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La ausencia de autoridad

Carlos López Torres

Preocupante desde el punto de vista que se le quiera ver, resulta el reconocimiento expreso de la existencia prolongada de un vacío de autoridad que, como ocurre siempre en política, alguien tiende a llenar.

Por supuesto, es la autoridad misma quien lejos de reconocer su débil e insuficiente ejercicio, se empeña casi siempre en reconocer su ausencia hasta que finalmente la terca realidad impone su criterio, lamentablemente cuando el costo ha sido inevitablemente alto.

Los ejemplos de lo anterior menudean, aunque en este país de desaparecidos, perseguidos, asesinados y torturados, algunas comisiones de delitos cotidianos contra la indefensa ciudadanía, quisiera verse y que los ciudadanos los viéramos, como algo menor en relación con las atrocidades ocurridas en otras entidades.

Sin embargo, cuando los grupos de ciudadanos, cansados e inconformes con la pasividad o incapacidad de la autoridad para brindarles protección, hacen sentir su intención de empezar a hacerse justicia por cuenta propia, entonces la autoridad propiciadora de mensajes de impunidad a la delincuencia, de inmediato condena o se lamenta de que por la mente de los afectados cruce la idea de hacerse justicia por propia mano.

Así por ejemplo, para el diputado J. Guadalupe Torres Sánchez, aunque la acción directa de la ciudadanía contra los delincuentes es preocupante, ello ocurre, dice, ante un vacío de autoridad de quienes son responsables de aplicar la justicia y también garantizar la seguridad de las personas.

Pero no sólo se trata de garantizar la seguridad de las personas, sino de sus bienes y pertenencias de las que son despojados constantemente, ante una ausencia notable de la autoridad. Uno de los temas que de manera reiterada se informa, por ejemplo, tiene que ver con ese ancestral problema del creciente abigeato con la consabida tendencia prevaleciente entre los cientos de ganaderos afectados a no denunciar ante la evidente ausencia de autoridad.

En otros temas, derivados de la crisis de la falta de seguridad especialmente en la capital y su zona conurbada, como el creciente fenómeno del pandillerismo, cuya cifras estarían ya entre las 480 o 500 pandillas, de las cuales 280 estarían ligadas con actividades delincuenciales de alto impacto, no existe un diagnóstico preciso y completo según Luis Osorio Saldívar, coordinador de la carrera de criminología de la Facultad de Derecho de la UASLP.

Lo anterior, dice el también investigador, impide tener “las condiciones para integrar una acción preventiva dado que no son lo suficientes”, refiriéndose a la carencia de un diagnóstico apropiado respecto a la incidencia delictiva de las pandillas y la ausencia de autoridad en esa materia.

Más aún, la tendencia a la incorporación de manera masiva de menores en la actividad pandilleril, no sólo no ha merecido la puesta en marcha de algún proyecto de investigación como lo señala el investigador Osorio Saldivar, sino que ha demostrado la ausencia de políticas públicas para abordar la temática de manera integral, así como el papel del Tutelar para Menores en estos nuevos tiempos. El tema no sólo es importante, sino impostergable su tratamiento. ¿Será capaz la burocracia de mostrar un poco de sensibilidad o preferirá mantenerse ausente, en el limbo?