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La realidad obliga a ser menos pretenciosos

Ignacio Betancourt

Por sus frutos los conoceréis” dice el bíblico refrán, y nunca mejor criterio para definir qué clase de personas son aquellos que antes de las elecciones se desgañitaban llamando a no votar pero transcurrido el día de los votaciones desaparecieron. Quienes honestamente (aunque sin suficiente reflexión) convocaron a la abstención y hoy continúan actuando políticamente, entienden que más que nunca es urgente e indispensable la organización de los ciudadanos, con elecciones o sin ellas.

Considero que el tiempo de los sueños de las décadas del sesenta y setenta, cuando los jóvenes llamaban a “cambiar el mundo” ha caducado, jamás porque tal aspiración resulte inecesaria, simplemente porque la realidad obliga a ser menos pretenciosos; si a veces no se puede cambiar a la familia, a los vecinos de la calle en que se habita, al barrio, a la colonia, a la escuela a donde se asiste, a la oficina, a la fábrica, es necesario revisar los objetivos.

Quizá sea el tiempo de lo pequeño, de lo invisible, de la transformación de lo más cercano, y es que en cada espacio habitado por cualquier ciudadano hay algo que debe cambiar. Si no se incide en esas transformaciones, insensiblemente se impondrá la indiferencia (una de las formas más cobardes de la complicidad y la ignorancia), es entonces cuando lo más injusto e irracional se vuelve natural a la mirada enajenada por lo cotidiano. No por reiterado el abuso ha de volverse inevitable.

La manera en que buena parte de la población asume como propias las razones de los más corruptos sólo porque son quienes gobiernan, resulta una de las estrategias más deshumanizantes propiciada por los impunes; un clarísimo ejemplo de lo anterior es la brutal campaña de satanización, por todos los medios imaginables, contra los reclamos del magisterio disidente. Comenzando por el analfabeto de Emilio Chuayffet (alias Zecretarrio de Educasihon Puvlika) amenazando histérico a quienes repudien la nefasta reforma laboral y administrativa que el actual gobierno federal pretende imponer al magisterio nacional (se atreve a decir que quien no obedezca ofende al presidente Peña ¡gulp!), hasta lo más lamentable de los locutores y las locutoras de televisoras y radios nacionales o municipales, se dedican a descalificar con inocultable entusiasmo a los “perversos” que dejan sin escuela a los niños (la defensa de los niños es la coartada perfecta), pero hasta hoy no se ha escuchado a ninguno de esos vociferantes defensores de la impunidad preguntarse debido a qué reclaman los mentores agraviados; así la impugnación pareciera surgir por generación espontánea debido a que muy pocos son quienes van más allá de la imagen televisiva y se ocupan de indagar las razones del rechazo.

Cuando un gobierno confunde lo político con lo educativo y lo administrativo con lo pedagógico, las consecuencias de tal despropósito generalmente resultan catastróficas, mucho peor si deciden imponerlo “llueva o truene” pues sólo están arrojando gasolina a la hoguera. La legitimidad de lo supuestamente legal sólo se consigue en la comprobación de sus beneficios generalizados, no nada más en el provecho de los grandes empresarios interesadísimos en una “educación” que les garantice suficiente mano de obra barata, desinformada y sumisa, o en el de un gobierno dedicado únicamente a servir al interés de sus amos, nacionales e internacionales, y nunca a las necesidades más elementales de una población cada vez más agredida con la patraña del “cumplimiento de la ley”. ¿O será lo anterior, sólo lugares comunes de criticones esquemáticos?

Volviendo al inagotable tema de la disfuncionalidad de la Secretaría de Cultura y sus personeros, la reunión de la Comisón Mixta (tres representantes de la Secult y tres del Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez) programada para el pasado 16 de junio no se realizó porque Mauricio Gómez, Hector Trejo y Juan Martín Cárdenas (los representantes de la Secult) continúan nadando de a muertito y ese día de plano desaparecieron; pese a la minuta que el pasado mes de octubre se estableció, firmada por la Secretaría de Gobernación, la Secretaría de Cultura y el Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez. Entre otras cosas la minuta señala que tal instancia mixta “funcionará con la finalidad de analizar las actividades del centro y encontrar las mejores soluciones en beneficio de usuarios y comunidad en general”. Los artistas y académicos que constituidos en Asamblea Permanente coordinan el funcionamiento del Centro Cultural Mariano Jiménez desde el pasado mes de octubre, llaman a la población de la capital potosina a estar atenta a lo que pueda ocurrir en este espacio ciudadano, que debido la intervención del Colectivo de Colectivos aún se mantiene en intensa actividad, lo cual ha impedido su arbitraria y encubierta desaparición intentada unilateralmente por la Secult el pasado mes de octubre, lo que obligó al Colectivo de Colectivos a recuperar para la ciudadanía dicho centro cultural que, por cierto, está por cumplir sus 25 años de existencia.

Del poeta guatemalteco Otto René Castillo (1936-1967) su poema titulado Intelectuales apolíticos: Un día,/ los intelectuales apolíticos de mi país/ serán interrogados por el hombre sencillo de nuestro pueblo// Se les preguntará sobre lo que hicieron/ cuando la patria se apagaba lentamente/ como una hoguera dulce/ pequeña y sola.// No serán interrogados sobre sus trajes,/ ni sobre sus largas siestas después de la merienda,/ tampoco sobre sus estériles combates con la nada,/ ni sobre su ontológica manera de llegar a las monedas.// No se les interrogará sobre la mitología griega,/ ni sobre el asco que sintieron de sí,/ cuando alguien en su fondo se disponía a morir cobardemente.// nada se les preguntará sobre sus justificaciones absurdas,/ crecidas a la sombra de una mentira rotunda./ Ese día vendrán los hombres sencillos,/ los que nunca cupieron en los libros y versos/ de los intelectuales apolíticos,/ pero que llegaban todos los días/ a dejarles la leche y el pan, los huevos y las tortillas,/ los que les cosían la ropa,/ los que les maejaban los carros,/ les cuidaban los jardines y trabajaban para ellos/ y preguntarán ¿Qué hicisteis cuando los pobres/ sufrían y se quemaban en ellos,/ gravemente, la ternura y la vida?// Intelectuales apolíticos de mi dulce país,/ no podréis responder nada.// Os devorará un buitre de silencio las entrañas./ Os roerá el alma vuestra propia miseria,/ y callaréis, avergonzados de vosotros.