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La dizque solidaridad con las madres

Ignacio Betancourt

El sentimentalismo, por llamar de alguna manera a ese discurso moralino y profundamente insultante para los intereses personales de millones de ciudadanos. Me refiero a los discursos anodinos y bobalicones sobre los niños, o sobre los minusválidos o cualquier persona necesitada de ayuda para mantenerse relativamente funcional, en donde las políticas oficiales deciden implementar sus actuaciones para decir que se ocupan de los más desfavorecidos, lo cual es el recurso extremo en el discurso demagógico de  funcionarios y funcionaretes urgidos de justificaciones que los hagan aparecer como favorecedores de los más necesitados (hablo del pasado que espero no se repita).

Bien dijo quien dijo que los ricos empobrecen a los pobres para luego aparecer como sus relativos benefactores. Primero te chingo y luego me comporto como ayudando a los más necesitados. Por ejemplo, Josefina Vázquez Mota, la panista de la que los propios panistas reniegan, quien hace ahora su aparición reclamando presupuesto para las guarderías públicas (que eran un caso extremo de corrupción y robos explícitos de familiares y compadres de los funcionarios en turno) y sin sonrojarse habla del sufrimiento de las “madres angustiadas”, ella ahora como presidenta de la Comisión de Derechos de la Niñez y de la Adolescencia (luego de ajustar sus ingresos monetarios y ponerlos a buen resguardo) se pone dizque solidaria con las madres que no tienen en dónde encargar a sus hijos cuando deben salir a trabajar. Hay que tener la cara dura para tamaños desplantes. En los momentos de mayor depredación sobre la ciudadanía, una panista corrupta aboga por los niños de las guarderías, abusos que de ninguna manera resultan novedosos pues el maltrato a la ciudadanía, incluidos los más dependientes no solo de sus familiares sino de todo tipo de institucionalidad, son quienes siempre han sido soslayados. Es como si se pensara o se pudiera creer, en aras de una supuesta solidaridad, que los “nobles corazones” están siempre atentos a enmendar las atrocidades que sus cómplices perversos realizan cotidianamente.

No hay que indagar demasiado para encontrar a quienes dilapidaron en salarios de sus compinches lo que usualmente negaban a quienes más requerían ayuda. Las más increíbles falsedades también son útiles a los depredadores. Fácilmente se puede encontrar a un Vicente Fox o a un Felipe Calderón incrustando en el aparato gubernamental a una clase política panista hasta volverla imprescindible, pese a que tanto Fox como Calderón además utilizaron los ingresos petroleros para salarios de sus cómplices y de beneficios para sí mismos.

Un asunto que cobra actualidad con la situación de las guarderías públicas convertido en una estrategia que trató a toda costa de ocultar o disimular el origen de una de las irresponsabilidades más elocuentes del anterior gobierno federal, cuando impusieron soluciones increíblemente cínicas, como el inadmisible crimen de otorgar responsabilidades a personas que por sólo su cercanía familiar o política los funcionarios supusieron capaces de cumplir la delicada tarea de cuidar y contribuir a la atención más adecuada de miles de pequeños.

La corrupción boyante de familiares y amigos, los altos gastos administrativos en las vulnerables guarderías públicas pese al abandono en que se consumían las zonas más pobres, la deficiencia en los servicios y un abuso en cuanto a que los padres deberían volverse propagandistas del partido que “ofrecía” el servicio. Uf.