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La pedagogía del garrotazo

Carlos López Torres

En este territorio del chapulinato, donde los saltarines políticos saben de todo y usan todo recurso a su alcance con tal de hacerse del hueso deseado, Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación, quien desde hace meses usa la SEP como escaparate con todo y sus recursos para promoverse, trató de justificar la reforma educativa, que no es, vaticinando que los primeros resultados se verán hasta dentro de una década.

Calculador el funcionario, tácitamente reconoció la incapacidad de los sucesivos gobiernos neoliberales para llevar a cabo la reforma que en esa materia esperan la sociedad, los padres de familia, los maestros, los niños y jóvenes de este país, para agregar que hace décadas se hizo en otros países como Corea del Sur y Finlandia, el primero mediante la evaluación, subrayó, aunque del segundo país omitió decir que ahí no existe evaluación en su sistema educativo, no obstante ocupar el primer lugar mundial en educación.

Sin embargo, sentenció que el vencer las inercias y obstáculos que representa imponer un sistema nuevo no se hace con bravuconadas –según el moderno funcionario de la vieja pedagogía del garrotazo que creíamos ya desaparecida–, sino ¡oh sorpresa!, con arrojo y astucia, paciencia y firmeza. Cual Capulín Colorado, pues.

Mecanicista el secretario de Educación Nuño, quien tiene a su disposición al Ejército, la Marina, la Gendarmería de su inseparable mancuerna Enrique Galindo y a los gobernadores –a quienes les promete apoyo financiero para que mantengan como caja chica las dependencias encargadas de la educación en los estados–, asegura que con un nuevo sistema educativo, cambiará el país su ruta de desarrollo, aunque insiste que no cree en las varitas mágicas, sino en los garrotazos, debió agregar, contra los actores más importantes del proceso educativo que el secretario desconoce.

Aunque sí acepta que el sistema educativo, por venir de una lógica corporativa, clientelar, opaca, por los casos de algunos liderazgos sindicales que mandaban sobre los intereses educativos, se presentan ciertas resistencias, omite que el llamado charrismo sindical es obra de PRI y sus respectivos gobiernos.

Al referirse a la férrea resistencia contra la mal llamada reforma educativa, que escenifica la CNTE y sobre todo a sus contingentes más destacados como Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero y otros estados como Morelos, Durango, Puebla, Sonora, etcétera, olvida que la llamada rectoría del Estado no es otra cosa que la renovación del pacto gobierno-charrismo sindical, donde los sacrificados han sido los centenares de miles de maestros que a corto plazo perderán su plaza de trabajo y demás derechos adquiridos, aunque los burócratas sindicales convertidos en funcionarios en la SEGE llevan años conduciendo la educación en San Luis Potosí, con los resultados por todos conocidos que nos mantienen en los más bajos lugares del ranking nacional.

No necesariamente los maestros bien portados somos los que ofrecemos los mejores resultados. Por supuesto, en la visión de Nuño Mayer, así deberían ser las cosas, aunque la evaluación punitiva impuesta atropelladamente a sangre y fuego, sólo servirá para ensanchar más las amplias grietas que se han abierto desde la puesta en práctica de las pomposamente llamadas reformas estructurales, hoy desvencijadas e inoperantes.