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La dictadura que no se quiere ir

Miriam Moramay Micalco Méndez

En nuestro país, hemos vivido una dictadura bajo el discurso ideológico de servir al pueblo. La del PRI estuvo 70 años en el poder. Vargas Llosa le llamó la dictadura perfecta. Luego vivimos otra dictadura más reciente, la del PRIAN (12 años de PAN y 6 de PRI). Esta última dio continuidad a la anterior en 1988, que con un sello de fraude inició un sistema económico neoliberal que ha continuado desde entonces y que estos últimos 18 años llegó a su culmen con las llamadas reformas estructurales que han empobrecido al país y que favorecen al gran capital extranjero. Ni siquiera a los empresarios mexicanos que tienen toda la razón en querer continuar su trabajo en mejores condiciones porque las reformas estructurales también les han afectado. En menor grado que al pueblo pero también les han afectado. A los empresarios que no han afectado las reformas estructurales son los que tienen negocios con el gobierno actual de Peña. Los que vendieron y venden tarjetas para comprar votos. Los que se benefician de jugosos contratos (constructoras, por ejemplo) como la que le dio la Casa Blanca a Peña y en vez de ser castigada ahora tiene contratos para el nuevo aeropuerto bajo la tutela de la Sedena. Quien hace posible estas ganancias desorbitadas de unos pocos es la clase política corrupta que hemos tenido desde hace 88 años.

La ideología que se implementó desde 1988 fue la del libre mercado que pone en su discurso a los pobres por delante pero se enriquecen a costa de ellos, por detrás. Demagogia pura. Ideología no construida en el país, sino comprada al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM).

Por esta ideología los últimos gobiernos desde 1988 a la fecha han sido una dictadura con máscara de democracia que han enriquecido a gobernadores, secretarios de estado y presidentes. A unos por la vía del desvío de recursos (un candidato actual es experto en esto), a otros por la vía del tráfico de influencias con prestanombres para beneficiar a sus familias (el anterior sexenio y el actual candidato de ese partido) y otros por el enriquecimiento ilícito (el actual presidente y gobernadores prófugos).

Vivimos un momento histórico, hay la posibilidad de salir de la dictadura de un sistema político mexicano corrupto que ha manipulado el discurso de mejorar la vida del pueblo y lo ha empobrecido enriqueciéndose él con el dinero nuestro.

Desde esta perspectiva se aprecian sólo dos opciones en este momento histórico que vivimos en el país. O la continuidad de la dictadura PRIAN (PRI-PAN). O una verdadera democracia que despoje de privilegios a políticos corruptos comenzando con el ejemplo e implementando medidas precisas como, por ejemplo, suspender pensiones a presidentes (aquí abro un paréntesis para decir que sólo de pensar que a Peña le daremos una pensión millonaria con nuestros impuestos después que nos ha robado todo el sexenio, me deja ver que estaríamos muy mal los mexicanos si lo hiciéramos, cierro paréntesis), bajar sueldos a funcionarios, quitar los lujos de la vida política (diputados, senadores y…), quitar los lujosos gastos de vida de los presidentes (avión presidencial y remodelaciones a la casa de Los Pinos según la “primera dama” que llega cada sexenio).

Sí, llegó la hora de una nueva oportunidad para la democracia representativa (hago otro paréntesis, la democracia no sólo se ejerce en las elecciones sino en la vida ciudadana, como democracia participativa en todas las modalidades que ciudadanas y ciudadanos construyen para hacer posible la igualdad social, cierro paréntesis), para que haya Cratos con Demos.

Las dictaduras sostenidas en ideologías han intentado no dejar pensar al pueblo. Esto último lo digo porque todavía mucha gente cree en memes de campañas del miedo gestadas por la dictadura vigente que no se quiere ir. Y comparan a una opción política con Venezuela, con Cuba, sin ningún análisis serio de los países y sus historias y de los personajes comparados.

Lo que resulta una manipulación impresionante de la población por la generación del miedo. Lo que a mí me sorprende es que algunas personas las crean, y no analicen las propuestas y trayectorias de esa opción política.

Por lo que yo he leído y analizado hasta ahora, ninguna opción política actual de los candidatos propone ni socialismo ni comunismo (abro otro paréntesis, estos sistemas como el capitalismo tal como fueron ideados e implementados en S.XIX y S.XX ya no sin opción en este siglo. Baste ver los casos de Islandia, Ecuador (2007-2017) y Uruguay, que son ejemplos de países que buscan la igualdad social, como todas las democracias del mundo, lo hicieron y lo lograron con esquemas de economía global y justicia social y no con los esquemas antiguos de socialismo y comunismo, cierro paréntesis) ningún candidato actual está proponiendo tampoco acabar con la empresa, ni expropiar, ni quitar bienes. Lo que sí están proponiendo todos son formas de llegar con programas a cubrir necesidades de la gente más desfavorecida. Por ejemplo: PRI, la tarjeta rosa para las mujeres amas de casa. PAN, otorgar un sueldo para todo mexicano solo por serlo (!!!). Morena , becas a los jóvenes para que estudien y trabajen. Estas propuestas que hacen las tres opciones políticas, son llamadas por algunos economistas, populistas.

Entonces, la diferencia que yo veo es que dos opciones políticas tienen un discurso demagógico por los pobres para seguir con la dictadura de hace 88 años, específicamente desde el proyecto que se puso a andar en 1988.

Otra opción política, la que no ha gobernado el país, plantea además otras medidas que con un gabinete ya anunciado darán salida a los graves problemas que dejó la dictadura. No proponen opciones salvadoras sino proyecto de nación.

Ante este escenario parecería que se tiene la posibilidad de construir una nueva forma de vida democrática combatiendo la corrupción. Por último, quiero decir que después del 2 de julio todos y todas las mexicanas seguiremos trabajando desde donde estamos para seguir construyendo México con mucho corazón, nuestras capacidades y valores. Pues un gobierno no cambia la historia, pero con buen gobierno sí es posible cambiar la historia los mexicanos y mexicanas y alcanzar una justicia social tan anhelada, eliminando los robos a nuestros bolsillos vía impuestos, lo que abre la posibilidad de construcción de paz social a través de construir más oportunidades de trabajo y de vida. En estos momentos vivimos la posibilidad de cambiar la historia.