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La pupila que todo lo ve

Luis Ricardo Guerrero Romero

En la pared de mi habitación a eso de las dos y un minuto, se dibujó algo que empezó a mirarme, era sencillo suponer que la humedad ocasionada por las lluvias se filtrara y ocurrirían cosas extrañas, la humedad siempre causa rarezas, y hay cosas húmedas incluso en el espacio onírico. Pronto me levanté, encendí la luz y tallé mis ojos como si de ellos quisiera sacar algún tesoro —el hombre se frota los ojos, porque son las ventanas del alma—, fue extraño ver cómo la figura se dilataba conforme la luz iba expandiéndose más. Aquella lámpara poco útil que me recordaba la ridícula iluminación del IMSS hacía un efecto de midriasis ante el ojo del techo que seguía observándome. Elegí apagar esa luz y encender pronto la que ilumina las escaleras manchadas por el paso de la historia familiar, y fue entonces que me cercioré de que con poca luz ese ojo se contraía, efecto de miosis, ese ojo tenía una pupila viva que reaccionaba con el efecto de la luz. Tomé mi celular, rápidamente avisé a mis contactos del whats, capturé la imagen aterradora que se posaba en el techo y la envié. Sólo contestó Brahms, un reconocido oftalmólogo que sabía tanto de música como de ojos, y según él la música y la visión tienen la misma tarea en el mundo. Brahms ante la foto vista me ilustró sobre la morfología del globo ocular. Esa pupila que en mi habitación observaba era digna de estudio, era la parte del ojo más pequeña, también conocida como la niña del ojo la cual tiene su larga historia.

Podremos comenzar con recordar que, ya desde el latín la palabra pupa quería decir niña o muñeca, y la palabra pupilla, niña menor de edad. De allí la expresión pupilos como aprendices, porque son los pequeños —en rigor las pequeñas—, la palabra pupilla, pasó al español por regla de pronunciación de la /ll/ o doble /l/ que se pronuncia con una sola /l/, es decir: pupila que efectivamente se dilata (midriasis) o contrae (miosis) por reflejo de los músculos simpáticos y parasimpáticos. Pero si de recordar el empleo de este sustantivo se tratase, es más remoto recordar el sentido de la decimosexta letra del hebreo: Ayin, significado ojo con un valor de 70. A partir de estas ideas: ojo-valor 70, podemos aventurarnos a la interpretación sobre la expresión “perdonar 70 veces 7” como una suerte de: —cada que veas, perdona siempre. La letra Ayin para los cabalistas simboliza la facultad de recibir la luz ya sea física o espiritual (según Jorge Nájera, distinguido estudioso de la escritura hebrea), si hay un ojo que todo lo ve, éste tiene que ser eternamente iluminado. Aunque la complejidad de Ayin es mucho más enorme como el ojo de Dios. Sin embargo, vale para ilustrar la idea de la pupila que de frente a alguien alberga de modo pequeñito al ser visto. Cuando somos mirados por el otro, estamos en sus pupilas como ser frágil al cual se debe tratar con mucho cuidado. ¿Quién nos negará la idea egipcia y de orden mundial que dicta sobre el ojo que todo lo ve, ese ojo escudriñador, arquitectónico, la concepción de un demiurgo para quien somos sus pequeños y nos guarda en su ojo 70 veces 7 creador?

En la pared de mi habitación al despertar, sólo hallé un puñado de pestañas.