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¿Y cuándo la lista?
16 enero, 2015
Crédulo
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La incesante cuesta

Carlos López Torres

A  partir de hoy el transporte público concesionado, autobuses urbanos, taxis y otras modalidades de servicio para pasajeros, acelerarán el despojo del miserable aumento a los salarios mínimos para bajar sensiblemente el poder adquisitivo de los potosinos.

Para el burócrata Joel González de Anda, secretario de Comunicaciones y Transporte del Gobierno del Estado, resulta explicable y sencillo cumplir con el ordenamiento aprobado por la actual Legislatura, aunque el funcionario encargado de hacer caer sobre las espaldas de los usuarios la política antipopular de Fernando Toranzo en materia de transporte urbano, no se ocupó ni preocupó por hacer cumplir los compromisos contraídos por los permisionarios, relativos a la mejora sustancial del servicio cada día más decadente e inseguro.

Por su parte, la comparsa de los diputados que sólo en septiembre se embolsaron casi medio millón de pesos, artífices de la aprobación de la lesiva disposición que les enviara el gobernador en su momento, en lugar de abrogar la reforma que permite el aumento obligatorio cada enero, pretendieron mediante tibia solicitud al titular del Ejecutivo, sin que éste los pelara, que no se llevara a cabo tal incremento que desde hoy obliga a decenas de miles de usuarios a pagar el aumento anual impuesto.

Los permisionarios, por supuesto, como siempre dirán que la cantidad concedida no resuelve su situación financiera, alegando que los dos últimos gasolinazos –el de diciembre y el de enero–, respectivamente, les ha afectado sus ganancias que seguramente con el empeoramiento del servicio habrán de equilibrar.

Ya entrado el año electoral, los eternos beneficiados con el usufructo de la concesión que el gobierno les otorga, seguramente esperan vender caro su apoyo al candidato a gobernador que consideren más viable, de cualquier partido, como ha ocurrido en el pasado cuando apoyaron a Marcelo de los Santos para llegar a la gubernatura, o cuando de regreso al PRI fortalecieron la candidatura del actual gobernador, quien durante todo el sexenio gobernó en materia de transporte para la minoría de permisionarios, en lugar de hacerlo para favorecer a la inmensa mayoría de usuarios que aún siguen esperando “un gobierno para todas y todos”.

¡Vaya chasco que se han llevado las y los potosinos! La llamada cuesta de enero que habrá de prolongarse todo el año, según se ven las cosas, habrán de llevarla a cuestas cada que suban al camión los usuarios, especialmente las amas de casa, sus hijos y los trabajadores junto con la pesada carga de la espiral inflacionaria en curso, incontenible a partir del aumento en los precios del pollo y en lo inmediato el pan y otros productos de la cada vez más inalcanzable canasta básica. Todo ello, con los salarios más bajos de la región.

No hay lugar para las ilusiones. El realismo debe imponerse. La prioridad de la clase política una vez llegado el momento del chapulineo es mantenerse en los cargos públicos, es decir, seguir disfrutando del presupuesto. Del pueblo sólo hay que interesarse para garantizar el voto. ¿Será que la atomización nos siga impidiendo mudar de camiseta para portar una que se preocupe por organizar la fuerza popular?