jorge lozano armengol
Gallardo Juárez “está metiendo en problemas a la ciudadanía potosina”
25 enero, 2016
reforma energética
México SA: Pemex: premios y realidades
25 enero, 2016

La renovación del pacto PRI-gobierno SNTE

Carlos López Torres

Dice el antiguo refrán: “de que la perra es brava hasta los de la casa muerde”. Aunque al final de su carrera política, la ex vitalicia Elba Esther Gordillo decidió abandonar el partido al que tanto le debía y constituir su propia federación paralela a la oficialista FSTSE, así como conformar su partido el Panal, lo cierto es que el charrismo sindical se mantuvo como primo hermano del partido del gobierno.

Eran institucionales, propalaban a los cuatro vientos los dirigentes sindicales, afirmando con ello ante sus parientes tricolores, a veces distantes, a veces en franca escaramuza, que seguían apoyando al gobierno. Eran de casa, seguían presumiendo los líderes en voz baja a quienes buscaban su apoyo y cobijo para obtener chamba, cambios de adscripción, promociones aún sin derechos y comisiones sindicales que les relevaran del pesado trabajo frente a grupo.

A cambio de ello, el sindicalismo corporativizado exigía cargos administrativos en las dependencias educativas donde durante años fueron juez y parte. Desde ahí conseguían todo: dobles plazas, promociones en carrera magisterial, permisos de todo tipo, direcciones y supervisiones, y por supuesto, cargos de representación popular, con la comisión respectiva de quienes los ocupaban, lo que les permitía seguir cobrando sus sueldos y conservar su antigüedad.

En el marco de la imposición de la mal llamada reforma educativa, con el previo encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, los dirigentes sindicales apoyaron de inmediato la reforma que intentaba regresar al gobierno la rectoría de la educación, cuando en realidad de lo que se trataba era de negociar la renovación del pacto sindical gobierno-charrismo.

Sin embargo, como dijera recientemente un dirigente de viejo cuño, con eso de que los comisionados tengan que regresar al grupo como que se les pasó la mano. Más aún, eso de que las cuotas de los afiliados sean utilizadas para cubrir los sueldos de los comisionados, que durante décadas pagara el gobierno, reducirá el reparto del botín de las cuotas.

El SNTE recoge de sus más de un millón de afiliados aproximadamente un mil 330 millones de pesos al año por concepto de cuotas, que la autoridad descuenta religiosamente de cada quincena de los sindicalizados. Como es sabido de todos, buena parte de esas cuotas iba a parar a manos de Gordillo, mediante la emisión de cheques que firmaba el charro jalisciense Juan Díaz de la Torre, actual presidente del SNTE por decisión de Peña.

La reubicación de los multicitados comisionados, que no son aviadores dicen los dirigentes, pasa por el reacomodo en las escuelas de muchos de ellos que llevaban hasta 20 años en la sección 26. Acaso por ello, muchos de ellos piden ser designados como directores antes que atender un grupo.

Aunque Ricardo García Melo habla de la reincorporación de varias decenas de ellos, no menciona para nada qué va a suceder con los ex secretarios generales de la sección, comisionados casi vitalicios un vez que “cumplieron su encargo” en el sindicato, algo así como una reproducción cínica y burda de esa caricaturesca pensión vitalicia que reciben los ex presidentes de la república.

Tampoco nos aclara García Melo qué va a pasar con los comisionados en el Panal y otros partidos políticos. ¿Será que el profe Martín Juárez también dejará de percibir el salario de la SEP?, aunque, obvio, seguiremos pagando su sueldo con las prerrogativas que recibe el partido que dirige.