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La batalla por la capital

Óscar G. Chávez

M ientras en los modelos ideológicos de los partidos se observa la tendencia progresiva y galopante hacia el agotamiento, los dinámicos movimientos proselitistas propios de estas épocas, parecieran estar encaminados a proyectar por encima del mismo partido a los personajes que compiten por alguno de los cargos de elección popular.

En el primero de los casos podemos observar que la intolerancia como premisa cultural es la que se ha ocupado de hacer notoria la falta de adaptación de sus propuestas en función a las necesidades del momento por el que atraviesa el país. Así, la defensa a ultranza de determinados preceptos existentes en las bases de alguna organización partidista, en estos momentos se ha extendido de manera general a la totalidad de ellos.

Lo que con anterioridad era un sello distintivo de la derecha reaccionaria, se ha extendido de una forma sorpresiva a las filas de la izquierda progresista. Esto sólo puede explicarse desde los parámetros que en ambos casos pudiera implicar el desgaste de dichos modelos y que si bien el enfoque idealista los exige como lo deseable y necesario, en la práctica se demuestra que no hay un mayor interés por parte de estas instituciones para adecuarse a lo requerido por los electores.

Es este rechazo de las cúpulas y sus integrantes lo que ha obligado a la fabricación de los artificiales modelos que han personificado en los contendientes que los representarán dentro del cercano proceso electoral. Es por ende más redituable en materia de votos lograr adaptar a algún personaje y otorgarle un aparente estilo personal y distintivo para obtener la figura de lo que pudiera ser considerado el candidato ideal, que pretender –y lograr– modificar los puntales ideológicos de los respectivos partidos.

Si bien el riesgo es alto dado que el margen de asociación con personajes no gratos pudiera ser muy alto, también los ingredientes particulares del candidato serán los que le permitan alejarse en apariencia y en la medida de lo posible de las bases orgánicas y de sus miembros, así como auto construir el sello particular de su campaña, aunque en lo subsecuente y ya en el desempeño del cargo retorne a sus verdaderos orígenes.

En este sentido se emitirá el voto por una figura ideal y deseable, mas no por un personaje de dimensiones reales, que logró proyectar una imagen prefabricada e impuesta por su partido y los encargados de su proyección personal.

El caso más representativo es el del anterior candidato a la presidencia de la República, hoy su presidente, quien logró proyectar y afianzar una imagen que encontró hospedaje en una gran parte del colectivo nacional que fue seducido por la pareja fabricada por su aparato de mercadotecnia. Inexistente realidad aquella; real tragedia la que atraviesa en estos momentos nuestra institución presidencial.

No hay marcha atrás, el personaje una vez afianzado en el cargo de mayor investidura a nivel nacional, ha demostrado un retorno absoluto a sus orígenes personales, partidistas y del grupo gansteril que posibilitó su llegada.

* * * * * *

Dentro de la contienda electoral que se desarrolla por la alcaldía de la capital potosina, pareciera que la batalla definitiva, la batalla por la capital, será librada entre dos de los contendientes.

Iluso es pretender que la totalidad de los participantes propuestos tienen las mismas posibilidades que el resto, la aparente confrontación de uno contra siete es una ridícula pantomima impulsada por la autoridad electoral, en la que los partidos políticos y sus candidatos realizan grotesco desempeño.

Nunca en la historia de los procesos electorales de la alcaldía capitalina se había observado la participación de tal número de aspirantes, mismos que parecieran –en muy absurda apariencia– no percatarse de la realidad de sus alcances.

No es necesario ser un especialista en materia electoral para percibir que la verdadera contienda será la que entablen los candidatos de Acción Nacional y de la Revolución Democrática, Xavier Azuara Zúñiga y Ricardo Gallardo Juárez. Ambos vinculados a intereses no deseables para nuestra ciudad capital.

En Azuara, cooptado e impulsado de forma abierta por el ex gobernador Marcelo de los Santos, se observa una mediocre carrera política que se reduce a su tránsito por una dependencia menor dentro de la gestión gubernamental de su protector, y el deslucido tránsito por las cámaras legislativas local y nacional. Sin embargo y a pesar de no ser un político con experiencia en la administración pública, ha logrado construir en su entorno la imagen de un político fresco sin vínculos que pudieran entorpecer su gestión frente a la alcaldía, con la única premisa de entregarse y servir a sus electores, la gente buena de la capital.

El caso de Ricardo Gallardo es opuesto de forma diametral al del anterior. Hombre de empresa y con una aguda visión política que supo formar una intrincada red de clientelismo y vínculos afectivos y familiares que apuntalaron el éxito de su gestión como alcalde del municipio de Soledad. Visión y éxito que fueron más allá de su periodo y le permitieron encumbrar a su hijo como sucesor en el cargo, y de una forma cínica y al estilo de los grupos caciquiles prohijados por el Revolucionario Institucional en origen, y luego por el de la Revolución Democrática, apropiarse de una forma gradual del partido político que de ser el que lo proyectó, invirtió su rol para convertirse en el coto privado del empresario avícola.

Los golpes políticos y mediáticos que representaron la aprehensión y encarcelamiento de su hijo, quien de una manera fantasiosa aspiraba a la gubernatura del estado, al igual que los señalamientos que lo asociaban con grupos delictivos, ha sabido sortearlos y posicionarse por encima de ellos.

Son estos dos personajes quienes disputarán el sufragio de los electores de la capital. Si bien Azuara contará con el voto garantizado de una gran mayoría de los votantes de Tequis hacia las Lomas, es cierto que también deberá compartirlo con el sector que ha puesto sus esperanzas en Manuel Lozano Nieto, candidato priísta vinculado –a pesar de haber marcado distancia– con la ex alcaldesa Victoria Labastida.

Gallardo por el contrario encontrará carro lleno en las colonias populares conurbadas a su antiguo feudo político, y en el que al parecer también alcanzará la alcaldía el candidato por él impuesto. Se sumarán a este voto otras colonias populares de los extremos sur-oriente y norte, así como las delegaciones políticas.

Aunque la batalla de la capital se dará entre dos en igualdad de circunstancias, sólo uno de ellos será el triunfador, y en ambos casos –al margen del elegido– la gran perdedora será nuestra ciudad que una vez más será entregada al gansterismo político.