Siguen presiones para que avalen consulta: indígenas
14 abril, 2017
Los Judas modernos
14 abril, 2017

La procesión

Ignacio Betancourt

La verdadera procesión del silencio es la de un pueblo cuando callado desfila frente a sus verdugos, quienes beatíficamente y con todo descaro incumplen compromisos firmados y sonríen frente a millones de trabajadores desempleados, jóvenes sin lugar en las escuelas, familias arruinadas, hombres y mujeres sin acceso a los servicios de salud y funcionarios ladrones y bien peinados, quienes  sólo se ocupan de hincharse los bolsillos con dinero ensangrentado y se blindan contra todo reclamo recurriendo a “leyes” y soldados y policías; finalmente, su católico sentido del servicio público solamente alcanza para balas y macanas y cárceles, que deberían ocupar ellos pero en donde sólo se hacinan miles de pobres.

Sea por Dios y venga más, especialmente en estos días llamados santos por los más pecadores. Ave María Purísima y sin pecado concebida Todo bajo la suprema ley de la impunidad (en cadena nacional y a todo color). Sin embargo, la histórica procesión nacional del silencio muy probablemente debe estar a punto de extinguirse pues no hay mal que dure cien años (ni pendejo que los aguante). Amén. Y a seguir comprando votos a los miserables que no se cansan de venderlos. Pese a todo, las multitudes han empezado a hacer oír su voz. Millones de gargantas se van cansando del silencio y de los cómplices del silencio y de los empleados del silencio. ¿Será esto católico? probablemente sí pese a que muchos dirán no (por aquello del sufrimiento que lleva al cielo). Todo esto donde algunos aún están dispuestos a entregar su credencial de elector con la ilusión de morir antes de que sus políticos benefactores les cobren la transacción al mil por uno.

A propósito de procesiones poco silenciosas, esta columna presenta un espectacular botón de muestra con dos de los candidatos a la gubernatura del Estado de México. Para que nadie diga que se habla de realidades inexistentes o mal aconsejados por el populismo, va la lista de promesas de un aspirante priísta que luego de ochenta años ahora descubre lo que sus antepasados no han hecho, es decir, durante ocho décadas los miembros del selecto club sólo tuvieron tiempo de amasar gigantescas fortunas mientras millones de ciudadanos se empobrecían cotidianamente. Y como complemento para mejor entender las actuales campañas electorales, va la lista de promesas de una panista a quien en sólo doce años de poder gubernamental sus correligionarios convirtieron en la simulación perfecta y el modelo ideal de la oposición a modo, pues en realidad sólo aspiran a comportarse exactamente igual a los priístas. Y si no, que se lo pregunten a Margarita Zavala de Calderón.

Se sugiere atenuar cualquier involuntaria duda ante la increíble lista de promesas (todas documentadas en la prensa escrita y en los televisores). Antes de nada debemos saber que la pobreza, sí, la pobreza, es uno de los botines más valiosos para las siniestras agrupaciones acostumbradas a existir a costillas de las decenas de millones de pobres que tanto se alegran de escuchar las mentiras de siempre. La burla se vuelve inaudita cuando uno se pregunta por qué lo ofrecido ahora con tanta convicción no lo realizaron antes.

Comienzo con don Alfredo del Mazo: 1) promover la tecnificación; 2) capacitación a productores del campo; 3) certeza jurídica en la tenencia de la tierra; 4) fortalecimiento de los núcleos ejidales; 5) créditos accesibles para todos; 6) impulso a cooperativas, 7) facilidades para la comercialización; 8) tractores para el campo; 9) programas sociales para familias campesinas. Etc. etc. etc.

Para no quedarse atrás, doña Josefina Vázquez Mota promete: 1) generar diez mil empleos mensualmente y bien pagados; 2) subsidios al transporte de estudiantes; 3) subsidios para personas con capacidades diferentes; 4) apoyos de cuatrocientos pesos mensuales para adultos mayores que cuiden a sus nietos; 5) reconstrucción del Estado de México en materia de desarrollo económico; 6) llevar el Estado de México al liderazgo nacional en competitividad; 7) salarios mejor pagados; 8) empleos cercanos al hogar de los trabajadores; 9) erradicación de compadrazgos e influencias al asignar obra pública; 10) prioridad a empresas mexiquenses; 11) apertura de empresas en veinticuatro horas; 12) estímulos fiscales a factorías nuevas; 13) estímulos para empresas que contraten a mayores de cincuenta años; 14) estímulos a empresas que contraten a egresados universitarios; 15) estancias infantiles con más tiempo de alojamiento; 16) vales para medicinas que no se encuentren en las clínicas públicas. Etc. etc. etc. Juro que nada de lo escrito es inventado, todo lo anterior puede ser leído o escuchado en cualquier periódico o noticiario televisivo. Por supuesto ningún candidato o candidata explicita cómo habrá de lograrse sueño tan propicio.

Si tamañas estridencias sonaran en un México con empleo suficiente y escuelas suficientes y clínicas suficientes y dinero suficiente para las necesidades más ingentes de la población, no pasarían de ser un mal chiste de políticos en decadencia; pero si tan espléndidas burlas se realizan sobre una población empobrecida y reprimida por multitud de leyes elaboradas sólo para la protección de los más corruptos, el sentido del acontecimiento cambia y se vuelve un acicate para la urgencia de cambiar este país en donde solamente un ínfimo porcentaje de mexicanos accede al sueño de la eterna ganancia ¿Cuántas elecciones podrán reiterar tan insoportable modalidad? Y ahora que están de moda las palabras religiosas, efectivamente: No sólo de pan vive el hombre, también de las promesas de los políticos en campaña se alimenta el espíritu de los menesterosos.

Aviso oportuno: esta columna no aparecerá el próximo viernes 21, así que nos leeremos hasta el viernes 28 de abril. Si aún hay país (Y Dios nos presta vida).

Del poeta norteamericano Edgar Allan Poe (1809- 1849), la primera parte de su poema La ciudad del mar:  ¡Mirad! La muerte se ha levantado un trono / en una extraña ciudad que, solitaria, / yace allá abajo en el oscuro occidente, / donde el bueno y el malo, y el peor y el mejor / han marchado a su eterno descanso. / Allí templos y palacios y torres / (torres devoradas por el tiempo, que no tiemblan) / no se asemejan a nada que no sea nuestro. / Alrededor, olvidadas de los vientos que se alzan, / resignadamente bajo el cielo / yacen las aguas melancólicas. // Ningún rayo desciende de los sagrados cielos / sobre la larga noche de esa ciudad; /  pero la luz que brota del refulgente mar / trepa por las torretas en silencio, / lejana y libre brilla en los pináculos, / en cúpulas y agujas , en estancias reales, / en templos, en murallas cual las de Babilonia, / en umbrías glorietas, hace mucho olvidadas, / con hiedras esculpidas y con flores de piedra; / en  muchos, muchos maravillosos santuarios / cuyos frisos ornados entretejen / el violín, la vid y la violeta. // Y resignadamente bajo el cielo / yacen las aguas melancólicas, / De tal modo se mezclan torrecillas y sombras / que en el aire parecen colgar todas, / mientras desde una altiva torre de la ciudad / la muerte mira cual un coloso hacia abajo. (…)