Seguridades
27 marzo, 2015
Iniciativa
27 marzo, 2015

La mentira, consustancial al ejercicio del poder

Ignacio Betancourt

E l comportamiento de funcionarios y autoridades contiene un perfil común: todos y todas mienten, la mentira resulta algo consustancial al ejercicio del poder (por mínimo que este sea). La carencia de argumentos nunca ha sido impedimento para realizar abusos en contra de los trabajadores de todas las disciplinas; pienso en dos instancias que conozco: la Secretaría de Cultura y El Colegio de San Luis.

En la Secult la irracionalidad y el autoritarismo más explícito resultan una constante, además de actuar con absoluta discrecionalidad tanto respecto a justificación de proyectos como a manejo de las finanzas; a eso se le puede sumar la descordinación entre funcionarios y la toma de decisiones absurdas. Van algunos ejemplos, uno: en el Centro Cultural Mariano Jiménez la Secult aplica anualmente dos millones de pesos en sueldos para seis plazas, y sólo treinta mil pesos (sólo treinta mil) para el mantenimiento del inmueble y la realización de diversas actividades durante el año; dos: en oficio de la Secult SP/1635/13 con fecha de 15 de octubre de 2013, el Ing. Torres Arpi secretario de Cultura informó a los colectivos: actualmente existe un proyecto de reglamento de la Ley de Cultura para el Estado el cual se ha venido elaborando en la presente administración conjuntamente con las diversas direcciones y organismos del sector cultural… sin embargo, en oficio 0325/008/15 del 9 de marzo de 2015 el jefe de información pública de la Secult, Salvador Castro de la Rosa, a solicitud de los colectivos respecto a qué personas elaboraron el reglamento formalizado en secreto, responde que es el gobernador quien elabora y da seguimiento a dicho reglamento. ¿Quién miente, Torres Arpi o Castro de la Rosa? ¿A quien se le puede creer?

En cuanto a El Colegio de San Luis, sus autoridades suponen que ignorando todo reclamo los problemas se resuelven solos, la indiferencia parece ser su único método y si esta no funciona queda el recurso de la represión más diversa (manipulación de oficios, rumores, agresiones encubiertas, etcétera). Soy investigador literario en el Colegio desde que se inauguró (hace 18 años) y en enero fui agredido administrativamente por la presidenta del colegio, Dra. Isabel Monroy y de la secretaria académica Dra. Isabel Mora, quienes sin mi autorización ni conocimiento entregaron extemporáneamente a una comisión lo que ellas llaman “mi expediente”, tal vez lo hicieron así para justificar su agresión y de pasadita la disminución del ingreso del trabajador. Internamente he hecho la denuncia pero las respuestas institucionales se reducen a sacar de contexto algunas frases de mis oficios, para concluir con toda impunidad justificando la ilegalidad. ¿Deberé recurrir a otras instancias? Son incapaces de reconocer el abuso pero ya han comenzado a aparecer “golpeadores” internos (vgr. el antropólogo Mauricio Guzmán) y lacayos adiestrados para descalificar el reclamo y convertirme de acusador en acusado; la complicidad para los incondicionales, la ferocidad para los otros, parecen sugerir las doctoras. Pese a la molestia que mis señalamientos desde esta columna (y en el propio Colegio) han generado en algunas autoridades y sus esbirros, seguiré contando las peripecias de esta historieta, tan parecida a muchas otras en el México actual.

Magnífica resultó la mesa redonda denominada “Miguel Donoso Pareja (1931-2015)” realizada ayer en el Centro Cultural Mariano Jiménez. Se proyectaron fotografías del escritor ecuatoriano recientemente fallecido, el narrador y dramaturgo zacatecano Alberto Huerta contó algunas de sus experiencias como integrante del llamado taller-piloto (creación literaria y teoría) promovido por el INBA, que funcionó en la capital potosina por algunos años de la década de los setenta, y el autor de esta columna leyó fragmentos de una larga entrevista (inédita) que hice al maestro Donoso en la ciudad de Guayaquil el año 2003. Entre el diverso público estaban algunos de los integrantes de dicho taller, además personas que sólo habían oído hablar de ese proyecto setentero pero interesadas en saber algo más de él.

Cito algunos fragmentos de la entrevista que ayer se dio a conocer. Donoso: El taller de San Luis Potosí fue consecuencia de un trabajo anterior. En la revista Punto de Partida de la UNAM yo trabajé en sustitución de Tito Monterroso. Tito muy generosamente me llamó como una especie de solidaridad de exiliados, para que yo me ocupara del taller que él no podría atender. Debe haber sido como por el 1970 porque yo ya estaba terminando el periodo de Punto de Partida cuando me llamaron para que hiciera el taller-piloto de San Luis Potosí […] lo cierto es que por el resultado de ese trabajo en la UNAM me llamó Óscar Oliva, quien había conversado con Víctor Sandoval, entre los dos tenían una idea, fueron los que pensaron el taller-piloto. Víctor Sandoval estaba en la Dirección de Promoción Nacional, que era un nuevo organismo cultural del INBA que tenía la finalidad de promover la cuestión cultural, abrirla para todos lados para descentralizar la actividad cultural. Me llamaron a finales del 73 para que lo pensara, yo les ofrecí un proyecto a iniciar en el 74, ahí se planteaba mi idea de cómo hacer un taller y así lo aceptaron […] Yo planteaba a grandes rasgos que debía ser un taller con una metodología que permitiera que cada alumno creciera desde su propia personalidad, sin influencias del coordinador. En México hay una tradición bastante fuerte de talleres literarios, de los talleres de Arreola me llamó la atención que salían muchos arreolitas, entonces yo le planteaba a Oliva y a Sandoval que había que buscar la manera de que no se repitiera eso. El sentido del planteamento también incluía el no casarse con un solo enfoque crítico, no sólo estructuralismo o semiótica o mítica, sino una diversidad de enfoques. Se prescindió de la crítica impresionista que está muy cargada al me gusta no me gusta, también las psicocríticas las eliminé porque no separan al texto del autor….

Del poeta colombiano Jorge Gaytán Durán (1925-1962) va el poema titulado No pudo la muerte vencerme: No pudo la muerte vencerme./ Batallé y viví./ El cuerpo infatigable contra el alma./ Al blanco vuelo del día,/ en las ruinas de Troya escribí:/ “todo es muerte o amor”,/ y entonces no tuve descanso./ Dije en Roma: “No hay dioses, sólo tiempo”,/ y desde entonces no tuve redención./ Callé en España pues la voz de la ira desafiaba/ al olvido con mis tuétanos,/ mis humores, mi sangre, y desde entonces/ no ha cesado el incendio.// De reposo le sirva tierra extranjera al héroe./ Cante fresca hierba como abeja del polvo por tus párpados./ Yo no me rindo: quiero vivir cada día en guerra,/ como si fuera el último.// Mi corazón batalla contra el mar.