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La verdadera deuda

Luis Ricardo Guerrero Romero

P ocas personas viven ajenas a los costos de esta palabra que hoy nos ocupa: deuda. Pareciera que es parte de los síntomas que refleja nuestra mexicanidad, y si es verdad que el cuerpo es síntoma del espíritu, –como gusta decir J. Cruz Prado. La deuda es signo de que vivimos para saldarla, las típicas ideas de: las deudas se pagan y lo prometido es deuda se suman a las distintas clases de deudas que hay, tanto de valor económico, morales como sentimentales. De esta última citamos un fragmento reprobable de la canción: Tú de que vas: “si te he dado todo lo que tengo hasta quedar en deuda conmigo mismo”. La anterior idea es sumamente inaceptable, pues nadie que se diga amar puede endeudarse a sí mismo, eso sería un principio de no saberse valorar, ni amarse para poder amar. Así que, no lo hagamos, porque según Eros, o bien Cupido, estos casos suceden con estremecida cotidianidad.

La deuda económica está allí como una sombra, su oscura compañía impide la totalidad de la luz en nuestros pasos solventes en cuestión de dinero, y todavía conscientes de lo que nos implicaría endeudarnos, no hay más remedio que traer esa sombra por siempre jamás. Cosa contraria le sucedió a Peter Pan, el cual como sabemos perdió su sombra, proveniente del país de Nunca jamás, y Peter buscaba esa sombra y al reencontrarla la cosió a sus pies, entendemos que este personaje tenía una deber, encontrar lo que era suyo, la sombra. Válganos la derivación de que la palabra deuda provenga de deber, de allí que lo prometido es deber (deuda). Aunque es cierto que existe el deber sustantivo y el deber verbo, donde el primero es deuda, y el segundo obligación. Caso parecido al must y should del idioma inglés.

Deuda es una palabra que podemos rastrearla a partir de la voz latina: debitum: debido, y su participio pasivo es debere: tener que pagar. Pero ¿tener que pagar a quién? Antes de saber a quién se le paga, debemos saber que esta palabra está conformada por un prefijo de, separación, alejamiento, como la palabra declamar (de-clamar, alejar el clamor). Y esta palara debitum describe el deseo de alejarse de reyes opresores, los biturigos (del celta biturix). Pueblo celta de la antigüedad, y biturix significa: reyes del mundo, de ellos estaban endeudados a principios de siglo los romanos. La deuda es el debitum (de-biturix). Casualmente, hasta nuestros días la naturaleza de los contables: débito y crédito, la manejan los reyes del mundo capital, y es curioso saber que aunque no seamos personas acreedoras (que merezcan un crédito), de todos modos le adeudamos nuestro propio dinero al banco que nos presta el plástico de una tarjeta de débito.

Otra derivación de esta palabra que ya nos sale debiendo tanta historia, el sustantivo: deudo, que con frecuencia se asocia al contexto fúnebre, no obstante siendo un sinónimo de pariente –muerto o no. No es exclusivo ligar la palabra deudo al evento luctuoso, pues, qué tendría que ver que muera alguien y le adeudemos. Deudo, refiere a quien comparte mi consanguinidad, mis deberes familiares.

La moraleja es sencilla, la deuda suele ser un vicio, un juego, pero ya lo dijo Raúl en El tahúr de Vicente Fernández: “las deudas de juego son siempre deudas de honor.” Sin embargo, al hablar de jugadores prefiero El tahúr (el jugador) de Fiódor Dostoyevski.