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La Soledad de los Ranchos

Guillermo Luévano Bustamante

N o creo que en el nombre lleve su penitencia. Es más que eso el poblado potosino dedicado a la Virgen de la Soledad, que como advocación mariana de la Señora de los Dolores, en la fe de la iglesia católica apostólica romana, representa el duelo, el luto, el sentimiento de abandono sufrido por la madre tras la muerte de su hijo, el mesías de los devotos de ese culto, Jesús, en la cruz.

Más allá de misticismos, la población de la vieja Villa de Soledad de los Ranchos ha padecido por gobiernos antipopulares que la saquean y la vilipendian sin pudor, como si se tratara de un guion de Vicente Leñero o de Jorge Ibargüengoitia.

El paraje, después villa y finalmente ciudad, sería luego apellidada como el militar porfirista Carlos Diez Gutiérrez, quien mandó rebautizarla por decreto para su onanismo político como demostración expresa de que los gobernantes de cierto cuño autoritario consideran que los pueblos son suyos, con la gente y con la tierra que la contiene. Soledad llevaría finalmente por apelativo oficial el de Graciano Sánchez, en reconocimiento a ese profesor y líder agrarista de la Revolución mexicana.

No hace mucho que compite por el desarrollo económico con la capital del estado de San Luis Potosí. Es muy reciente también la rivalidad chusca entre los habitantes de ambas ciudades vecinas. Sin embargo, aunque en ambas municipalidades hemos padecido gobiernos desastrosos y corruptos, en los últimos años Soledad ha tenido que cargar con las pifias de algunos de sus presidentes municipales.

Sólo en los últimos diez años tres de sus alcaldes (Roberto Cervantes, Juan Manuel Velázquez y Ricardo Gallardo Cardona) han sido acusados o imputados por diversos cargos como desvío de recursos, enriquecimiento ilícito, responsabilidad administrativa, aunque sus procesos han tenido diferentes resultados, evidencian poco compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas en los funcionarios municipales de esa demarcación territorial, sin distinguir mucho el logotipo partidista que los avaló (en dos casos el PRD en uno el PAN).

La más reciente imputación de ese tipo que recayó sobre el alcalde con licencia Ricardo Gallardo Cardona evidencia también un sesgo partidista electoral que tristemente es frecuente y compatible con el uso político que hace el titular del Poder Ejecutivo de su Procuraduría de Justicia, en este caso del orden federal. Sin tener mayores elementos para afirmar la inocencia o culpabilidad de Gallardo por haber comenzado apenas su tramitación jurídico-penal, es posible identificar sí una estrategia selectiva en la persecución de los delitos por parte de la Procuraduría General de la República que ha sido omisa en indagar y dar seguimiento a acusaciones semejantes en gobernantes del mismo signo partidista que el del Presidente de la República, el PRI.

Por no ir muy lejos, como ejemplo tenemos el caso de Victoria Labastida, ex alcaldesa de San Luis Potosí, sobre quien recayeron diversas observaciones de la Auditoría Superior del Estado, órgano ya de por sí supeditado al Congreso del Estado, hasta por 234 millones de pesos, sin repercusiones del orden penal contra ella. Al contrario de con Gallardo cuyas cuentas públicas validó la Auditoría del Estado y más bien ha sido la Procuraduría General de la República que le inició indagaciones ministeriales y apenas ayer le dictara auto de formal prisión un juez federal.

Soledad de Graciano Sánchez, su población, merece por supuesto mejores destinos que ser simplemente reservorio de intereses particularísimos de sus alcaldías. Merece también ser más que la simulación de las autoridades estatales y federales de que se combate la delincuencia cometida desde el funcionariado público.

Esa población, contrario a su gentilicio, no está sola.

Twitter: @GuillerLuevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.