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La única “ideología” es robar más

Ignacio Betancourt

En un país donde las estafas gubernamentales o empresariales, o de cualquier grupo de vivales que deciden medrar con las colectividades ciudadanas se vuelven lo cotidiano algo muy grave está ocurriendo en las entrañas de esa patria. La podredumbre política resulta inevitable y no es algo metafísico, es simplemente el predominio de hombres y mujeres insensibles a todo clamor ciudadano, cegados por la ambición de robar más que el contrincante burócrata; independientemente de cualquier diferencia ideológica la única “ideología” es robar más.

Lo ideológico es una categoría que el pragmatismo político mexicano ha abolido. Lo único que cuenta es la mejor manera de esquilmar a la realidad ciudadana, y si entre el voluntarismo de sus descabelladas aspiraciones arrasan con millones de seres humanos no tiene ninguna importancia, lo único que importa es saquear, independientemente de a quién o de qué manera, lo fundamental es medrar y llenar los propios bolsillos con todo el dinero que se pueda sustraer, el robo es la naturaleza de una existencia institucionalizada que no concibe la honestidad porque la considera una torpeza. Con políticos de tal configuración qué puede esperar el ciudadano.

Para ilustrar el gubernamental comportamiento cito lo ocurrido hace algunos días en el estado de Nayarit, con los planteles de la sierra del estado incluidos en el programa federal “Escuelas al Cien” que incluyen “comedores para alumnos”, con la peculiaridad de que para cocinar los alimentos de los estudiantes elegidos no se tomó en cuenta la imposibilidad de acceder a tanques de gas indispensables para que puedan cocinarse los alimentos de los favorecidos, todo lo anterior enunciado por la mismísima Secretaría de Desarrollo Social del Estado.

Resulta que al revisar el programa de “Escuelas al Cien” ubicadas en zonas de difícil acceso y alta marginación se dan cuenta “que es prácticamente imposible conseguir y trasladar el gas” para las estufas que el gobierno adquirió (¿negocio para quién?). Qué mayor burla  podría imaginarse. Las tropelías de funcionarios como las realizadas por el sargento Nuño, por más fraudulentas que sean no existen para el sistema gubernamental, ni por más que devasten la cotidianeidad son reconocidas como algo que debe impedirse. La existencia se vuelve demagogia y quienes no lo crean se chingan. Cuando la realidad se equivoca hay poco que hacer en busca de una certeza.

El espectacular triunfo que se supone significan las llamadas “Escuelas al Cien”, fue como todo lo que implementó Nuño (ahora coordinador de la campaña priísta de Meade): un acto fallido en nombre de la multicitada reforma educativa. La absurda planeación de las obras que sólo son declaraciones optimistas de los funcionarios colisiona con la realidad y muestra de manera descarnada la disfuncionalidad de las políticas públicas. Los afectados declaran: “Construyeron comedores y pusieron estufas de gas donde no lo hay; hicieron planeación de escritorio. Los habitantes de las comunidades que hemos visitado nos pidieron que se castigue a la gente. No está bien lo que hicieron.”

Si las ayudas fraudulentas predominan, las acciones gubernamentales del más diverso tipo cada vez más resultan inverosímiles para la ciudadanía. Todo lo que el gobierno federal, estatal o municipal ofrezca es algo irrealizable por más empeños que se involucren en tal fin. El desafío es la credibilidad para lo increíble, y eso nadie puede creérselo.