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Kate y ‘El Chapo’

Mariana Hernández Luna

El pasado 20 de octubre fue lanzado el documental Cuando conocí al Chapo: La historia de Kate del Castillo, una serie de tres capítulos que narra la versión de la actriz mexicana sobre el origen y consecuencias de su encuentro con el capo de las drogas más famoso y mediático del mundo, el sinaloense Joaquín Guzmán Loera El Chapo.

Conozco poco sobre Kate del Castillo. Admito que nunca he visto ninguna de sus telenovelas, series o películas, salvo pequeños fragmentos, por lo que no me atrevería a emitir una opinión respecto a su calidad actoral. Supe que fue exitosísima la versión que se hizo para la televisión de La reina del sur del escritor español Arturo Pérez-Reverte y en la que ella interpretó a Teresa Mendoza, la protagonista de la novela. Hay quienes dicen que luego de ese protagónico, Kate pasó de la empatía por los personajes inmersos en el mundo del narcotráfico a la justificación de los mismos, incluso a la admiración.

El comportamiento y la conducta criminales, como lo es el de los narcotraficantes, pueden ser entendibles, comprensibles, su conocimiento puede ser útil desde el punto de vista científico, psicosocial y antropológico, sin embargo, no pueden justificarse los delitos cometidos por los criminales.

No descarto que el mundo criminal resulte seductor en tanto que empodera a personajes que en algún momento fueron víctimas circunstanciales de su contexto socioeconómico y, una vez superada la condición de víctima, les convierte en una especie de vengadores, al margen de la ley, contra un sistema social y político opresor que es responsable de la génesis tanto de su victimización inicial, como de su criminalidad.

El Chapo era ya un personaje mítico en el imaginario colectivo cuando Kate lanzó aquella serie de polémicos tuits en 2012 dirigidos a él que se viralizaron y la pusieron, repentinamente, en la mira mediática y del famoso narcotraficante.

Con la intención de obtener los derechos para filmar la vida de Guzmán Loera, Kate pacta una visita clandestina con él en octubre de 2015. La acompaña el actor estadunidense Sean Penn quien realiza una entrevista al Chapo y que sería publicada en la revista Rolling Stone el 9 de enero de 2016, justo un día después de que el narcotraficante fuera capturado por tercera ocasión. Suceso que generó una tormenta de especulaciones acerca de si aquella visita habría sido el motivo por el cual se le logra ubicar y recapturar.

Considerando que gran parte de la vida de Kate ha transcurrido en foros de televisión, recreando múltiples personajes ficticios y, particularmente, alimentándose de guiones de telenovela resulta fácil suponer que no alcanzase a dimensionar lo que su encuentro con el Chapo traería a su vida.  Supongo que para ella fue, inicialmente, recrear una excitante secuencia cinematográfica.

Para mí Kate no es una heroína, tampoco una criminal desalmada. Creo que se dejó seducir por un mundo ficticio que idealizó a través de las telenovelas y el cine en donde las balas son de salva y la sangre es falsa, no la considero malintencionada, creo que incluso ahora continúa intentando comprender el gran lío en el que se metió sin haber advertido las catastróficas consecuencias legales, mediáticas, laborales, personales y familiares que su encuentro con el Chapo le traerían.

Llorosa confirma en la serie haberse autoexiliado en Estados Unidos por temor a las represalias y la persecución que iniciara contra ella el gobierno de México.

El documental pareciera confirmar la percepción de un gobierno vengativo y malicioso; de un Sean Penn oportunista, desleal y ventajoso; nos pinta a un capo de las drogas seducido por una fantasía de telenovela y nos presenta a una actriz que pecó de ingenua y también de vanidad.

La serie presenta la versión de ella sobre lo sucedido antes, durante y después de su encuentro con el Chapo, es una versión subjetiva a la que secundan voces como las de Lydia Cacho, Sanjuana Martínez, Epigmenio Ibarra, el abogado Andrés Granados, algunos de sus amigos y compañeros actores y actrices, su familia, así como periodistas y analistas.

El testimonio audiovisual exhibe a una actriz víctima de su propia vanidad que se puso en la mira de un gobierno incompetente e incapaz no sólo de acabar, sino de controlar siquiera los estragos provocados por la delincuencia organizada.

Tenemos una visión frívola si nos atenemos al complejo entramado que posibilita la existencia del narcotráfico y del crimen organizado en México, de las catastróficas consecuencias que ello nos ha traído y la ineludible colusión que existe entre los criminales, los cuerpos de seguridad y el gobierno de todos los niveles.

No cabe explorar o preguntar siquiera por lo realmente importante como lo son las raíces o las condiciones que han permitido el surgimiento y expansión de ese mundo criminal que nos ha permeado como sociedad ni tampoco profundiza en las lacerantes consecuencias que tiene en nuestra cotidianeidad ya sea por asesinatos, secuestros, torturas o extorsiones.

Al finalizar la serie sentí náuseas porque hay una visión moral distorsionada y torcida. Kate del Castillo no es una luchadora social ni es defensora de los derechos humanos, nunca lo ha sido, no es una periodista como Carmen Aristegui o como cualquiera de los periodistas que han sido asesinados en el país, tampoco es una reputada analista, no es la propia Lydia Cacho o el padre Solalinde. No niego que sea bien intencionada y que como millones de mexicanos esté harta de un gobierno represor, corrupto e incompetente.

Sin embargo, me resulta pretencioso y pernicioso que se aventure a asumirse como una víctima “atropellada” por el gobierno mexicano que padece las mismas injusticias que millones de mexicanos, mientras de fondo observamos imágenes de una marcha exigiendo la aparición de los 43 desparecidos de Ayotzinapa.

Me sigo preguntando si realmente podemos considerar a Kate del Castillo como una víctima igual a los miles de mexicanos que han padecido encarcelamientos injustos, desapariciones forzadas, tortura o persecución política durante el sexenio peñista.

Mariana Hernández Luna
Mariana Hernández Luna
Originaria de San Pedro, Coahuila. Licenciada en Ciencias Humanas en la Universidad Iberoamericana y Maestría en Estudios Humanísticos en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Experiencia laboral en dependencias municipales y en el Sistema Nacional DIF y como docente en todos los niveles educativos