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La prolongada cuesta de enero

Carlos López Torres

Apenas iniciada la llamada cuesta de enero, los augurios oficiales apuntan hacia un periodo más prolongado de la misma, en medio de la frágil economía de la mayoría de los potosinos, quienes llevan años padeciendo estoicamente, bien portados, el abuso en el erario de los impunes gobernantes quienes recurrentemente “justifican” el aumento tributario alegando falta de dinero para cumplir con sus compromisos.

Este año que promete ser uno de empeoramiento de las condiciones económico-sociales de la inmensa mayoría de las y los mexicanos, ante la incesante devaluación de nuestra moneda frente al dólar y la caída del precio del petróleo, así con un mercado contraído y condiciones de trabajo cada vez más precarizadas y bajos salarios, la cuesta de enero se extenderá con el agravante de posibles recortes del presupuesto.

Algunos de esos efectos que tienen que ver con la tradicional dependencia de la entidad respecto al apoyo y la participación federal ya han empezado a sentirse, como la caída en la cobertura de becas a estudiantes necesitados o el incumplimiento de pago de las aportaciones de algunos sectores de la educación a las instituciones correspondientes por parte del gobierno estatal, que garanticen la no afectación patrimonial de esos trabajadores y el acceso a los servicios a los cuales tienen derecho, como es el caso de los trabajadores de la educación del Cobach que hoy se manifiestan.

Por supuesto, los aumentos a la tarifa del transporte urbano son de esos que lesionan el bolsillo de la mayoría de los usuarios de manera generalizada y permanente, a trabajadores o empleados que además tienen que dejar parte de su salario en el gasto de transporte de sus hijos, mientras las amas de casa verán una vez más mermado su poder adquisitivo, ya de por sí raquítico.

Aunque la clase política, especialmente los del partido del gobierno, tratan de mantener esperanzados a los millones de empobrecidos asalariados y a los más de 50 millones de pobres, publicitando el bajo nivel de la inflación, lo cierto es que el poder de compra ha disminuido considerablemente mientras en el mercado uno comprueba cotidianamente el aceleramiento en el aumento de precios.

No sólo eso, sino que los gastos adicionales en educación a partir de la privatización de la misma, empiezan a causar en las escuelas públicas mayor gasto al tener que asumir los padres de familia el pago de servicios como el agua y el mantenimiento general de las instituciones, la mayoría con deterioros de años o por el desgaste cotidiano de las mismas.

En fin, mientras los gobernantes viajan, se suben sus sueldos o mantienen sus privilegios, los gobernados tendremos que abrocharnos el cinturón y además soportar todo tipo de corruptelas de funcionarios de todos los niveles, sin esperanza alguna de que regresen lo que se llevaron o se apliquen los programas de austeridad. Esos son para el pueblo.