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La palabra más animada, despierta

Luis Ricardo Guerrero Romero

I ncapacidad de dormir mucho más tiempo aunque el cuerpo entero reclame mayor reposo, y el ánimo no haya llegado totalmente. Esta podría ser una definición de la palabra despertar. La cual a muchos, por no aventurar decir todos, nos cuesta asimilar en las mañanas, aún más si son mañanas del lunes o bien, mañanas con resaca alcohólica. Es un hecho que despertar exige de cualquier ser humano normal un esfuerzo sobrenatural, como una suerte de paraíso resulta ser el colchón donde descansamos en paz, ya que al hombre le satisface reposar, es un placer dormir y como tal, al dejar la dormición se pagará por ese placer. –Hacemos abuso del verbo dormir porque en nuestro idioma no hay una estricta diferenciación en el empleo de las palabras soñar y dormir, pues decimos desperté del sueño, ya tengo sueño, y no, desperté del dormir, ya tengo dormir.

Podemos ejemplificar con algunos versos del poema Duerme, de Jorge Isaacs, una idea clara para comenzar a divagar sobre esta palabra que alude a la vida: […] ¡En vano la besé –no sonreía; / En vano la llamaba –no me oía; / La llamo en su sepulcro y no despierta! (fragmento) Esta idea que quizá es sólo figurada es un elemento medular para entender por qué decimos despertar, y la diferencia que hay entre me levanté vs me desperté.

La palabra despierta está referida a un par de verbos griegos: ἐξανιστάναι (exanistanai) despertarse, recuperarse; ἐξεγείρω (exegeiro) despertar, resucitar. Ambas asumen en su conformación la prefijación de ex, fuera de. El mismo prefijo recurre en la palabra latina que indica despertar: expergiscor, volver en sí, despertarse; sin embargo, en esta palabra del latín, se ha sumado una segunda base prefijal: per, (alrededor) usada también hasta la fecha como cultismo del dormir: pernoctar. Despertar, es separarse de lo que rodea a la noche: la oscuridad, las tinieblas, la muerte.

La semejanza de sentido y no de significado entre los prefijos: ex y des, parece ser la punta de nuestra palabra, que otrora hipotéticamente sería “expertar”, que pasó al español como des-pertar. El verbo ἐγείρω (egeiro) significa además: reconstruir, sanar, por lo cual en los inicios de nuestra palabra en español, despertar, es factible sumar estas ideas de volver a uno mismo, dejar de lado un estado de reposo, semejante a la muerte.

Por eso resulta casi hasta mágico que cuando despertemos tengamos que ir recordando lo que debemos realizar, en un ejercicio de evocación de lo que se es. No por nada en la voz portuguesa despertar se enuncia: acordar, misma idea conlleva otra lengua que dista de las romances, el alemán, en la cual el verbo aufwecken, pude ser: despertar, reanimar o recordar.

Con probabilidad nos suenan bastante desemejante las palabras griegas citadas, con la actividad del despertar, no obstante como ejemplo de estas variaciones, podemos citar el nombre Gregorio, del verbo γρηγορεω, el cual significa: resucitar, despertar. Como este nombre se trasladó de forma lineal no pierde relación fonética con la lengua helena.

Para finalizar echemos mano de la relación más bien semántica o sinónima de la palabra despertar, cuando por alguna razón andamos en la lela, y alguien con bondad nos dice: ¡despierta!, nos invita a volver en sí; o bien, el grito: ¡México despierta! al observar que sigue la baldía tradición de nacer guadalupano, priísta, machista gracias a la madre, y beber el mismo refresco de siempre. Despertar no es nada fácil, porque volver a empezar una nueva vida implica dejar comodidades, tal como una cama, una almohada, un milagro, algún dios.