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  • El testigo Ricardo Sevilla
  • Uno-dos con marca 4T
  • “Oposición” tipo Venezuela

Julio Hernández López

El señalamiento acusatorio de mecanismos de financiamiento empresarial, colindantes con el lavado de dinero, para atacar mediante propaganda sucia a adversarios políticos y electorales, llevó ayer al principal señalado, Enrique Krauze, a sacar una virtual bandera de paz al deponer su anterior amenaza de ir a tribunales contra la diputada Tatiana Clouthier por los señalamientos hechos en un libro y luego reforzados por una detallada nota en el diario Eje Central, dirigido por Raymundo Riva Palacio, y por una confesión en forma de artículo que el editor Ricardo Sevilla dio a Aristegui Noticias para su publicación. La libertad debe enfrentarse desde la libertad, ha dicho, en términos generales, el historiador y empresario cultural Krauze, luego que en entrevista radiofónica Ciro Gómez Leyva le preguntó si aceptaría el reto de la hija de Manuel J. Clouthier de resolver en instancias judiciales el diferendo actual.

Sevilla ha aportado detalles inicialmente muy convincentes respecto a la acometida orquestada desde una casa en la calle Berlín, de la colonia El Carmen, en la Ciudad de México, en la que asegura que participaron el citado Krauze (como autor irónicamente intelectual), uno de sus principales allegados, Fernando García Ramírez, y, como supuestos financistas, Agustín Coppel, del grupo de tiendas departamentales que lleva ese apellido, Alejandro Ramírez, de Cinépolis, y Germán Larrea, del Grupo México, en un remolino de personajes en escena que, según lo dicho por el citado Sevilla, quien asegura estar dispuesto a ir a tribunales a confirmar sus declaraciones hasta ahora solo mediáticas, incluyó a Margarita Zavala y a Consuelo Sáizar (hasta antes de que la derecha se decantara por Ricardo Anaya y no por la candidata de Felipe Calderón Hinojosa) en la lista de visitantes a la mencionada casa de Berlín.

Uno-dos con guantes marca 4T: primero fue el caso del financiamiento irregular y presuntamente delictivo del documental sobre el populismo en Latinoamérica, que fue promovido en México con evidente ánimo propagandístico inmediato, no para que fuera visto el contenido pero sí la fotografía (difundida de manera masiva, incluso en medios de transporte público) en que se presentaba a López Obrador junto a Hugo Chávez y Lula.

No es que, a fin de cuentas, fuera punible la oposición a la candidatura presidencial del tabasqueño. Pero sí el financiamiento delictivo de empresas a actividades con evidente intención electoral: OHL, el gobierno del Estado de México, Gabinete de Comunicación Estratégica (dirigido por Liévano Sáenz y Federico Berrueto) y, de manera especial, el anterior genio de la conversión de dinero público en campañas políticos y electorales a gusto del cliente, Alejandro Quintero, antes vicepresidente de Televisa.

La trama que involucra a Krauze resulta peor, pues golpea en el centro de flotación a un equipo y un personaje que pretendieron constituirse en una presunta avanzada democrática y, ante el avance de López Obrador, en una resistencia “civil” que incluso ahora busca etiquetas de victimización al estilo de los grupos adversos en Venezuela a Hugo Chávez y, ahora, a Nicolás Maduro: el ciudadano inerme ante los abusos del poder, proclaman quienes hasta hace poco y durante décadas fueron beneficiarios de ese poder y constructores o cuando menos cómplices ideológicos e intelectuales de la construcción del México de desigualdad, corrupción, impunidad y violencia que ahora les aterra.

El tema tuvo una concertación evidente en cuanto a presentación en escena: primero el libro, que contenía a título hipotético (“se presume”, se escribió en varios de los párrafos clave del libro) los detalles de las revelaciones que luego publicaría Eje Central y finalmente asumiría quien se ha declarado testigo de los hechos, el citado Ricardo Sevilla. Y, ante ello, el principal señalado, Enrique Krauze, desestimando de entrada que vaya a concurrir a tribunales para esclarecer el asunto, como lo había anunciado en una primera reacción.

No se ve, al menos en estos primeros escarceos, que la oposición a López Obrador vaya a encontrar en Krauze el personaje que los nuclee y les de presencia nacional y, sobre todo, internacional. El peso de los hechos cae en la balanza judicial, tal vez con eventuales castigos menores, pues las leyes no son rigurosas en todos los casos constitutivos de financiamiento delictivo de particulares a actividades con impacto electoral.

A José Luis Barraza, un empresario de Ciudad Delicias, Chihuahua, que había sido puesto como “presidente” de Coparmex a nivel nacional, le pagaron con la presidencia del consejo de administración de Aeroméxico el papel de cómplice en el fraude electoral contra López Obrador en 2006. En 2019, lo que se busca es que no haya más fraudes ni más uso de recursos empresariales para distorsionar la voluntad electoral. No es venganza ni es manipulación, es un intento de justicia. Ojalá no quede solo en amago para posteriores renegociaciones políticas.

Importante, la intención anunciada ayer por AMLO de que “el Estado ya no proteja a escritores, que no haya intelectuales orgánicos; es decir, que, si los conservadores quieren tener a sus ideólogos, que ellos los financien, que no sea el Estado. Si los liberales quieren tener a sus ideólogos, pues, que ellos los financien o que los intelectuales, conservadores o liberales, se financien ellos mismos”. A esa frase añadió que lo reprobable, en todo caso, es que el Estado financie a escritores o periodistas que son “defensores del régimen; que no haya escritores asalariados al servicio del régimen”.

Y, de tener continuidad y verdadera aplicación, será oportuna la andresina “recomendación, respetuosísima: que no nos pasemos de la raya, que no se le falte al respeto a nadie, que se cuide lo que tiene que ver con la dignidad de las personas. Por ejemplo, que se critique el planteamiento o lo que se está argumentando pero que no sea a la persona, a sus creencias o a su forma de ser, y nada de odios”.  ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.