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La víctima nunca será la culpable

Alejandra Juárez Rodríguez, Natty Fannie, Colectiva La Castilla Combativa

En mayo miles de mujeres hicimos viral el #SiMeMatan, una etiqueta contra la revictimización después de un feminicidio en Ciudad Universitaria y de unos tuits de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México en los que se señalaba que la víctima había estado bebiendo y consumiendo drogas horas antes de su asesinato. En esa ocasión, las mujeres usamos las redes sociales virtuales para decir qué dirían de cada una de nosotras si nos mataran y, como se dijo en las redes, detrás de cada #SiMeMatan hay una mujer con el temor de ser asesinada. “No fue la hora, no fue la falda, no fue el lugar”, dice la consigna feminista que gritamos todas las que tenemos miedo de que nos toquen, nos violen o nos maten. Sin embargo, el miedo puede hacerse más fuerte cuando no nos quedamos calladas y denunciamos al agresor por la vía institucional o por nuestros propios medios; por desgracia, la respuesta en ambas vías ha sido la de cuestionar qué hicimos para merecer la agresión. “Si no querías, te hubieras ido”, “no debiste haber aceptado”, “tú te lo buscaste”, son frases comunes que se les dicen a las víctimas que se atrevieron a hablar y/o a denunciar.

Hace una semana circuló en las redes sociales virtuales un video en el que Karen, una sobrecargo de la empresa Interjet, compartía su experiencia de hostigamiento sexual.  El video nos muestra su desesperación por credibilidad y seguridad, Karen señaló cómo en su trabajo fue hostigada sexualmente y cómo el capitán de vuelo Daniel Vázquez intentó entrar a su cuarto mientras ella dormía.

El miedo nos puede paralizar en el momento de la agresión, pero puede regresar más fuerte cuando confiamos en alguien y obtenemos rechazo; como Karen, que confió en su compañera, lo habló y obtuvo por respuesta: “Pero no te violó”; o cuando confió en su empresa y lo volvió contar todo pero le respondieron: “Estamos dudando de tu estado mental”. Entonces, el primer miedo que la hizo hablar regresa por un temor ante posibles represalias, como perder su trabajo o ser difamada. A así ocurre a la mayoría de las víctimas.

Después de seguir la ruta de acción que propuso la empresa para resolver la situación de Karen, ella tomó las redes sociales virtuales como medio para difundir su caso y la respuesta de gran parte de la sociedad fue culparla por lo que le sucedió y por no haber hablado antes, sin considerar las razones que ella tenía.

La revictimización es a toda luz una violación a los derechos humanos, ya que se les niega el trato digno a las personas que han sufrido directa o indirectamente una experiencia dolorosa.  En el caso de las agresiones sexuales la batalla de las víctimas ha sido doblemente tortuosa, ya que deben convivir con una sociedad y con un sistema de procuración e impartición de justicia penal que lanzan comentarios sugiriendo y, en su mayoría, afirmando que la víctima provocó la agresión a sí misma. En este proceso, se hace a un lado a la víctima, la cual, por toda la carga sicológica violenta podría caer en depresión e incluso recurrir el suicidio al no ver ninguna salida y al sentirse culpable de las agresiones sufridas.

No hay que vivir el miedo para entenderlo, evitemos lanzar comentarios que  responsabilicen a la propia víctima, mejor hagamos por tener más empatía y ser más sensibles, tejamos redes de apoyo para exigir justicia y trato digno en todos nuestros espacios. Hermana no estás sola, yo sí te creo.

Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva feminista de mujeres, fundada en 2013. Apostamos por la construcción de un nuevo mundo sin opresión de ningún tipo y al trabajo y unión entre mujeres para lograrlo