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El sábado cuatro de julio de 2015, salió una nota en el portal sinembargo.mx que resulta muy interesante: (http://www.sinembargo.mx/04-07-2015/1393986). En la nota de Shaila Rosagel,  se resumía, que acorde a la interpretación de especialistas, la izquierda política y electoral se está haciendo vieja, y carece de atracción para los jóvenes; y por tanto los cuadros en la izquierda partidista no ven signos de renovación.

Los datos que avalan esta situación, están a simple vista cuando observamos que los líderes principales en la izquierda electoral (AMLO, Ebrard, Cárdenas, entre otros) sobrepasan ya los cincuenta años. Y el líder partidista más joven: Martí Batres de MORENA, tiene ya cuarenta y ocho años de edad. Y si bien no todos los jóvenes actuales son apáticos, pues varios participan en movimientos sociales organizados, como el movimiento 132 y sus células a nivel nacional; esta participación no suele aglutinarse en los partidos políticos de izquierda nacionales. Ya que esta es una participación más plural, pero casi siempre fragmentada, y que no se encamina por ninguna vía institucional.

La explicación de esta participación juvenil fragmentada que se da en la sociedad, puede partir de que en efecto; muchos jóvenes desconfían y con justificada razón, de cualquier vía política partidista. Ya que los partidos no son proclives a rendir cuentas, y la inclusión de jóvenes en los partidos grandes, se sectoriza con fuertes lazos de disciplina, y muchas veces de sumisión ideológica y de acción, a los líderes que ya no son jóvenes, y que poco o nada les importa la inclusión sustantiva de los jóvenes en política; o les importa solo cuando es por motivos estratégicos y electorales.

En la historia política de México podemos encontrar datos relevantes al respecto. Como cuando el Presidente de México; Miguel Alemán Valdez creó en su sexenio el sector juvenil del PRI a la par del sector femenil[1] (Martínez, 2015: 54), debido a que la inclusión de estos sectores era ya impostergable en el ejercicio de la política nacional. Como efecto de esta decisión, accedieron a puestos reales de representación y participación política, los primeros jóvenes y mujeres en México. Aunque la vía de acceso se restringía  a través de estos órganos del PRI como partido hegemónico.

No resulta entonces muy desatinado, pensar que los jóvenes que quieren participar en política lo tengan que hacer a través de las instituciones internas de los partidos. Esto puede resultar difícil para el joven que tenga iniciativas propias; pues en los partidos muchas veces se llega a restringir su libertad de acción, y además, no pocas veces los intereses jóvenes colisionan con los de los líderes. Que como mencioné antes, no siempre están dispuestos a apoyar las causas juveniles dentro de sus partidos.

Si bien el ex Presidente chileno, Salvador Allende Gossens decía que “ser joven y no ser revolucionario resultaba una contradicción hasta biológica”, ello no implica que todos los jóvenes adopten dentro de la participación política actitudes en efecto revolucionarias, o que se distingan de las prácticas y modos de hacer política de los veteranos políticos profesionales. Es por ello que en la izquierda resulta muy importante que los jóvenes tengan actitudes proactivas y propositivas. Que no solo repliquen el discurso del “líder” de una forma literal y acrítica, como si este fuese un viejo-sabio que no se equivoca. Pues parte del sentido de esta frase de Allende, destaca la capacidad crítica de los jóvenes; el que estos cuestionan los proyectos, y debaten las ideas ante todo, de una manera casi natural.

Allende, también decía que había “jóvenes-viejos, y viejos-jóvenes”, y que en la última categoría se encontraba él. Tenía razón. Él llegó al poder con su proyecto de gobierno y su partido socialista, de la mano del plural frente de izquierdas partidistas que fue la Unidad Popular; e implantó un proyecto revolucionario. Que con mucho optimismo, digno de cualquier joven; buscaba mejorar las condiciones de vida que eran de profunda desigualdad, y en la cual se encontraban los sectores populares y trabajadores de Chile a principios de los años setenta. La historia es conocida sobre el destino trágico e injusto para Allende y su Gobierno. Y sin embargo ese Presidente socialista de Chile, logró a sus sesenta y cinco años ser un ejemplo de lucha y sacrificio, apto para todo joven que se identifique con la izquierda social y política.

