La falsa esposa.

Las historias

El dramaturgo y escritor, José Ramón Enríquez, camarada del PCM de Maritza, ubicó:

“Luego de que parecería agotado el tema del asesinato de Trotsky con El hombre que amaba a los perros (novela de Leonardo Padura en 765 páginas) otra novela lo revisita desde puntos de vista inéditos… Maritza da la voz a tres mujeres sacrificadas también por esa gigantesca piedra de molino que fue el estalinismo, pero también tres entregadas militantes comunistas y las tres enamoradas de sus hombres”.

“El trabajo de documentación –sigue Enríquez– es acucioso y, como historiadora, Maritza Macín se pule sobre todo en la reconstrucción de Sylvia Ageloff, trotskista utilizada por el asesino para llegar a su víctima; el personaje menos conocido, el menos estudiado, el más vilipendiado y el que da título a la novela”.

Maritza Macín se formó como periodista. Quizá también por ello su estilo de redacción es preciso y conciso; su narración atrapa por la sencillez (escasez de metáforas y adjetivaciones innecesarias). Al respecto, Enríquez complementa: “Hay un trabajo fino de trenzado. Una manera de hilar para la trama pocas veces vista en una primera novela. Sobre todo en una con tantas posibilidades de sobredimensionar los discursos o perderse en las anécdotas más espectaculares”.

Maritza, dice Carlos López, “marca tiempos, distancias, voces, con una narración en primera persona que es una dificultad para cualquier escritor. Es tan terso el relato de Maritza que en ningún momento se oye su voz, sólo la de los personajes; el lector intuye la tensión, los silencios, los meandros por los que transcurre la historia”.

Es un reportaje novelado

La obra, reflejada en los comentarios de Carlos y José Ramón, sustentan que el trabajo de Maritza es un reportaje novelado, género que los teóricos del periodismo caracterizan así por “la fusión entre los procesos de documentación propios del reportaje periodístico, y las convenciones de representación que son parte de la novela realista de ficción”.

Los autores del blog Periodismo a sangre fría afirman que “este género nació de la confluencia entre la novela y el reportaje y ha absorbido rasgos propios de los diarios, biografías, autobiografías, crónicas e incluso la lectura epistolar. La novela-reportaje contemporánea busca un efecto de verosimilitud y transparencia. En ella, el autor desaparece del texto, la historia se presenta verídica, verosímil y verdadera”. Citan trabajos de Truman Capote y Gabriel García Márquez.

Maritza redacta como periodista y escribe como literata. Es periodista y escritora. No sólo porque demuestra con esta obra esa vocación detectivesca que debe tener todo reportero e, incluso los escritores, sino que expone también una persona femenina –como dicen los agentes del ministerio público– en plena madurez profesional.

Esta es una obra, que debieran leer las decenas de periodistas que traen en su talega el sueño de escribir un libro, que se lea; pero también todas las personas que gocen de historias así contadas. Un trabajo así merece todos lectores posibles. Eso debieron verlo quienes dirigen el certamen en Conaculta-Bellas Artes porque es injusto premiar una novela y no garantizar su publicación; es injusto que una editorial, por muy solidaria y amiga que sea, no se haga cargo de la promoción, de la distribución y de las ventas.

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