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15 enero, 2016

Insisten en boicotear a colectivos

Ignacio Betancourt

Pelear por lo justo, reclamar un mínimo de posibilidades para crecer, aunque señalar lo nefasto sea siempre ir cuesta arriba; todo conspira contra tales empeños pero en la Historia nada es inútil, nada se pierde nunca, todo es una semilla que germina cuando menos lo esperamos, vale la pena mucho intentar las vías jurídicas, las administrativas, los reclamos airados, las movilizaciones, la gota de agua sobre la dureza de la piedra agujera lo sólido, atentos a la chispa, cada acción puede ser la oportunidad para impedir el aniquilamiento del ciudadano. Si lo áspero del esfuerzo desanima habrá que vivir cada minuto como si fuera el último, posponer los anhelos y actuar en todos los ámbitos sería lo apropiado; lo insoportable está carcomiendo al país, de ahí que la confrontación será ilimitada, nada humano es ajeno al cambio, ningún contexto quedará sin la necesaria impugnación, cuando todo parece perdido la terquedad es una virtud.

Un ejemplo discreto pero palpable, vivo y lleno de potencialidades, lo es la ya larga lucha que el grupo de artistas y académicos reunidos en el Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez libra frente a la burocracia más anquilosada. En la pasada administración no pudieron desaparecer el centro cultural que desde hace más de un año coordina el Colectivo de Colectivos, aunque los empleados de la Secult asignados desde siempre al Centro insisten en boicotear todas las acciones de los Colectivos las actividades se han podido realizar pese a todo, sin embargo, las agresiones encubiertas y las descalificaciones contra el Colectivo se mantienen. Emilio Delgado (antediluviano burócrata encargado del Centro) y Raymundo Cervantes quien da clase de violín en el Mariano (y cobra a los alumnos aunque la Secult le pague), ambos insisten en conservar su pequeño feudo (muy probablemente con la anuencia y el apoyo de la Secult) y suponen que agrediendo al Colectivo y recurriendo a individuos y grupos de provocadores se mantendrán medrando como durante años lo han hecho.

Hoy viernes a las diez de la mañana se reunirá la Comisión Mixta (en una más de sus periódicas sesiones) integrada por el director administrativo de la Secretaría, la directora general de Organismos y el director de Gestión y Seguimiento, y los tres representantes del Colectivo, ahí se definirá si se mantiene el intento de actuar de común acuerdo (Colectivos y Secult) o se tiene que volver a la confrontación. La solución es simple: reubicar a los burócratas boicoteadores y asignar infraestructura y mantenimiento al Centro Cultural ubicado en la calle de 5 de Mayo número 610. Si lo anterior no ocurre la Secult estará promoviendo la confrontación y utilizando a sus empleados (al año cobran –por hacer nada– dos millones de pesos en sueldos, mientras que el Centro ¡carece de presupuesto!) para acabar con este singular intento ciudadano de participación directa en las actividades culturales promovidas por el Estado.

La exposición con la obra plástica del pintor Jesús Calvillo continúa en exhibición en el Centro Cultural Mariano Jiménez. La notable producción pictórica de don Jesús, un hombre que nacido en Durango en 1933 (siendo él muy pequeño su familia se vino a San Luis y aquí ha permanecido desde entonces) no ha dejado de pintar desde hace más de cinco décadas quien desde los cuatro años descubrió su vocación: el dibujo y la pintura; observando las revistas de su época infantil (El monje loco, El príncipe valiente,  Juan sin miedo) se inició copiando en sus dibujos tales personajes. En su obra, explícitamente figurativa, se encuentran hallazgos sorprendentes, pequeños detalles que transfiguran el conjunto y resignifican lo aparentemente conocido. Discípulo del ya fallecido pintor Primo Caso Soria durante 16 años, Jesús Calvillo continúa, a sus ochenta y dos años, pintando con juvenil entusiasmo y ajeno siempre a cualquier apoyo o reconocimiento.

Sorprendente y significativa resultó ayer la presentación del libro póstumo de Miguel Donoso Pareja (1931-2015), un conjunto de cuentos reunidos bajo el título de La realidad es lo increíble y publicado por editorial Trébol del Dr. Emiliano Sánchez. El libro nos muestra un Donoso Pareja que ha encontrado la manera de superar toda abstracción y al mismo tiempo romper gozosamente con la linealidad narrativa. El escritor se siente como pez en el agua entre una arriesgada diversidad de puntos de vista que va del flujo del pensamiento a lo James Joyce a la enumeración de personas conocidas o a la referencia de lugares reconocibles y alimentos populares; matizando su discurso con cierto desparpajo intencionado que le permite fluidamente hacer guiños de humor negro sin perder el tono trágico. Una temporalidad subvertida como condición para la fluidez de la narración, el riesgo calculado en la fragmentación diegética, la subversión política de un soñador transfigurada en experimentación escritural. Temas que en su larga actividad literaria iniciada en el año de 1957 estuvo posponiendo, hasta su última novela titulada Leonor (el nombre de una hija fallecida a temprana edad) publicada en 2006. Miguel fue conocido y querido (y también objetado) en tierras potosinas desde mediados de los años setenta, cuando vino a fundar y coordinar el llamado Taller Piloto de San Luis Potosí promovido por el Instituto Nacional de Bellas Artes, especialmente por Víctor Sandoval y Oscar Oliva desde la Dirección de Promoción Nacional del INBA.

Del poeta francés Alphonse de Lamartine (1790-1869) va la parte final de su poema El lago: (…) Oh tiempo, detén tu acoso, y ustedes horas propicias detengan la carrera:/ déjenos saborear las fugaces delicias de los días más bellos./ Muchos infelices en la Tierra lo imploran, corran, corran para ellos;/ tomen con sus días las penas que los devoran, olviden a los felices.// Pido en vano algunos momentos, pero el tiempo se va y huye;/ le digo a la noche ve más lento, pero llega el alba a desvanecerla.// Amemos pues, amemos a la hora fugaz, de prisa gocemos./ El hombre no tiene puerto, ni tiempo la orilla,/ el tiempo corre y morimos.// ¿Puede el tiempo celoso de los entusiasmos,/ cuya dicha el amor entrega en oleadas, ponernos en fuga, lejos, con la misma presteza de los días nefastos?// ¿Podríamos al menos fijar la huella? ¡no!/ muertos para siempre, por completo perdidos./ Lo que el tiempo nos dio luego lo quitó, y no nos lo devolverá.// Eternidad, vacío, pasado, negros abismos,/ ¿qué es lo que hacen con los días que devoran?/ ¡hablen! ¿nos devolverán los sublimes éxtasis que nos arrebatan?// Oh lago, mudas peñas, cuevas, bosque oscuro,/ a ustedes que el tiempo salva y rejuvenece,/ guarden esta noche, guarde la naturaleza al menos el recuerdo./ (…) Que el lamento del viento, el suspiro de la rama/ y los suaves perfumes de su aire resinoso,/ que todo lo que se escuche, se vea o se respire,/ que todo diga: pero han amado.