Lo anterior obliga a una reflexión. Y esta es que, hay jóvenes que en la izquierda política; sea ésta partidista o no, luchan por una sociedad más justa y menos desigual. Yo conozco a muchos que merecen todo mi respeto porque hacen y defienden lo que piensan. Estos jóvenes más allá, de encasillarlos en una retórica romántica de que representan “una esperanza para un mejor mañana”; tienen todas las posibilidades de distinguirse de las viejas y sucias prácticas de la política nacional. De construir prácticas y acciones políticas inclusivas y propositivas, que con debates y defendiendo ideas, se ganen las preferencias políticas de los ciudadanos, que cada vez se cansan más de los discursos planos y monocromáticos de los partidos y los políticos tradicionales. De diferenciarse con hechos de muchos políticos, que en otros partidos, a pesar de su juventud, no se desmarcan nunca de las formas y mañas de los lideres de mayor edad y mayor “colmillo”.

Sin duda hay posibilidades de liderazgo, y de formación de nuevos cuadros políticos en la izquierda en México. Porque en muchos lados hay iniciativa y trabajo político de jóvenes tanto dentro como fuera de los partidos. Y poco a poco empieza un relevo generacional que en la izquierda mexicana será inevitable. Claro está, que un reto enorme para estos jóvenes de izquierda, será encontrar puntos de unión entre las múltiples facciones encontradas en la misma izquierda. Es por ello que importa tener una actitud proactiva y de respeto a otras posiciones políticas, tanto dentro de la izquierda como fuera de esta. Hace bien que el joven en la izquierda tenga una actitud de respeto y tolerancia a los contrarios; ya que tales valores de consenso, no significan “traicionar o vender” los principios que buscan construir una sociedad mejor.

 Importa entonces unir a la izquierda a través del consenso de ideas, y no tanto en lo que dicten sus líderes supremos. Y aunque esto parezca casi imposible de lograr, se tendrá que intentar si se quiere fortalecer a la izquierda electoral.

Al menos en SLP, hay ejemplos de varios jóvenes que participaron desde partidos de izquierda y obtuvieron resultados electorales nada despreciables. Y a estos resultados llegaron con prácticas de intenso trabajo político. El cual resultó ser un trabajo de contenido político de calidad; pues no solo compartieron sus propuestas y propaganda, sino que, argumentaron cómo éstas se concretarían y por qué eran necesarias. Al menos en MORENA SLP, todos sus jóvenes candidatos hicieron un trabajo sobresaliente, que merece una continuidad firme y explicita en sus futuras dirigencias y cuadros.

En conclusión, hay oportunidades para los jóvenes y la izquierda política en México. Más allá de que a los jóvenes se les encamine a seguir al pie de la letra las acciones e ideas de los grandes y viejos líderes políticos; la invitación está abierta para que los jóvenes construyan, propongan y defiendan sus propias ideas. Lo cual no implica una confrontación generacional en estricto; sino, hacer valer el derecho a diferenciarse del resto de las formas políticas corruptas que se dan en nuestras instituciones políticas, y en la práctica de la política real. Ya que si como jóvenes no esperamos cambiar estas prácticas, no tendremos resultados distintos en el futuro.

En lo personal, pienso que la izquierda y sus jóvenes están obligados a cambiar las malas prácticas, a diferenciarse de ellas. Desde sus espacios y con actitudes proactivas; demostrar que son una opción viable para construir prácticas políticas distintas, y convencer al ciudadano. De demostrar que sí serán capaces de combatir los grandes vicios en nuestras instituciones políticas. Si se reproducen prácticas distintas, sin duda algo positivo podrá cambiar en las instituciones y el juego político

[1] Véase el ensayo: “El sexenio alemanista, optimismo y represión” de Carlos Martínez Assad; en Revista Relatos e historias en México, Año VII, Número 82.

Hector Alonso Vázquez
Hector Alonso Vázquez
Politólogo por la UCEM; Candidato a Maestro en Asuntos Politicos y Políticas Públicas, por el COLSAN.