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La mercantilización de la academia

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Las noticias recientes sobre los plagios que se realizaron de forma sistémica de parte de Rodrigo Nuñez de Arancibia, quien fuera profesor investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y Juan Antonio Pascual Gay, todavía investigador de El Colegio de San Luis A.C., han generado la discusión de temas, tales como el de la ética en la investigación y el de la mercantilización de la labor académica en México.

Este último problema, sin duda, representa la tendencia neoliberal que ha impactado en los últimos años a la educación. Basta voltear a ver la proliferación de las universidades privadas, que ante la falta de espacios para que los jóvenes continúen con sus estudios de licenciatura, ofertan licenciaturas ejecutivas de dos años y de fines de semana, a cambio de servicios educativos de baja calidad que lejos de formar profesionistas engrosan las filas de los técnicos en alguna área del conocimiento. Otro de los síntomas de la mercantilización educativa la encontramos en la abierta posición del Estado de reducir el presupuesto a la educación, la cultura y el desarrollo científico, destinando apoyos de esta naturaleza a empresas trasnacionales que puedan desarrollar tecnología con científicos extranjeros en territorio mexicano.  El resultado de éste fenómeno se traduce en la incapacidad de las Universidad públicas de satisfacer la demanda de educación superior, en la falta de recursos para que los investigadores generen conocimiento, en la imposibilidad de seguir formando nuevas filas de jóvenes científicos y, lo más grave, en la incapacidad de garantizar el acceso a la educación.

Así también, la práctica investigativa obedece a las leyes del mercado. Los sistemas de estímulos están pensados en las ganancias que los investigadores pueden generar y recibir por la producción científica que realizan en periodos de un año para el sistema de evaluación del Programa para el Desarrollo Profesional Docente y, tres para el esquema del Sistema Nacional de Investigadores. Estos esquemas han precarizado la investigación en México creando un sistema de cantidad contra calidad en la producción académica. Los tiempos que marcan los programas de desarrollo profesional no son los tiempos que la investigación requiere. Por ende, algunos investigadores recurren a prácticas informales, antiéticas y delictivas para obtener productos académicos que representen puntos para mantenerse en las evaluaciones y así recibir el estímulo correspondiente de su producto intelectual como mercancía de cambio. En ese escenario, el daño estructural que el capitalismo ha generado, no solo en la educación, se manifiesta en las prácticas  como las del plagio y el abuso de los estudiantes que ahora azotan a la academia.

Dosis feminista: habría que sumarle al problema de la mercantilización académica, el que algunas investigadoras han señalado con respecto a las condiciones en que las mujeres dentro de la academia enfrentan ante los roles sociales impuestos. Las mujeres académicas, igual que los hombres, tienen horarios de cuarenta horas, investigaciones que continúan fuera de estas jornadas, hogares e hijos que atender en los roles tradicionales impuestos. Algunas de ellas, ante las desigualdades sociales y culturales existentes, no lograrán posicionarse en las cúpulas de la academia, otras no podrán decidir con libertad si profesionalizarse o ser madres, otras lucharan contra corriente siendo ambas.

Twitter: @UryQuely

Urenda Queletzú Navarro
Urenda Queletzú Navarro
Historiadora del Derecho, Profesora Investigadora de la UASLP, feminista y mamá de Arya Sofía.