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La quinceañera no tiene la culpa

Jaime Nava

A finales de noviembre apareció un video en donde un señor de sombrero negro, que más tarde supimos se llamaba Crescencio Ibarra, extendía una invitación a los quince años de su hija Rubí Ibarra García junto a su esposa Anaelda García. Se compartió y reprodujo millones de veces logrando sorprender a los potosinos con la existencia de un lugar conocido como La Joya y el municipio de Villa de Guadalupe. El humor colectivo de Internet se apropió de la invitación, dirigida en principio sólo para los habitantes de la comunidad, y finalmente se convirtió en la fiesta pública del año.

Personas de todo el mundo se apuntaron como asistentes a la pachanga al tiempo que la presencia en medios de comunicación de Rubí y su familia se hacía cada vez mayor. Televisoras, productores, políticos y empresas vieron en Rubí la oportunidad para elevar sus ventas. Y, llegado el día, todos disfrutaron del festejo más que la propia quinceañera. “Los invitamos este 26 de diciembre a los quince años de nuestra hija Rubí Ibarra García…” dice Crescencio al comienzo del video que lanzó a su familia a la fama. Sin saberlo, Crescencio también estaba señalando la fecha de caducidad del impensable producto mediático al que quince años antes decidió llamar Rubí.

A Villa de Guadalupe llegaron miles de personas de casi todos los estados de la república y un número pequeño de extranjeros. El fenómeno Rubí se convirtió en el atractivo turístico principal de San Luis Potosí, estado conocido por ser en donde “nunca pasa nada” y para que nuevamente las redes sociales se inundaran con el nombre de la festejada, empresas privadas aprovecharon las carencias en materia de comunicación que existen en la región para llevar hasta La Joya redes móviles a un costo de 100 pesos la hora.

Para que más de dos mil desconocidos comieran y bebieran hasta hartarse, Rubí recorrió sets de televisión, se reunió con autoridades, recibió llamadas de políticos oportunistas y tuvo que posar junto y para proveedores o patrocinadores a quienes una foto con la joven les garantizaba ahorros millonarios en publicidad o el mejoramiento de su imagen, excepto en el caso del gobernador de San Luis Potosí, Juan Manuel Carreras López, quien fue duramente criticado en medios por ausentarse durante la crisis por desabasto de gasolina y aparecer en una fiesta con el problema aún vigente.

En su propia fiesta a Rubí se le vio sonreír poco, ni tiempo tuvo para sentarse a comer pastel porque tenía que cumplir con la agenda publicitaria de los mecenas de su evento. Sus invitados únicamente trataban de llamar su atención para tomarle una foto o para pedirle que se inmortalizara junto a ellos. Pocos la felicitaron y un buen número de asistentes se dedicaron a cazar a alguien que fuera o pareciera famoso para poder saborear un pedazo de la fama de Rubí aunque sus reflectores sólo consistieran en sus círculos de amigos.

Las redes sociales ardieron al saber que la fiesta de Rubí no había sido un fracaso en términos numéricos. ¿Por qué esperaban menos de un producto que las propias redes ayudaron a crear? Si San Luis no se hubiera quedado sin gobernador y sin gasolina, tal vez la indignación habría sido menor. Cierto es que existe un hartazgo social importante y el desabasto de combustible vino a despertar la furia de un sector de la población acostumbrado a vivir con sus privilegios intocados.

A Rubí la aprovecharon todos quienes fueron para hacerse la foto o para vender estampas con su nombre y playeras. Vendedores de espacios para acampar, acomodadores de autos, grupos musicales, empresas y medios de comunicación. Hasta su padre y hermana de quienes se dice aspiran a contender por la presidencia municipal de Villa de Guadalupe y Charcas, respectivamente.

Mientras cientos de personas hacían largas filas con tal de seguir desplazándose por la ciudad en su vehículo, el gobernador utilizaba un helicóptero para comer junto a Rubí. Nadie le dijo a Carreras que la sensación en la calle es que él “no ha hecho nada” y que Rubí sólo es un fenómeno viral, no una joven carismática que destaque especialmente por algún talento, razón por la cual ni ella podría acrecentar su popularidad si continúa escondiéndose cada vez que el estado que él pidió gobernar atraviesa por una crisis.

¿Quién se acuerda del “mercadólogo del futuro” que vendía empanadas en la playa o de la caída de Édgar? Existen más de diez años de diferencia entre la publicación de los videos y ambos sólo comparten la efímera virulencia que los hizo aparecer frente a millones de pantallas para luego ocupar un lugar más en el olvido. Lo mismo ocurrirá con Rubí a pesar de que las mismas personas que se sienten ofendidas por la atención mediática que recibió su fiesta, son quienes se niegan a dejarla morir, pues la única regla clara en los asuntos virales es que estos fallecen cuando se les deja de mencionar.

Cuando manifestarse en las calles se convierta en una tendencia viral, será cuando promesas como la disminución de costos de gasolinas se materialicen en la realidad y no como hasta ahora ha ocurrido con la desmovilización aprovechada por quienes gobiernan para subastar bienes nacionales a costa de la pobreza de quienes aquí vivimos. Y la culpa no es de Rubí ni de quienes dedican tiempo a los asuntos banales; sino de quienes son capaces de acudir a la “fiesta del año” pero se quedan sin energía para defender sus derechos junto a otros.

Han pasado 365 días sin que se sepa el paradero de la pequeña Zoé Zuleica Torres Gómez.

¡Que la UASLP baje los costos de posgrados y licenciaturas! #EducaciónParaTodos

¡Ni un día más en el silencio, ni un día más sin Carmen Aristegui!

@JaimeNavaN

Jaime Nava N.
Jaime Nava N.
Estudiante de maestría en Derechos Humanos por la UASLP. Activista en Amnistía Internacional.