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La migración, todavía

Guillermo Luévano Bustamante

E so que llamamos “la comunidad internacional”, por lo menos la que se posiciona en la prensa del mundo con capacidad para opinar, y también la gente activa en las redes sociales que visito, como Facebook y Twitter, manifestó su indignación por el terrible y dramático suceso que deriva de una de las caras más crueles de la migración: el exilio.

Aylan Kurdi, de tres años, era trasladado por su familia huyendo de la guerra en Siria y murió ahogado en las costas de Turquía. La foto de esa tragedia contribuyó en parte a sensibilizar visibilizando las implicaciones de la migración forzada y el desplazamiento humano obligado, y en parte a ofender a otro grupo de personas que consideran innecesaria la exhibición de imágenes que denuncian la tragedia actual de la humanidad.

La migración es uno de los procesos sociales que han permitido la sobrevivencia de nuestra especie. La migración ha potencializado la diversidad cultural. Aunque una gran parte de las personas que mudan su residencia o se encuentran en tránsito lo hacen por razones ajenas a su voluntad.

La migración, su tratamiento, las políticas de atención y la legislación relativa a este proceso humano, son, me parece, retos enormes de nuestra época. Contamos con la mayor cantidad de instrumentos internacionales en la historia que protegen discursivamente los derechos de las personas migrantes pero asistimos al recrudecimiento de las políticas antimigratorias de los países del norte. México como victimario y las y los mexicanos en Estados Unidos de América, a su vez, como víctimas de esta contradicción.

Hace apenas unos días, el 11 de agosto pasado, el Congreso del Estado de San Luis Potosí aprobó la nueva Ley de Migración para el estado. Las dos iniciativas que nutren el naciente instrumento jurídico potosino se denominaban originalmente “Ley de protección…”, no obstante del cuerpo del aparato normativo se desprenden algunos componentes que llaman la atención sobre la ausencia de una perspectiva de derechos humanos en algunas partes del resultado final aprobado por el pleno de la asamblea local.

Por ejemplo, al tratarse de una ley de derechos, salta a la vista la inclusión de un artículo sobre las “obligaciones” de las personas migrantes internacionales, entre las que se contempla la de portar y exhibir un documento que acredite su identidad y situación migratoria a las autoridades competentes.

Es preocupante porque precisamente los problemas que enfrentan las personas migrantes extranjeras en México es la falta de una situación migratoria regular, son lo que llaman “migrantes ilegales”, así que la inclusión de artículos que en vez de coadyuvar con la protección a sus derechos, les estigmatiza o les ahuyenta de las autoridades, aun bajo el amparo de la nueva ley, es contraria a la perspectiva de los derechos humanos, me parece.

Hay del mismo modo otros aspectos de la nueva Ley de Migración para San Luis Potosí que podrían ajustarse para asegurar un mejor esquema de protección a quienes se hallan en tránsito por nuestro territorio, pero son paliativos domésticos a un problema mayor, que no es la migración, ya que esta es en todo caso un derecho humano. El verdadero monstruo es la desigualdad que origina el modelo económico y que perpetúa el sistema político y que obliga a millones de personas a movilizarse huyendo, sobreviviendo a veces.

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.