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Ir de compras, ir de pagas

Luis Ricardo Guerrero Romero

Oí nuevamente su comentario, ya eran cuatro veces que en distintos momentos José de Jesús hablaba de lo mismo: sus extrañas ganas de matar a la gente. Según él, en algunas mañanas al ir conduciendo por las calles y ver a chicos banda, o mujeres desalineadas, se despierta la condición suficiente para acabar con la vida de éstos. De igual modo el inquebrantable creyente del homicidio ha mencionado que las reiteradas veces en que le gustaría matar, sólo es por un coraje que le surge del alma, dice con tenaz convencimiento que el hecho de que desee terminar con la vida de alguien está justificado, si ese alguien sólo estorba en la vida.

Sus ideas escabrosas, pero aún no operadas contrastan mucho con su idiosincrasia, él como se ha de entender, procede de una familia penitente y devota a varias santidades dispuestas por el sistema, los domingos asiste con fervor a su templo, reza contrito los jueves y coopera para las fiestas patronales anunciando a los cuatro puntos cardinales que él ya aportó para dicho ritual. Algunos de los que sabemos de su deseo por matar a la gente le hemos interrogado sobre el qué dice su religión, obviamente acerca del desear o pretender matar al próximo. A lo que él sólo responde que mientras se arrepienta a tiempo sabe que Dios lo indultará. Lo que José de Jesús dice, nos ha hecho pensar que deberían todos los criminales volverse a esa religión; y que los pederastas, abusadores de confianza, usureros, y demás ceremonieros con hijos y parejas, por eso viven tranquilos y felices en sus iglesias, pues seguramente el principio rector que anida en el alma del parroquiano José fue inculcado por sus líderes espirituales.

El creyente José de Jesús, asume que el resto de las religiones están en un error, y que por eso no vivirán la eternidad. Sin embargo, a nadie de nosotros le gustaría vivir una eternidad, cómo para qué, si ya hemos pagado lo suficiente en esta vida.

Extraña pero real la vida del tal José, quien esperemos no lleve a cabo sus ideas asesinas. Pero las ideas que sí se llevan a cabo son las del narrador de la vida del demente Chuy, pues al decir que, ya hemos pagado lo suficiente en esta vida, nos ha de recordar el sentido de pagar.

Pagar, una palabra que muchas veces nos duele hasta doblarnos el codo, es heredada desde el latín pacare, pero tiene su antecedente en la raíz griega πηγνυμι [pengumi], la primera idea latina es entendida como un acto de calmar, apaciguar y pactar. Hacer un pago nos calma, pagar a alguien por algún servicio es una suerte de pago. No obstante, esta palabra en muchas ocasiones es sinónimo del despojo, por ejemplo, al pagar el servicio del camión, uno no compra el viaje hasta el destino, uno paga por él, allí está la diferencia. En la cotidianeidad uno paga y no compra. La expresión: ¡Me las pagarás!, no tiene comparación con: ¡me las comprarás! Cada 15 días uno espera la paga por un esfuerzo ―aunque en algunos sitios nunca llega―, pero no la compra, salvo aquellos peones del capitalismo que se saben comprados por un dueño. Al pensar esta palabra que indicamos con anterioridad es necesario recurrir a la voz helena πηγνυμι (pegnumi> penumi) que significa: meter, hundir, clavar, lo cual señala evidentemente al hecho de que algo está enterrado, como los minerales y metales materia prima con lo que se elaboraban antiquísimamente las monedas, la palabra πηγνυμι puede significar algún lugar enterrado, tal es el caso de los minerales interpretados desde antiguo como portadores de poderes ctónicos. Lo anterior refiere sin dudas a que el acuñar monedas es un acto del hombre, de la tierra, de los hijos del limo como diría Octavio Paz. Sumado a lo anterior recordemos que la ciencia encargada del estudio de la moneda se denomina: numismática, (fonéticamente guardan relación). Asimismo, en la lengua latina la expresión usada para referirse a un pago es: solutio, es decir que, pagar es un acto que genera soluciones. Así que, pagar nunca ha sido fácil, pero comprar sí. Qué chistoso.