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La Presea Plan de San Luis

plan de san luis

Óscar G. Chávez

E n días pasados el periodista Julio Hernández López, en su columna Astillero, hacía alusión a la figura del periodista potosino Filomeno Mata Rodríguez, al que señaló como nacido en San Luis Potosí el 5 de julio de 1845. Espero que el dato fuera en referencia al estado y no a la ciudad; de otra forma profunda pena me causaría hacer astillas el dicho y enmendar el dato al precisar que nació en la hacienda de Carranco, en el Valle de San Francisco, hoy Villa de Reyes.

Detalle sin menor importancia utilizado sólo para hallar una entrada llamativa a este texto; era potosino, partiendo del entorno político administrativo en el que fue engendrado y vio la luz; fue hijo de Casiano Mata y Tomasa Rodríguez, quienes además fueron padres de Gregoria, Teodoro y Jesús.

Razones de subsistencia obligan a Mata a migrar a la Ciudad de México, en la que contrajo matrimonio con María Aleja Alatorre Camarena, originaria del estado de Jalisco, con ella procrearía diez hijos; el más célebre de ellos fue Filomeno –don Filo– compañero de celda de David Alfaro Siqueiros, en la década de los sesenta en el penal de Lecumberri, donde ambos purgaban sentencias por disolución social, delito creado ex profeso para ambos. Otra de las hijas fue Esperanza, la menor y la última en fallecer, allá por San Pedro de los Pinos, el último día de enero de 1995.

Sin ánimo de generar astillosa polémica, me atrevo a diferir del citado columnista y director de este diario, en el sentido que Mata nunca fue afín al régimen porfirista. Julio Hernández lo cataloga como promotor del mal gobierno que luego denunció y combatió. Discrepancia total.

Cierto es que Mata, en sus orígenes como periodista laboró bajo la dirección de Ireneo Paz Flores (1836-1924), –padre de Octavio Paz–, quien en efecto en algún momento descolló como panegirista de la dictadura, sin embargo el tránsito de Filomeno fue muy distinto al de su mentor en el periodismo.

Fuera del entorno publicitario remito al artículo del 18 de marzo de 2015, Periodismo independiente contra el Estado (http://lajornadasanluis.com.mx/2015/03/18/periodismo-independiente-contra-el-estado/) en el que hago un resumen de la carrera periodística del referido Mata y sus trajines en las prisiones de la capital mexicana durante su lucha por la libertad de expresión.

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No es gratuita la mención de Mata, la elección del personaje obedece a un tema de coyuntura que se presenta en nuestra ciudad en estos días, la selección del nominado para recibir la presea al mérito ciudadano Plan de San Luis.

Dicha presea pareciera que en los últimos años ha destacado por la ausencia de personajes propuestos para recibirla; pareciera –en efecto– que la ausencia de nominados no sólo refleja la falta de actores de primer nivel que se conviertan en sus recipiendarios, sino también la apatía ciudadana para ejercer su derecho a nominar a quienes, según su apreciación, pudieran convertirse en los favorecidos con el galardón.

En esta ocasión la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se llena de orgullo por ser su rector, el arquitecto Manuel Fermín Villar Rubio, en quien recayó la presea; su nombre viene a sumarse al de una considerable lista de personalidades de extracción universitaria que en años anteriores han recibido la misma condecoración. Destaca entre ellos la doctora Beatriz Velázquez Castillo, ex directora de la facultad de Medicina y notable investigadora en ese ámbito, agraciada con la distinción en 2005.

Al nombre de la doctora deben sumarse en fechas recientes los de Ana María Alba Maldonado, en 2007 y Paola Longoria en 2014; hago énfasis en estos nombres por ser representantes femeninas de nuestra sociedad. Otros personajes que también la han recibido son César Cervantes Díaz de Sandi, 2013; Alejandro Fernández Montiel, 2012; J. Carmen García Vázquez, 2010; Obed Hernández Herrera, 2009; Alfonso Benavente Duque, 2008.

No es omisión involuntaria que en la anterior lista pasara por alto el año 2011 y a quien fue elegido para recibirla; selección post mortem que recayó en el ex gobernador Carlos Jonguitud Barrios. Nominación que desde mi punto de vista llenó de oprobio el carácter benemérito del reconocimiento ciudadano y se convirtió en una elección actuada como prenda de mediación política entre los diputados que integran la comisión que elige al acreedor.

Menudo golpe de desacreditación se autoinfligió al Congreso al otorgar un reconocimiento de este tipo, el más alto que el estado potosino otorga al mérito ciudadano, a quien durante su gobierno se caracterizó por cometer todo tipo de desmanes y tropelías contra la ciudadanía de nuestro estado y nuestra ciudad.

Cacique sindical del viejo régimen, hoy más vivo que nunca, que dio a su gestión un obscuro tinte de corrupción y beneficio a favor de su camarilla de incondicionales a los que protegió y solapó en todo momento. Desfalcos al erario, agravios a la ciudadanía, excesos de libertinaje e inmoralidad, los sellos distintivos de su sexenio.

Es justamente la nominación de personajes como el anterior, la que lleva a cuestionar la verdadera validez ciudadana de la presea. Es tal la ausencia de personalidades notables en nuestro entorno que hemos de soportar y aceptar que ésta sea otorgada a un politiquillo atrabiliario y absolutista.

La ausencia de potosinos de la talla de Filomeno Mata es la que nos obliga en un profundo ejercicio de conciencia histórica, elegir a un personaje de este nivel; sería mucho más plausible y encomiable volver la mirada a aquellos con los que, aunque ya muertos, se tiene una enorme deuda moral, que con aquellos cuyo nombre se utiliza como ficha de cambio para obtener absurdos beneficios partidistas.

Pocos en su sano juicio, salvo desmedido ego, afán protagónico y ausencia de dignidad, aceptarían una condecoración que desde 2011 fue prostituida al otorgarla al sátrapa de Coxcatlán.