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La reforma educativa fallida

Carlos López Torres

H ace apenas unos días, el charro y profesor jalisciense Juan Díaz de la Torre, comisionado por Los Pinos para mantener el control del SNTE y favorecer la implementación de la mal llamada reforma educativa, rechazaba las formas sindicales de lucha “que propician el abandono de las aulas”, en clara alusión a la incansable lucha magisterial sostenida durante años por la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE). Ese esquema de protestas “no ha reportado beneficios ni a los compañeros ni a los alumnos. Se ha convertido en una lucha política”, enfatizó quien firmaba los cheques millonarios, producto de las cuotas sindicales, que eran entregados a Elba Esther Gordillo.

Quién iba a pensar que sólo unos días después de que el dirigente impuesto a la cúpula del sindicato, cuando Díaz de la Torre celebraba que todo estaba preparado para el inicio de “nuevos esquemas de evaluación”, en el marco de un nuevo escenario de exigencia de una “educación de calidad” que demanda a los docentes “un cambio de paradigma”, que defiende y apoya el líder postizo del SNTE, la reforma a los artículos 3º y 73 de la Constitución aprobada sobre las rodillas por los diputados y senadores, sufriría un terrible descalabro con el anuncio hecho por la SEP de que la evaluación programada sería “suspendida indefinidamente”.

Y es que la reforma educativa, como lo ha reconocido el secretario de Educación Vito Lucas Gómez Hernández, ha generado varias reflexiones y hasta quejas de trabajadores de la educación en la entidad : “pero los compañeros no por la evaluación, sino porque tienen cierto número de años que les permite pensar en la jubilación han estado dubitativos”, es decir dudosos, de la reforma efectivamente laboral-administrativa como lo señaló el mismo funcionario, aunque asimismo reconoce que lo más importante es precisamente lo que no existe, ni se ve por ningún lado: la revisión de los planes y programas educativos. Pese a ello, asegura el ex líder sindical: “yo creo que hemos avanzado con éxito”.

Sólo que en la SEP, es decir, en el gobierno peñista, se ha reconocido que efectivamente la tal reforma educativa tiene un enorme contenido político desde sus inicios, y por lo tanto, su tratamiento político tardío ha exhibido no sólo el contenido autoritario del peñismo, sino su incapacidad para dialogar con quienes son imprescindibles en cualquier reforma educativa: los maestros, e incluso con quienes se supone son sus principales apoyadores, quienes como Televisa/Mexicanos Primero y el propio Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, hoy le reclaman airadamente su unilateralidad y actuación arbitraria en la decisión tomada de suspender indefinidamente el proceso de evaluación para el ingreso, promoción y permanencia de docentes para la educación básica y media superior.

De por sí la inmensa mayoría de los ciudadanos dudaban que efectivamente se llevara a cabo una reforma educativa. Ahora con la suspensión indefinida de la mal llamada reforma educativa el gobierno reconoce cierta inviabilidad, de cara a la presión del magisterio democrático agrupado en la CNTE, quien ha manifestado su disposición de mantener el boicot electoral con un paro que involucra a 11 secciones de las más importantes del país.

Independientemente de la duración de la medida anunciada por la SEP, de la que nada saben en San Luis Potosí, afirman los funcionarios locales, la imposición y la simulación han sufrido un fuerte revés. ¿Será que ahora sí se imponga el diálogo nacional demandado por el magisterio democrático una y otra vez, para avanzar en la superación de la crisis de la educación atrapada en la diversificación de las contradicciones clasistas y sectoriales?