Ha revocado SCT 24 licencias a operadores de camiones en 2014
23 noviembre, 2014
éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo
Más puntos de tensión
24 noviembre, 2014

La decadente política tradicional

Carlos López Torres

A unque no deja de reconocerse la gravedad de los hechos horrendos de Iguala, Guerrero, lo cierto es que la clase política local sigue actuando como si el país fuera el mismo después de aquella trágica noche de asesinato y desaparición forzada de 43 normalistas, a cargo de las corporaciones policiacas de los municipios de Iguala y Cocula, coludidos con el grupo delincuencial Guerreros Unidos con quienes desde hace años han cohabitado, a ciencia y paciencia de sus superiores municipales, estatales y federales, es decir, el Estado.

Como si ello no hubiera evidenciado suficientemente la incapacidad de los gobernantes de todos los niveles y puesto en jaque las débiles instituciones, los políticos del “sistema” a nivel local le apuestan al olvido y la resignación de la sociedad con la pretensión de que el descontento y la inconformidad social no los distraiga de su objetivo principal: lograr unos comicios tranquilos y copiosos, de tal suerte que ello les permita ganar los espacios en juego para mantenerse en el poder.

No se han atrevido, por supuesto, a llevar a cabo una encuesta sobre el nivel de popularidad después de la matanza de Iguala, de los partidos políticos, de los políticos que ambicionan llegar a cargos de elección popular, de los diputados que integran la Legislatura local y del Poder Ejecutivo y su pésima administración. Sólo han atinado a balbucear alguna opinión para reconocer el ejercicio ciudadano movilizador, aunque pretenden cubrir la responsabilidad de Peña Nieto y sus torpes funcionarios.

No hacer olas, pareciera ser la consigna. Sin embargo, en medio de la tragedia de Ayotzinapa y las propias como la educativa ya reconocida por el gobernador Fernando Toranzo, así como la de la pobreza reconocida por el obispo de la Diócesis de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez, en su reciente visita a nuestra capital, los gobernantes se preparan para concluir sus respectivos mandatos con el inicio del consabido año de Hidalgo y el uso de recursos públicos, así como la representación que ostentan, con tal de ganar votos para sus respectivos partidos y candidaturas.

Los presupuestos de egresos para el 2015, especialmente el del gobierno del estado ideado con un sentido electorero, toda vez que según el titular del Ejecutivo se enfatizará en la inversión social, es decir, en el fortalecimiento del clientelismo tricolor, lo único que transparenta es que en los meses que le quedan de gobierno no se resolverán los graves problemas de la pobreza que, como lo atestiguan las declaraciones de Armendáriz Jiménez, ha trascendido los límites del estado.

Cómo andarán las cosas en la rebajada política tradicional potosina, cuando ante el llamado del vicario general de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, Benjamín Moreno Aguirre, dirigido a los ciudadanos “con espíritu de servicio que no busque otros intereses”, “para que se destapen”, el primero en levantar la mano fue el secretario general de la sección 26 del SNTE, Ricardo García Melo, para declarar el apoyo del sindicato a muchos de sus compañeros que en todos los municipios buscan llegar a puestos de elección popular, en lugar de hacer alguna propuesta que permita avanzar en el combate a la tragedia educativa que agravó Toranzo Fernández.

¿Será que la flaca caballada que integran quienes gobierna el estado y sus aspirantes a sucederlos son dignos aún de la confianza de las y los potosinos?