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  • Cargo a Santiago Nieto
  • Odebrecht, Lozoya, EPN
  • Sexto reino del espot

Julio Hernández López

El cargo que ocupará el abogado Santiago Nieto Castillo en el próximo gobierno federal es más importante de lo que parece. Como titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), tendrá asomo irrestricto a cuanto asunto político, electoral y fiscal le parezca relevante en términos hacendarios. Y podrá habilitar a sus jefes, el secretario Carlos Urzúa, y el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de material firme, en términos jurídicos y técnicos, para actuar contra la corrupción y la impunidad.

Conforme a la Presentación de la UIF, en la página oficial de la SHCP, dicha Unidad tiene el propósito de “coadyuvar en la prevención y combate a los delitos de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita -comúnmente conocido como Lavado de Dinero- y de Terrorismo y su financiamiento”. Dicha UIF fue creada conforme a un decreto de Vicente Fox Quesada, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 7 de mayo de 2004.

Un indicio claro de la condición clave de ese cargo lo da el hecho de que su titular haya sido Alberto Bazbaz Sacal, un hombre de extrema confianza para Peña Nieto, al grado que el dicho Bazbaz fue el procurador de justicia en el Estado de México que manejó el tema de la desaparición de la niña Paulette Gevara, cuyo cadáver fue “encontrado” en el resquicio del colchón de su propia cama, en un desenlace absolutamente inverosímil. A pesar de ese demérito gravísimo, Peña Nieto lo nombró titular de la UIF en enero de 2013 y, desde ahí, Bazbaz utilizó la información fiscal “relevante” para propósitos políticos de su jefe. Desde enero de este año, es el director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

Nieto Castillo llegó a la Fiscalía Especializada para la Atención de Asuntos Electorales en febrero de 2015 , gracias a la promoción que a su favor hizo la bancada senatorial del Partido de la Revolución Democrática, encabezada por el poblano Miguel Barbosa. Su punto de quiebre en esa fiscalía, adscrita a la Procuraduría General de la República, se produjo cuando pretendió avanzar, con apego a sus funciones y a la letra de la ley, en el caso Odebrecht y sus vertientes en México, específicamente la responsabilidad del hasta ahora intocable Emilio Lozoya Austin y los alcances de esos actos de corrupción hasta la campaña electoral de Peña Nieto en 2012, más las infracciones graves que habría cometido el Partido Revolucionario Institucional.

De un golpe, sin consideraciones, Nieto Castillo fue botado de la mencionada fiscalía, mediante trastadas a cargo de Alberto Elías Beltrán, quien había llegado al despacho principal de la PGR luego que Raúl Cervantes Andrade había renunciado al cargo, habiendo dejado este, según dijo, todo listo para que el expediente del caso Odebrecht-Lozoya-México fuera consignado ante la autoridad judicial (lo que no ha sucedido, hasta ahora).

Nieto Castillo denunció los abusos cometidos para destituirlo y anunció que buscaría que el Senado (la fuente de su designación) lo restituyera en la fiscalía. El aparato peñista pasó entonces a una fase de agresividad explícitamente mafiosa: primero, ofertas de dinero o mejores cargos a futuro; luego, la divulgación de material de su vida personal que impactaron a su familia y lo obligaron a anunciar que no buscaría más el regreso a la oficina caliente.

Ahora, el exfiscal podrá seguir investigando ese caso y muchos más, desde la óptica de la mencionada Unidad de Inteligencia Financiera (¿Nieto contra -Peña- Nieto?). “Sin filias ni fobias”, dice la descripción de sí mismo en Twitter (@SNietoCastillo). La información que pasará por sus manos no debe servir, como ha sucedido hasta ahora, para apretar o aflojar, para consignar o amagar, conforme a los intereses y arreglos del poderoso en turno. Es de desearse que el abogado Nieto Castillo ejerza con pulcritud y decoro su nuevo puesto, que mucho puede ayudar a una auténtica pelea institucional contra la corrupción y la impunidad.

En tanto, Peña Nieto se regalaba su último paseo regocijado por el reino del espot, en un acto sin formalidad protocolaria en el que se vio flanqueado por los morenos presidentes de las cámaras, Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres, en un episodio más de la Transición de Terciopelo (de Cierto Pelo, han tuiteado algunos).

La predominancia del espot fue tal que el propio Peña Nieto bajaba del estrado para acomodarse como público espectador de sus propios elogios videograbados, terminados lo cuales reasumía su lugar frente al par de aparatos de teleprompter, para continuar con el recitado de los presuntos logros sexenales que si tan grandes y ciertos hubieran sido no le habrían merecido la aplastante reprobación ciudadana en urnas a él, su partido y su presunto candidato “externo”.

El piadoso autorregalo que se hizo el político mexiquense, al que quedan menos de tres meses en un poder que en la práctica ya ha cedido, contó con el correspondiente apoyo en aplausos por parte de un público selecto que hubo de aguantar la amplia descripción de una Peñalandia en penoso retiro. Lágrimas vertieron la esposa casablanquista, Angélica Rivera y las hijas e hijo. Largo saludo final, entre asientos de primera fila: palmadas, abrazos, frases de circunstancia, en un Palacio Nacional que en diciembre ya estará habitado por otros personajes pero, sobre todo, por otros aires, por otros proyectos.

Justamente por pertenecer a otros aires, a otros tiempos, causó polémica la participación de los morenistas Batres y Muñoz Ledo. Diferentes mediciones se dieron a ese acto que a unos pareció cortesía política y, a otros, una condescendencia excesiva con el jefe sexenal de lo que en su momento se denominó con insistencia como “la mafia del poder” (terminología, esta, en diplomático desuso provisional).

En los hechos, fue la virtual despedida política del mexiquense que aspira a una salida también de terciopelo, sin sobresaltos, con entendimientos. En las semanas que le quedan en Los Pinos, buscará echar cuanto basura de corrupción e impunidad le sea posible bajo la alfombra tejida con los hilos del perdón y el olvido.-

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.