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La libertad y los límites de la otredad

libertad

Con el implacable fortalecimiento de las redes sociales como generadoras de información y como tramas de intercambio entre usuarios, muchas han sido las posiciones que se han sostenido sobre las ventajas y desventajas como medios de comunicación de estas redes, así como muchos son los aspectos que estos intercambios tocan con respecto a la dinámica social. Uno de ellos es el de la libertad de expresión en contraste con la capacidad de validar posturas críticas, que pueden llegar hasta el punto en el que muchos se sienten agredidos por estas libertades, ante el innegable uso que se da a estos medios para ofender o difamar, así como para compartir información que de otra forma sería inaccesible para todos.

Por ello es pertinente en estos tiempos discutir sobre la libertad y sus límites, sobre todo a la luz de estas dinámicas de intercambio de información, y para ello es necesario remitirnos a una vieja discusión de la filosofía ética sobre la libertad y sus límites. En términos muy generales, la libertad se puede reducir al concepto de la posibilidad humana de elegir, las primeras discusiones comienzan con la cuestión de si el hombre posee libertad, y en qué consiste esta libertad, siempre constreñida a límites que se establecen desde diferentes perspectivas. Es decir: la libertad nunca será absoluta, pues al ser el ser humano un ente finito, su libertad, en consecuencia tendrá también límites.

Desde el estoicismo y hasta las diferentes posturas del neoplatonismo la libertad se establece desde tres órdenes desde los cuales es aplicable este concepto: el primero es la libertad frente a la naturaleza (que en términos modernos es la libertad física) que es la posibilidad de hombre de eludir al orden cósmico o el destino, la posibilidad que el hombre pueda tomar o no decisiones concernientes a su relación con las cosas existentes; el segundo orden es el de la libertad frente a la comunidad humana (correspondiente con el concepto actual de libertad intelectual) que se refiera al individuo o a la comunidad como actores en su propia construcción, lo que lleva a la discusión de los asuntos de la polis o la política, diríamos hoy; el tercer orden es el de la libertad personal (hoy definida como libertad moral), que se refiere al cultivo de los propios límites con respecto a la otredad. Este concepto está relacionado con el de autonomía sobre el que tanto Platón como Aristóteles discutieron ampliamente, definiéndolo como la capacidad de decidir por sí mismo.

Fue el mismo Aristóteles quien define la idea de la “búsqueda de la felicidad” que define a ésta no como un fin en sí mismo, sino como un proceso de búsqueda moral en favor del bien común, es decir, la libertad individual es vista por el filósofo como una herramienta de construcción del bienestar propio y de la otredad, del colectivo. Durante el desarrollo de la teología cristiana, el concepto de la libertad fue obviamente un tema y en esas discusiones, se definió una contradicción entre el concepto de libertad del hombre y la condición de Dios Todopoderoso, de lo cual resultaba la idea de la predestinación divina, que al tiempo limitaba la libertad humana al concepto del libre albedrío.

Con el arribo de la modernidad, poco a poco el problema de la libertad se fue alejando de posiciones teocéntricas y durante los siglos XVIII y XIX Spinoza, Leibniz y Hegel, consideraron que la libertad consistía en obrar en armonía con la realidad, poper siempre limitada al determinismo de comprendía a la existencia como limitada y determinada por el devenir mismo, ante lo cual la libertad humana también quedaba reducida al a toma de decisiones dentro de un marco limitado de posibilidades. Kant, por su parte, afirmaba que la libertad existía en el plano de las cosas que son pensadas, por lo que ésta no se constreñía a la existencia de los fenómenos que le darían una predeterminación, así, pues es Kant quien deja en claro que la libertad pertenece al ámbito de la moral.

Todos estos conceptos posibilitaron el desarrollo de conceptos sobre la libertad intelectual o social como lo son el libre mercado, la libertad de expresión y otros subyacentes (sólo conceptualmente) como los derechos humanos y las libertades cívicas, que en buena medida ayudaron a la construcción del so estados modernos a partir de ser tomados por los colectivos desde los pensadores ilustrados. Sin embargo, las políticas imperialistas y totalitarias actuaron de forma contradictoria, pues en estos tipos de regímenes, las libertades individuales estaban determinadas por la utilidad que las actuaciones individuales con respecto al estadio; en otras palabras, el estado brinda libertades hasta el punto en el que estas libertades afectan sus intereses.

Por ello no es de sorprender que los estados actuales, incluso los más democráticos y progresistas, estén siempre en búsqueda de limitar libertades como las de la prensa, de los individuos disidentes o las libertades de autodeterminación de otros estados, es una condición de estabilidad la del estado moderno, la de supeditar la libertad a la idea del bien común. Pero entre los individuos que hoy pugnan por su libertad de expresión en redes sociales y otros medios, ¿existe un límite de su libertad de expresión? Hace poco Umberto Eco afirmaba que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas” y que el “drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, afirmaciones muy crudas que abren la discusión sobre la validez de los discursos expuestos, ¿hay personas cuya voz sea más valida que la de otros?, y de ser así, ¿quién determina esa validez?, acaso, por otro lado, ¿todos somos libres de expresarnos a pesar de los contenidos que expresamos?

La respuesta simplista es que la libertad de un individuo termina en donde se afecta la libertad del otro, pero lo cierto es que estos límites pueden tener fronteras muy difusas que sin duda esos dos individuos serán incapaces de conciliar cuando se trata de establecer un punto que ha sido polémico entre ellos; las discusiones que permiten estos medios serán siempre transgresoras de la otredad, porque hemos olvidado que la libertad no está indeterminada y no es un valor absoluto, sino una búsqueda constante que, según nos dice la tradición filosófica, debe ser una búsqueda del bien común, y no un uso libertino de nuestras capacidades en búsqueda del beneficio propio, porque esa búsqueda es lo que ha llevado a las sociedades contemporáneas a las más terribles guerras y es esa posición de creer que la libertad propia está por encima de las libertades de los demás la justificación de los genocidios y la violencia que impera en el mundo.

Jonatan Gamboa
Jonatan Gamboa
Es el orgulloso papá de Dante, historiador y escritor, catedrático del Tecnológico de Monterrey Campus San Luis Potosí y de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.