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La importancia de no difamar

Luis Ricardo Guerrero Romero

A provechando que es mayo mes de Maia (Maya), diosa pagana del florecimiento a la cual debemos el nombre de este mes, –que por cierto hay quienes aseguran que el rostro de la estatua de La Libertad es replica de Maya, que el ingeniero Gustave Eiffel incorporó por razones míticas–. Pensemos en este mes de agradecer a las madres, y recordemos otro fenómeno que bien mexicanamente se conoce como: decir madres o echar madres. Recordemos: lunes por la mañana lluvia de claxon, el uniforme de los niños, los operadores desvelados, coches, más coches, ruido, gritos, madres, difamar a los conductores.

Desde luego podemos suponer que el hombre a partir de que se hizo capaz de hablar, fue bueno para bendecir (bien decir), pero seguramente igual lo fue para maldecir (difamar). En el griego antiguo la palabra para el mal agüero, la injuria, el vituperio, en sí para crear mala fama era δισφεμια (disfemia), que tuvo una evolución más o menos fonéticamente parecida a nuestro español, disfemia˃ pasó al latín como disffamatio˃ difamia˃ difama. Produciendo un fenómeno de sinonimia con la palabra infamia.

En relación con la palabra que tratamos ahora existen interpretaciones lógicas, que explican que el prefijo dis (separar, quitar) genera el sentido de quitar la fama. Cosa obvia pero carente de argumento sobre vocabulario helénico, ya que del griego: φημι (femi), dar a conocer, expresarse oralmente o declarar, viεne la desinencia ya citada. No obstante, el platicar o crear una reputación por medio de la palabra hablada se dice φημις femis). Entonces, obtenemos el hecho de difamar no un significando inicial de oprobio contra la reputación de alguien, sino con el dar a conocer de modo equivocado un mensaje, en pocas palabras divulgar a medias.

Para nosotros puede parecer absurdo que el dar un mensaje a medias resulte una difamación, pero para los amantes del logos –los griegos– era definitivamente una calumnia. El no decir las palabras con facultad de verdadero por ejemplo para Platón resultó reprobable, de allí el ostracismo a los poetas. Ya por extensión efectivamente la fama, la reputación se generaba a causa de que se hablaba bien, pero asimismo se obraba según se decía.

El que un sujeto no testifique lo que dice, lo difama, el que un testigo desdiga al orador o el emisor, lo difama con sus infamias. Como sabemos en el ámbito legal existe incluso un proceso en contra de quien difame la persona o personalidad de alguien.

No sólo en la cultura griega y romana se encuentra el énfasis de lo dicho como un rasgo elemental para ser sujeto de verdad (o de fama según se entienda), ya por ejemplo en el antiguo testamento en un libro que personalmente considero genial por sus diálogos y ficción se encuentra: “Tu boca te condenará, y no yo; y tus labios testificarán contra ti.” (Job 15:6)

Con la referencia anterior no propia de las cunas de la civilización nos podemos adentrar a otra interpretación que tiene que ver con el bien decir y el difamar: la boca. Sin duda es lógico que (femi) es emitido con nuestro sistema fonador, ya en Egipto el jeroglífico de ésta indicaba la palabra y en otras muchas culturas el acto de crear, por eso decimos que crear un mal mensaje se equipararía al caos, pues no existiría un orden.

La boca como símbolo de creación: (φημι), también puede ser un símbolo de destrucción: δνσφημια. Incluso podemos pensar en difamar con un beso o bien decirnos los labios.

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