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La agenda de la ciudadanía

Guillermo Luévano Bustamante

L a semana pasada diversas organizaciones sociales con causas diferentísimas entre sí, pero concurrentes en su actuación e incidencia en el campo de los derechos humanos, principalmente, presentaron la “Agenda ciudadana” a las personas candidatas a la alcaldía de San Luis Potosí.

Agrupadas en torno a la iniciativa “Lupa ciudadana” que cuenta con una plataforma virtual (www.lupaciudadana.org.mx) en la que difunden las curriculas de las personas detrás de la candidatura a diferentes cargos de elección popular en San Luis Potosí.

La “Agenda ciudadana” recoge reivindicaciones relacionadas con los derechos de las personas con discapacidad, con la movilidad sustentable, con los derechos de las personas jóvenes, con la perspectiva de género, con los derechos relacionados con la diversidad sexual.

El ejercicio es valioso no porque asegure el cumplimiento inmediato de las demandas, sino porque asegura una forma organizativa de la sociedad que no depende de los partidos políticos, porque ha logrado hacerse escuchar en vez de solo asistir pasivamente a oír los discursos de los partidos políticos. La pasada elección de ayuntamientos se probó este ejercicio en San Luis Potosí, hasta donde recuerdo todos los candidatos a la presidencia municipal se comprometieron a dar seguimiento a las propuesta elaboradas por las organizaciones. El candidato electo, Mario García Valdez, no atendió, sin embargo, las peticiones. En ellas se formulaba la necesidad de desplegar políticas de inclusión de la perspectiva de género, de personas con discapacidad, de los temas y la agenda de las agrupaciones que resisten desde la diversidad sexual, la necesidad de destinar presupuestos específicos para la movilidad sustentable, entre otras.

No obstante aquel incumplimiento abierto por la administración actual, la agrupación de las organizaciones sociales que confluyen en este esfuerzo, significa modos diferentes de entender y hacer la política: una acción afirmativa de reconocerse como personas integrantes de la comunidad política, un seguimiento y vigilancia de las políticas públicas de las administraciones locales, la denuncia de las prácticas lesivas de los derechos humanos en casos específicos.

Que no se trata de hacer mártir o víctima a la sociedad civil, ni de que por no pertenecer a un partido político se posee un halo de pureza y bondad. La valía de la organización cuidadana radica en la posibilidad experimental que se dota a sí misma. Puede cometer errores, puede fallar, pero atreverse a probar seguro vale la pena.

Se trata entonces de reconocer que hay muchas formas de ejercer la ciudadanía y de hacer política. La ciudadanía no se ejerce solo mediante el voto y el voto no solo sirve para elegir. Creo que no basta con desconfiar como hacemos naturalmente de las élites políticas para construir sociedades más humanas, ni bastarán seguramente los observatorios ni las agrupaciones, pero sí que son medios de asegurar que quien está en los cargos de elección se sepa bajo vigilancia, eso puede acotar un poco la vocación opaca de las desviaciones políticas de los Partidos electorales. Un poco al menos, en lo que pasa el vendaval y el desencanto, en lo que se consolidan los esfuerzos mayúsculos que ayuden a poner fin al periodo oscuro por el que atravesamos.

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.