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La tragedia del Congreso del Estado

Carlos López Torres

L a actual Legislatura local no sólo se ha caracterizado por mantener un gran rezago, sino por tener algunos de los diputados menos participativos, además de apáticos, aunque su presencia mediática es permanente.

Sin embargo, la característica principal del Poder Legislativo tiene que ver más con el incumplimiento de la responsabilidad establecida en la Constitución Política local y por ende con el sometimiento tradicional al Poder Ejecutivo, cuyos caprichos y discrecionalidad van en aumento sin contrapeso alguno.

No deja de ser ilustrativo el desdén del gobernador Fernando Toranzo hacia los legisladores, incluyendo los de su partido, aunque algunos de ellos se conformaron con asistir en calidad de comparsas al informe que el titular del Ejecutivo rindiera ante la Fundación Colosio, después de que la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado desechara la iniciativa sobre un punto de acuerdo presentada por el diputado Eugenio Govea Arcos, donde se solicitaba la comparecencia del gobernador.

Aunque las cosas, como todo mundo sabe, no marchan bien en la administración torancista, algunos de los levantadedos tradicionales se han dado por bien servidos con las comparecencias de los funcionarios de algunas dependencias estatales, asegurando que los burócratas de primer nivel lograron despejar todas las dudas sobre el manejo presupuestario puesto a la decisión discrecional de su jefe.

La baja estima en que tiene Toranzo Fernández al Congreso local lo ha llevado a reconocer en la reunión de cuates que le organizaron los colositos para que informe sobre su gestión, que una de las mayores tragedias de nuestra entidad es el fracaso en la educación, aunque en su comparecencia el secretario del sector educativo Juan Manuel Carreras maquilló la realidad que ahora su jefe devela sin desparpajo alguno.

Sin asombro alguno, los colosistas de la fundación se enteraron que uno de cada dos potosinas y potosinos no tiene concluida la educación básica (primaria y secundaria, respectivamente). Que sólo 27 de cada cien jóvenes en el área metropolitana tiene oportunidad de llegar a la educación superior y que fuera de esa zona sólo seis jóvenes de cada 100 logran llegar a ese nivel.

Independientemente de la discutible calidad profesional de los pocos egresados de las instituciones de educación superior en la entidad, hay que reconocerle al gobernador que por lo menos sostenga la idea de que el nivel educativo tiene que ver con el progreso y desarrollo de la entidad; por lo que uno no deja de preguntarse ¿cuál es el stock real de profesionistas entre ingeniero, técnicos e investigadores que estamos en condiciones de ofrecer a los inversionistas extranjeros?.

Lo cierto es que parte de la tragedia educativa de la entidad se ve reflejada en las constantes declaraciones de los ejecutivos foráneos, quienes han señalado que nuestra entidad ni tiene los profesionistas suficientes con el nivel deseado para sus empresas. ¿Será que el Congreso del Estado seguirá aprobando el presupuesto exigido por el Ejecutivo, a sabiendas que la rendición real de cuentas la recibirán los paleros de la Fundación Colosio y no los que en la Legislatura hacen como que legislan?

JSL
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