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La retardación potosina

Carlos López Torres

A trapados entre el conservadurismo manipulador y la distracción ferial, millares de potosinos se manifiestan mediante una “caminata por el matrimonio natural y la familia”, unos, en tanto otros, buscan desahogar momentáneamente la penuria que les embarga, con la asistencia a la comercializada Fenapo, cada vez menos representativa del “progreso” de San Luis Potosí.

Apoyados por el recién bautizado “gallo”, es decir, el vocero en turno de la Arquidiócesis de San Luis, quien al decir de su patrocinador durará en el cargo –donde de tarde en tarde “se le va el pico”–, hasta que el “don de Dios me ilumine”, algunos millares de ciudadanos católicos marcharon desde el tradicional jardín de Tequis hasta la plaza de Armas, previa convocatoria del que le cantó a San Pedro, según cantan en las populares loterías feriales pueblerinas.

Por supuesto, el picudo vocero eclesiástico contaba y cuenta con todo el apoyo de quienes a diferencia del Papa, hacen todo lo contrario a la postulación hecha por Francisco de que “la Iglesia es casa de todos”, aunque según los conservadores de esta sufrida entidad no se trata de una actitud homofóbica, sino de respeto al matrimonio hombre-mujer.

Los del membrete Consejo Coordinador Ciudadano (CCC), quienes se dijeron organizadores de la manifestación que agrupaba mayoritariamente a 270 grupos juveniles de apostolado y discipulado de la Arquidiócesis potosina, quien al decir de un medio local sumaban 7 mil personas, más los centenares de grupos de oración “que se sumaron”, en ningún momento mencionaron y rezaron por los centenares de miles de potosinos que forman parte de la “Iglesia casa de todos”, que sufren a causa del injusto sistema denunciado una y otra vez por el papa Francisco, quienes a lo largo y ancho de la entidad padecen hambre, miseria, desempleo, violencia, carencia de servicios elementales y discriminación, aunque según el gobierno para “todas y todos” vamos muy bien.

No es casual que a escaso tiempo del cambio de poderes –Ejecutivo, Legislativo y municipal–, los sectores conservadores de la entidad, especialmente los enclavados en la zona conurbada, salgan a enseñar músculo bajo el lema: “yo nací de hombre y mujer”, con la consigna agregada: “no robemos la identidad de la siguiente generación”.

O sea, la Iglesia no es casa de todos, aunque sí lo seguirá siendo de Eduardo Córdova Bautista, a quien tanto defiende el vocero Jesús Priego Rivera, comparado por el arzobispo con una ave gallinácea de pico corto, que a propósito del respeto a la ley que condenó al desaparecido misteriosamente Eduardo Córdoba, y del mismo código eclesiástico que lo depuso como sacerdote, mantiene diferencias con las víctimas del pederasta en relación a tiempo y forma de la denuncia penal interpuesta por los valientes ofendidos.

Tampoco es casa de todos esa la Iglesia que, con su silencio cómplice no sólo pretende acallar las protestas de los feligreses agraviados, sino busca negociar sus propios intereses y los de aquellos sectores tradicionalmente favorecidos que incumplen con la ley y las propias disposiciones de la Iglesia, sobre todo las más comprometidas con los pobres que vienen del papa Francisco.