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Ignacio Betancourt

Efectivamente, el Peje se ganó el tigre de la rifa, pero lo verdaderamente complejo es que quien de verdad se ganó al tigre de la rifa fue la población, pues son los ciudadanos quienes deberán actuar para la verdadera conquista del presente (y en una de esas hasta del futuro), todo depende de la general capacidad organizativa. Por lo pronto, la dignificación de una enorme cantidad de personas de todas la edades y condiciones sociales (dada su elocuente participación electoral), significa el triunfo de los sin nombre, la posibilidad de muchos para actuar desde la condición de explotado o simplemente oprimido, se superó una fatalidad que muchos suponían eterna de alguna manera. El renacimiento social de millones de hombres y mujeres que no se habían descubierto como protagonistas en las maneras de ser de su país, no es poca cosa, pese a que en esta misma patria, muchas mujeres que desean dedicarse a otras cosas además de educar hijos y atender maridos, aguardan cada semana desde hace siglos. Los seres humanos son más de lo que imaginan o pueden ser.

Pese a que nunca deberá esperarse todo del poder, dado que el único verdadero poder es el de las mayorías (puede sonar gastada la frase pero hoy es una disonancia verosímil). El problema es cuando las mayorías eligen mal, aunque sólo pueda saberse a posteriori. En pocas palabras, solamente lo que los ciudadanos sean capaces de organizar será lo único que trascenderá los sexenios. No es rollo, es algo colectivo que seguramente surge de mucho tiempo de aguardar la posibilidad de una organización ciudadana. Ningún gobierno paternalista significará un cambio nacional, pero eso lo deciden los mexicanos en su cotidianeidad. Como decía Bertolt Brecht: Sólo el pueblo salva al pueblo. Ya la ciudadanía tiene un presidente de “izquierda” ¿qué van a hacer esos mexicanos y esas mexicanas con esta novedosa realidad? ¿la utilizarán para fortalecer sus propias organizaciones? ¿se instalarán en el pensamiento mágico de que una persona todo lo puede? ¿Se atreverán a luchar pos sus sueños los insomnes?

La dignificación del ciudadano no es cosas menor, el que la ciudadanía descubra que su participación produce cambios es una novedad que propicia y empuja hacia situaciones impredecibles. Cuando el anónimo se da cuenta de que existe no sólo como víctima sino también como protagonista de la historia de su país, estamos hablando de un cambio cualitativo. No es algo superficial, se trata de modificaciones estructurales en el contexto de los integrantes de una colectividad, es algo que modifica el alma del ciudadano y eso vuelve posibles las fantasías más inimaginables: lo imposible existe aunque lo olvidemos.

Los pasados gobiernos (federales, estatales y municipales) tienen múltiples deudas con la ciudadanía, hoy puede ser el tiempo de saldarlas ¿lo sabrán gobernantes y gobernados? Ganó la presidencia un personaje incómodo para el poder tradicional en México, habrá que estar muy atentos. ¿Hasta donde podrá llegar la capacidad de negociación sin que demerite los intereses mayoritarios? Ahora más que nunca la responsabilidad es de muchos ¿seremos capaces de provocar a los indiferentes? ¿Por qué nos olvidamos del futuro tan fácilmente? ¿Qué ocurrirá con millones de jóvenes y niños? Este día la historia del país puede volvernos a casi todos villanos o héroes. Mejor intentar lo imposible (que es a lo único a lo que se puede aspirar). La realidad nos empuja a inventarlo casi todo.